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Adiós a Messi en su 'penúltimo' gran baile: el PSG tritura al Inter Miami y pasa a los cuartos (4-0)
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En octavos de final

Adiós a Messi en su 'penúltimo' gran baile: el PSG tritura al Inter Miami y pasa a los cuartos (4-0)

El actual campeón de Europa no dio oportunidad a los Busquets, Alba, Luis Suárez y compañía y le bastó la primera mitad para dejar finiquitado el choque. El equipo de Luis Enrique exhibió su superioridad en una enorme primera parte

Foto: El argentino, eliminado y vapuleado. (Reuters/Amanda Perobelli)
El argentino, eliminado y vapuleado. (Reuters/Amanda Perobelli)

Lionel Messi lo ha conseguido todo en el mundo del fútbol, por lo que hay que ser muy imaginativo para encontrar datos o estadísticas que refuten esta afirmación. En tal contexto, si se reivindica la conocida en el fútbol como ley del ex, se puede apuntar algo que nunca ha conseguido el argentino: derrotar a un antiguo equipo. La sentencia, claro, tiene truco.

Era la primera vez que el campeón del Mundo se enfrentaba a un club en el que haya militado anteriormente, y lo hizo como jugador de un equipo infinitamente menor como es el Inter de Miami, y más si se compara con la entidad del contrincante, el PSG, institución que viene de ganar la Champions League. Luis Enrique, aquel entrenador que dirigió ese Barça del triplete del curso 2014-2015 y que tuvo sus más y sus menos con el rosarino, también ha construido una maquinaria perfecta en su periplo como míster del club presidido por un fondo de inversión qatarí.

Cuando el dinero no es un problema, se pueden comprar los mejores jugadores del planeta, y con esos petrodólares, en su día, los parisinos regaron al propio Leo Messi, pero también a crack mundiales como Neymar o Kylian Mbappé. Una constelación de Dioses del balompié, pero sin la entidad de colectivo que, por fin, ha conseguido edificar el técnico asturiano alrededor de Kvaratshkelia, Vitinha, Doue, Hakimi o el hasta hoy ausente en este Mundial de Clubes Ousmane Dembélé.

placeholder El argentino, consolado por sus rivales. (Reuters/Dale Zanine)
El argentino, consolado por sus rivales. (Reuters/Dale Zanine)

Una apisonadora llamada PSG

Aunque en el Olimpo parisino ahora falten los grandes nombres del deporte rey en los últimos lustros, no quiere decir que la enorme inversión en grandes talentos haya decrecido. Los billetes siguen corriendo, y el PSG actual se ha conformado con jugadores que, aunque que tengan menos nombre o fama universal, han sabido, por fin, darle a la entidad el aroma de equipo invencible.

Además, muchos de estos jugadores son de gran juventud, lo que vaticina años de tiranía y de favoritismo, no solo en la débil liga francesa, sino en el panorama internacional. Ante semejante plantel, parecía obvio que las chances del cuadro presidido por David Beckham –otro ex del PSG– eran escasas. Y pasaron a ser nimias en el minuto 6, cuando Joao Neves aprovechó uno de los infinitos boquetes que la defensa del Inter dejó a sus espaldas para cabecear a la red el 1-0. Si bien, más que a Neves, se ha de ponderar la labor de su compatriota y compañero en el medio del campo, Vitinha.

placeholder Vitinha brilló de nuevo. (EFE/Erik S.Lesser)
Vitinha brilló de nuevo. (EFE/Erik S.Lesser)

No es descabellado pedir el Balón de Oro para el organizador luso, que maneja a las mil maravillas –y perfectamente secundado por Fabián– el juego de su equipo, y que es el mejor jugador del planeta, al menos, desde el inicio de la primavera. El sevillano, por cierto, asistió a Neves para que este anotase su doblete a la media hora de juego, ampliando la ventaja. El PSG aprovechó un notable error de Sergio Busquets.

En La montaña mágica, la novela filosófica de Thomas Mann que ha de considerarse como una de las grandes obras del pasado siglo, su protagonista, Hans Castorp, entendía que el tiempo pasa y que es imposible apresarlo y entenderlo. ¿Cómo medir algo tan imperceptible y hasta subjetivo como el elemento temporal? Parece que fue ayer cuando Leo Messi, Jordi Alba, Sergio Busquets, Luis Suárez o el míster Javier Mascherano asustaban al mundo y eran indiscutibles en uno de los mejores equipos de todos los tiempos, ese Barça de Guardiola que luego heredaría Luis Enrique y que conquistaba títulos con la facilidad con la que otros se ponen unos calcetines.

