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Queridos colchoneros, quiero creer
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Ennio Sotanaz

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Queridos colchoneros, quiero creer

El Atlético de Madrid ha regresado a los entrenamientos con bajas y nuevos rostros. Elijo ser optimista, porque la vida así es más divertida. Quiero creer en que hay esperanza

Foto: Matteo Ruggeri, nuevo jugador del Atleti. (EFE)
Matteo Ruggeri, nuevo jugador del Atleti. (EFE)

Coincidiendo con la vuelta a los entrenamientos de la mayoría de los equipos de fútbol de nuestro país, me he dado cuenta de que esto de las temporadas tiene un espíritu muy parecido al de aquellos juegos de marcianitos que poblaban bares y recreativos durante las últimas décadas del pasado siglo. Allí tampoco había pausa, ni botón de guardar partida, ni redención, en caso de que te equivocases. Te mataban, se acababa el juego, y solo quedaba la opción de meter otra moneda o regresar a casa. Ocurre algo muy parecido siendo seguidor de algún equipo. Termina la última jornada, se reparten los premios, también las cicatrices, y en apenas unas semanas el marcador vuelve a cero. Da igual si llegaste al final o te quedaste en la primera pantalla. El verano lo borra todo y nos sitúa de nuevo en el nivel uno, con la música de inicio, la ilusión renovada y la misma pregunta de siempre: ¿Quieres volver a jugar?

El Atlético de Madrid comenzó ayer su andadura para el curso 2025/26. Lo hizo con cuatro caras nuevas (Baena, Ruggeri, Cardoso y Almada) y cinco bajas respecto al año pasado (Witsel, Azpilicueta, Reinildo, Riquelme y Correa). También lo hizo con la sospecha de que habrá más movimientos en ambos sentidos y la sensación generalizada de que, por una vez, se está siguiendo un plan. Uno, que encima parece sensato. Seguramente queda mucho verano por delante, permítanme rendirme a la elocuencia del cliché, pero los movimientos estivales del club, tanto los que ya hemos visto, como los que somos capaces de intuir, responden a la lógica del sentido común y no a otras “lógicas” mucho más difíciles de interpretar desde el punto de vista de un simple aficionado.

Foto: conversacion-seria-atletico-de-madrid-decadencia-barbarie

El drama en el caso del Atleti es que, igual que ocurría con cada partida del comecocos, han tenido que comenzar muy cerca del cero absoluto. Por eso, aunque se haya hecho mucho, seguramente queda todavía mucho por hacer. La mayoría de los equipos profesionales planifican a largo plazo, con un objetivo marcado en el horizonte, pero tratando de conservar o aumentar las prestaciones mientras dura ese camino. No parece haber sido el caso del cuadro colchonero en los últimos años. Basta echar un vistazo a la plantilla que terminó la temporada pasada, su edad media, o el dinero que se ofrece por cualquiera de sus jugadores, para darse cuenta del proceso de deterioro que ha sufrido el valor del plantel rojiblanco desde que levantó sus últimos títulos. Correa se va México. Reinildo al Sunderland. Riquelme al Betis. De Paul coquetea con el todopoderoso Inter de Miami. Echen un vistazo a los equipos interesados en los jugadores titulares del equipo y verán que el resultado es desolador.

Pero no tiene mucho sentido empezar una nueva partida sumidos el pesimismo más recalcitrante. ¿Por qué? Es bastante más divertido ser optimista, cuando además hay razones para ello. Independientemente de que muchas de las cosas que rodean al Atleti sigan teniendo la misma transparencia que un Expediente X, creo que hay elementos objetivos para creer que algo está cambiando.

placeholder Grizzie, durante el Mundial. (EFE/EPA/ Caroline Brehman)
Grizzie, durante el Mundial. (EFE/EPA/ Caroline Brehman)

Si analizamos el apartado de salidas, hay pocos peros que se puedan hacer. Acabaron su contrato sin renovar Witsel y Azpilicueta, dos excelentes profesionales que aterrizaron en el Atleti cuando su nivel estaba ya muy por debajo de lo que necesitaba el equipo. Tampoco renovó Reinildo, gran tipo, que hacía tiempo que había perdido su lugar incluso en una plantilla debilitada. Algo parecido le ha ocurrido a Riquelme, incapaz de progresar en este equipo, pero con la sensación de que podría hacerlo en escenarios menos exigentes o que no requieran tanta inmediatez. Correa es un caso distinto. El autor de ese “puntín” que valió una liga, o el del último gol en el Vicente Calderón, se había ganado el derecho a intentar brillar en otro lugar, antes de que el ocaso hiciera acto de presencia. El argentino ha elegido México y, por extraño que nos parezca, toca aceptarlo. Intuyo que se le echara de menos.

