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La Juventus está constipada: sin ferocidad y con dinamita en la faceta ofensiva
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OCTAVOS DEL MUNDIAL DE CLUBES

La Juventus está constipada: sin ferocidad y con dinamita en la faceta ofensiva

Kenan Yildiz o Dusan Vlahovic constituyen los principales peligros de un conjunto que viene tras ser vapuleado contra el Manchester City y que se enfrenta al Real Madrid

Foto: El Madrid se enfrentará a la Juve en octavos. (Reuters/Hannah Mckay)
El Madrid se enfrentará a la Juve en octavos. (Reuters/Hannah Mckay)

La Juventus de Turín ha sido el cuadro más temible del fútbol italiano en el siglo XXI, especialmente en la década anterior, una vez superada la sanción que les llevó a segunda división por el ‘Calciopoli’, ese escándalo deportivo de amaños arbitrales que noqueó al balompié del país transalpino. No obstante, el último lustro, la voraz escuadra ha perdido fuelle, y se ha visto constantemente superada por AC Milán, Napoli y, especialmente, el Inter de Milán, que ha conseguido quitarle también el lugar como mejor equipo nacional en el escenario continental. El curso de la pandemia fue el que conquistó su último Scudetto y, desde entonces, parece en búsqueda constante de su identidad. Aunque continúe clasificándose para la Champions League, ya no compite por el campeonato liguero. El entrenador que los hizo una roca, Massimiliano Allegri, se fue, acusado de proponer un fútbol nada vistoso y cada vez más encorsetado. Desde entonces, el equipo ya no tiene esa ferocidad: si al irse Allegri se perdió la ‘máxima alegría’, esta no se ha encontrado desde entonces.

Podría afirmarse, por lo tanto, que la ‘Vecchia Signora’ está acatarrada. ¿Dónde encontrar la medicina para curarse y volver a dominar el tablero de juego local y ser uno de los candidatos al gran título del viejo continente? Muchos aficionados bianconeri habían visto en este Mundial de Clubes la posibilidad de volver a posicionarse en buen lugar en un torneo de escala internacional. Además, el inicio del torneo resultó fulgurante, el mejor firmado por cualquiera de los 32 equipos en liza en Estados Unidos, con dos palizas sobre Al Ain y Wydad Casablanca. El problema es que esto fue un trampantojo, un simulacro tan grande como los hoteles de cinco estrellas de Las Vegas que imitan a Nueva York o a Venecia, por lo que el castillo de naipes se cayó con suma facilidad cuando se puso en frente un rival de entidad como el Manchester City, que endosó un 5-2 al cuadro de Igor Tudor en la última jornada. Así, ¿cuáles son las posibilidades reales de la ‘Juve’ ante el renovado Real Madrid de Xabi Alonso en estos octavos de final?, ¿qué queda de aquel habitual finalista de la competición más importante del planeta?

Un partido con aroma a viejas finales

Viajemos, antes, al pasado reciente. Al 3 de junio de 2017. Los de Allegri llegaban a la final de Cardiff tras haber recibido solo tres goles en toda la competición. Bonucci, Barzagli y Chiellini eran como los primos mayores del pueblo, aquellos que no apetece ver ni en las comidas de Navidad, pues se sabe que, ante cualquier descuido, van a ir a la yugular. En frente, el Real Madrid de Zinedine Zidane, que llegaba con el objetivo de reconquistar el campeonato tras haberse llevado la undécima Champions en la tanda de penaltis de Milán contra el Atlético. No tardó en anotar Cristiano Ronaldo, pero Mandzukic puso el empate con una rara chilena que sorprendió a Keylor Navas. Pero en la segunda mitad, se desató la tormenta: en 45 minutos recibieron los italianos el mismo número de goles que habían sufrido en los doce partidos anteriores. Los blancos ganaron 4-1, con goles de Casemiro, Marco Asensio y doblete del cinco veces Balón de Oro.

Más allá de la contundente paliza, en uno de los mejores encuentros que se recuerda del Real Madrid de Zizou, la Juventus dominaba con puño de hierro las competiciones domésticas en la pasada década. Y en Europa acumulaba grandes actuaciones, siendo un rival a evitar en los emparejamientos, aunque no llegasen a conquistar el título. Tan solo dos años antes habían alcanzado la final de Berlín, pero el FC Barcelona de Luis Enrique les doblegó en un entretenido choque que culminó 3-1, anotando Álvaro Morata el gol juventino. También alcanzaron el escalón definitivo a inicios de siglos, en la final del curso 2002-2003, cuando el AC Milán les quitó la gloria en la tanda de penaltis de una de las finales más aburridas que se recuerdan de lo que va de milenio.

Pero no serán pocos los que, al citar a los dos equipos que se enfrentarán hoy en el Hard Rock Stadium de Miami, evoquen la final de Copa de Europa del 21 de mayo de 1998. Sobre todo, por lo que supuso para el cuadro vencedor, el Real Madrid de Jupp Heynckes, que conquistó un título que se le resistía desde hacía 32 años. Hasta esa calurosa jornada de primavera en Ámsterdam, los blancos acumulaban seis Ligas de Campeones. Transcurrido un cuarto de siglo, el club de Chamartín ya suma otras nueve más. El gol de Pedja Mijatovic cambió la historia moderna –el de Sergio Ramos cambio la historia contemporánea– de los blancos, pese a que a aquella cita llegaba como favorito el cuadro capitaneado sobre el verde por Alessandro del Piero y, precisamente, Zinedine Zidane, el mejor jugador del mundo por entonces, que se proclamaría, apenas dos meses después, campeón del Mundial 1998 con Francia con doblete incluido en la final.