Una década después, estos deportistas culminan sus carreras en Florida, aportando su granito de arena para que un equipo creado en 2020, con apenas un lustro de vida, gane peso y recorrido en el planeta fútbol. Pero esto no es suficiente para competir con garantías contra el gran favorito a ganar este torneo estival en suelo yanqui. En los últimos cinco minutos de la primera mitad aniquiló el PSG a su alicaído rival con otros dos tantos: uno en propia meta de Avilés –¡vaya día el suyo!– y otro de Hakimi. El 4-0 con el que se llegó al descanso simbolizaba a las claras la enorme diferencia existente entre las entidades.

Menos ritmo e intensidad

Bajó claramente el ritmo el club galo en la segunda mitad ante la enorme ventaja cosechada. En el minuto 60 debutó en el Mundial Ousmane Dembélé, que llegó a Estados Unidos con molestias, con lo que el favorito al título sumo otra figura destacada más para afrontar la recta decisiva de torneo. Seis años después, aún son muchos los culés –como hizo Messi– que se echan las manos a la cabeza cuando recuerdan ese error del mosquito ante la meta del Liverpool en el descuento de aquella ida de semifinales de la Champions League 2018-2019.

Aquella jornada, el FC Barcelona derrotó al cuadro del Mersey 3-0, pero la ventaja pudo haber sido mayor –y quién sabe si definitiva– si Dembélé hubiese anotado el cuarto. Ya se sabe lo que ocurrió en la vuelta de aquellas semifinales: los reds remontaron la eliminatoria, 4-0, y acabaron llevándose el torneo al noquear en la final al Tottenham.

placeholder El francés pelea un balón con Luis Suárez. (Reuters/Amanda Perobelli)
El francés pelea un balón con Luis Suárez. (Reuters/Amanda Perobelli)

El joven alocado y propenso a las lesiones Dembélé de entonces poco tiene que ver con el ordenado, temible e increíblemente trabajador jugador en que lo ha convertido Luis Enrique, hasta el punto de ser, si se tiene en cuenta el ruido mediático, uno de los favoritos a llevarse el Balón de Oro. Y pese a decaer el ritmo, continuaron cayendo las ocasiones sobre la meta defendida por Óscar Ustari, otro más de esos jugadores que acarician ya el final de sus carreras enrolado a la disciplina del cuadro miamense.

También hubo tiempo para ver una de esas habituales broncas de Luis Suárez sobre el árbitro, protestando cualquier cosa que se le pasara por la cabeza. Visto con perspectiva, resulta curioso comprobar las poquísimas veces que ha sido expulsado el tremendo goleador uruguayo, pese a merecerlo con creces en no pocos encuentros, ya sea por entradas a destiempo o por protestar con la vehemencia que acostumbra. Da la sensación de que el estamento arbitral se ha portado generosamente con él, como si llegase a ser necesario que mordiera a alguien para abandonar el terreno de juego.

El marcador no se movió en la segunda mitad y concluyó 4-0. Y con el pitido final en Atlanta también se clausuró la última vez que el espectador pudo disfrutar de Leo Messi en un partido de clubes oficial de gran nivel e impacto internacional. ¡Y hasta tuvo la ocasión de despedirse con gol tras un cabezazo en el 80! Pero no hace falta entristecerse del todo todavía: que nadie se olvide que este es el penúltimo baile de siete veces Balón de Oro, ya que el año que viene, a estas alturas, estará en territorio norteamericano para intentar conquistar con su selección su segundo Mundial consecutivo. Ahí sí que se despedirá uno de los más grandes futbolistas de todos los tiempos.

Lionel Messi lo ha conseguido todo en el mundo del fútbol, por lo que hay que ser muy imaginativo para encontrar datos o estadísticas que refuten esta afirmación. En tal contexto, si se reivindica la conocida en el fútbol como ley del ex, se puede apuntar algo que nunca ha conseguido el argentino: derrotar a un antiguo equipo. La sentencia, claro, tiene truco.

Leo Messi
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