Las renovaciones, todas ellas antes del infausto Mundial de Clubes, tienen claros y oscuros, pero se entienden mejor con el paso del tiempo. Lo de Koke es de justicia. Si el Atleti no era capaz de renovar a la baja a su capitán, canterano, colchonero declarado y futbolista comprometido dentro y fuera del césped, significaría que el Atleti es un equipo normal y corriente. Y no tiene sentido que el Atleti sea un equipo normal y corriente. La renovación de Griezmann, debatible, parece que tiene mucho más que ver con la ingeniería financiera que con otra cosa. La de Lenglet, más difícil de entender, está seguramente condicionada por los precios estratosféricos que maneja el actual mercado de centrales zurdos. La de Barrios, además de una apuesta de futuro, es incuestionable.

¿Y los nuevos? Pues así, en general y sin querer jugar a ser profeta, hay tres cosas que, además de novedosas, resultan muy interesantes. La primera, la juventud. El mayor de los cuatro tiene 24 años. Es decir, no sólo bajan considerablemente la media de una plantilla envejecida (uno de los talones de Aquiles del equipo), sino que, a pesar de la edad, los cuatro están ya jugando en la élite y tienen mucho espacio de mejora. Después está el coste económico. A diferencia del año pasado, los números que se han filtrado sí que dan la sensación de encontrarse cerca del valor adquirido. Por último, el trabajo de planificación. Mientras el pasado verano parecía que los fichajes se hacían leyendo los titulares de la prensa deportiva española, este año, salvo Baena, los nombres no son tan obvios. Esto puede ser bueno o malo, sí, pero uno prefiere creer que se han elegido después de un sesudo trabajo de dirección deportiva y no por improvisación, o por la recomendación interesada de un avispado representante de futbolistas. Encima, están ahí desde el primer día, lo que es otra novedad.

Foto: rodrigo-de-paul-inter-miami-atletico-madrid

Es evidente que se sigue trabajando y que hay más operaciones en marcha. Por eso, analizar ahora mismo la plantilla sería hacer un ejercicio de fantasía, que nos obligaría a entrar en el apartado de la especulación, que no es mi fuerte. Para empezar, la llegada de Thiago Almada exige la liberación de una plaza extracomunitaria, lo que supondrá la salida de Nahuel, Gallagher o Lino. Parece obvia también la necesidad de un nuevo central (actualmente solo hay tres). Saúl ayer tenía que viajar a Turquía, pero a última hora y "por motivos personales" canceló su fichaje por el Trabzonspor. De Paul parece más fuera que dentro. ¿Cómo será entonces la fotografía final? No lo sé. Nadie lo sabe, por muchas horas de entretenimiento que genere la duda. El debate desenfadado sobre el futuro puede ser divertido, pero construir tesis doctorales sobre rumores disfrazados de certeza no me lo parece. Considero además que es la vía más rápida hacia la frustración. Lo que pase a partir de aquí dependerá fundamentalmente de cómo el Club sea capaz de sacar de la plantilla, si puede hacerlo, a esos jugadores con los que no cuenta (que parecen ser unos cuantos). Me parece una tarea muy complicada.

Pero estamos en un punto del viaje en el que los pasos iniciales parecen firmes, el aire huele a renovado y la ilusión se mantiene intacta. No siempre ha sido así, y eso es bueno. ¿Por qué estropearlo con malos augurios? No. Ya tendremos tiempo de hacer de Dana Scully. Hoy elijo ser el agente Mulder y colgar en la pared ese póster que tenía guardado. Ese en el que, bajo la imagen borrosa de un ovni vintage, aparece una frase que dice: I want to believe. Quiero creer.

Coincidiendo con la vuelta a los entrenamientos de la mayoría de los equipos de fútbol de nuestro país, me he dado cuenta de que esto de las temporadas tiene un espíritu muy parecido al de aquellos juegos de marcianitos que poblaban bares y recreativos durante las últimas décadas del pasado siglo. Allí tampoco había pausa, ni botón de guardar partida, ni redención, en caso de que te equivocases. Te mataban, se acababa el juego, y solo quedaba la opción de meter otra moneda o regresar a casa. Ocurre algo muy parecido siendo seguidor de algún equipo. Termina la última jornada, se reparten los premios, también las cicatrices, y en apenas unas semanas el marcador vuelve a cero. Da igual si llegaste al final o te quedaste en la primera pantalla. El verano lo borra todo y nos sitúa de nuevo en el nivel uno, con la música de inicio, la ilusión renovada y la misma pregunta de siempre: ¿Quieres volver a jugar?

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