Foto: real-madrid-salzburgo-mundial-clubes-vinicius-cronica

Las armas del conjunto italiano

La temporada en Serie A de la Juventus de Turín dejó mucho que desear. El rendimiento mejorable le costó el puesto al entrenador que empezó la temporada, Thiago Motta, que venía como estrella tras la gran campaña previa que había realizado como director técnico del sorprendente Bolonia. Pocas cosas funcionaron, y el conjunto fue a remolque desde el inicio, sin chances reales de pelearle el campeonato al Napoli y al Inter de Milán. En la Copa de Italia cayeron sorprendentemente, en cuartos de final, contra el Empoli –club que acabó descendiendo– y también se marcharon antes de tiempo en Champions League, tras no poder superar en dieciseisavos al nada temible PSV. La prueba real del bajo nivel de los de Eindhoven se constató en la ronda siguiente: el mismo cuadro holandés que semanas antes había superado a la Juventus, perdió 1-7 en casa contra el Arsenal en octavos de final.

El adiós de Motta trajo a finales de marzo a Idor Tudor al banquillo bianconeri. Desde entonces, el croata es el encargado de enderezar una nave que zozobra ante cualquier mínima ráfaga de viento. Al menos, consiguió la clasificación, con apenas un punto de ventaja sobre la Roma, para la próxima edición de la Champions League. Y, como se ha dicho, este Mundial de Clubes llegaba en buen momento para testar la mejoría de un equipo que tiene como objetivo inmediato volver a ocupar la posición privilegiada en su país y, a partir de aquí, reconquistar cierta ferocidad en el contexto europeo. Pero, lo cierto, es que parece que el proceso va a tener que ser más lento.

Si se mira la plantilla, Kenan Yildiz es la esperanza a la que agarrarse, el gran talento de un equipo necesitado de estímulos. El turco ya ha anotado dos goles en el torneo, y a sus veinte años es la perla sobre los que el club del Piamonte quiere resurgir de sus cenizas. También puede causar quebraderos de cabeza a la defensa blanca Francisco Conceição, otro de los jóvenes talentos ofensivos con los que cuenta el equipo, al que se puede sumar, pese a su disposición irregular, Kolo Muani. Otro nombre interesante, y ya más contrastado, es el de Dusan Vlahovic. El serbio, que llegó a sonar otrora para el Real Madrid, ha experimentado un notable bajón en los últimos tiempos, y parece que afronta el Mundial de Clubes más como un escaparate para cambiar de aires que con el compromiso que requiere la vinculación total a un club. No obstante, sigue siendo un jugador con gran olfato que Rudiger, Huijsen y compañía no deberían perder de vista.

Foto: deportista-seguir-kenan-yildiz-juventus-turquia-mundial-clubes

A estas mejores condiciones en ataque se suman las debilidades defensivas: desde la marcha de sus perros de presa, aquellos temibles zagueros que convirtieron a Italia en campeona de la Eurocopa 2000, la Juventus de Turín no ha encontrado su poderío defensivo. Federico Gatti, Nicolo Savona o Pierre Kalulu –quien cuajó, por cierto, un lamentable partido en la derrota 5-2 contra el City de Guardiola– aún deben hacerse un nombre y demostrar que son aptos para custodiar con garantías la meta de un cuadro histórico como el turinés. Tampoco es notable la mejoría en el medio del campo, donde habitan jugadores serios pero sin vitola de crack, como Manuel Locatelli o Filip Kostic.

No hay duda, en tal contexto, que el Real Madrid es el favorito para pasar a cuartos de final. Si bien, postular un inicio defensivo tan pobre como el cuajado, por ejemplo, contra el Pachuca, sería una invitación formal a que la Juventus de Turín se crezca y tenga infinitas más opciones de conquistar el pase que las que tiene sobre el papel. En cualquier caso, el cuadro turinés será ya una importante piedra de toque para calibrar en qué estado se encuentra el aún embrionario proyecto de Alonso: de vencer con comodidad y seriedad a los de Tudor, el Real Madrid se sumará al tridente de favoritos que postulan a llevarse el torneo y que son, por este orden, París Saint Germain, Manchester City y Bayern de Múnich. Llega la hora de la verdad.

La Juventus de Turín ha sido el cuadro más temible del fútbol italiano en el siglo XXI, especialmente en la década anterior, una vez superada la sanción que les llevó a segunda división por el ‘Calciopoli’, ese escándalo deportivo de amaños arbitrales que noqueó al balompié del país transalpino. No obstante, el último lustro, la voraz escuadra ha perdido fuelle, y se ha visto constantemente superada por AC Milán, Napoli y, especialmente, el Inter de Milán, que ha conseguido quitarle también el lugar como mejor equipo nacional en el escenario continental. El curso de la pandemia fue el que conquistó su último Scudetto y, desde entonces, parece en búsqueda constante de su identidad. Aunque continúe clasificándose para la Champions League, ya no compite por el campeonato liguero. El entrenador que los hizo una roca, Massimiliano Allegri, se fue, acusado de proponer un fútbol nada vistoso y cada vez más encorsetado. Desde entonces, el equipo ya no tiene esa ferocidad: si al irse Allegri se perdió la ‘máxima alegría’, esta no se ha encontrado desde entonces.

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