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Todos los niños del mundo pueden ver el Mundial del Real Madrid. ¿A usted le hace feliz?
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Ángel del Riego

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Todos los niños del mundo pueden ver el Mundial del Real Madrid. ¿A usted le hace feliz?

El torneo se emite gratis y es seguido en todo el mundo. Es una competición divertidísima que nos alegra el desierto de un verano con el sol rojo y vengativo sobre nosotros

Foto: El Madrid ganó su segundo partido en el Mundial. (EFE/André Coelho)
El Madrid ganó su segundo partido en el Mundial. (EFE/André Coelho)

Hoy hemos venido a hablar, en clave madridista, de los nombres y figuras del Mundial de Clubes. Competición creada para el disfrute de los niños y las gentes de corazón puro que saben de sobra que el dinero mueve el mundo desde la época de los Sumerios, y el único problema que le ven a esa verdad absoluta, es que ellos no tienen el suficiente.

El Mundial de clubes

Florentino Pérez, que es el que sabe, ya lo dijo: "El Real Madrid ha sido de los que más ha luchado para que se juegue este Mundial de Clubes. Este torneo es gratis y los niños de todo el mundo pueden ver al Real Madrid. El fútbol va a cambiar con la unión de los grandes clubes".

Torneo divertidísimo que nos alegra el desierto de un verano con el sol rojo y vengativo sobre nosotros. Los chicos ganan a los grandes, los históricos sudamericanos ganan a los nuevos ricos europeos y Sergio Ramos sigue marcando territorio con entradas al borde de la ley como único resto de un pasado al que sólo él pertenece.

En el Madrid ha desaparecido Rodrygo, como desapareció en la parte final de la temporada, una vez que el telón había caído. Nadie se borra del Madrid, un equipo hecho con los jirones más crueles de la antigüedad y que solo mira hacia el futuro. En los cambios de era son necesarios los sacrificios. Es una forma de que los demás aprendan. El equipo blanco es la zona de la tensión permanente y además, Vinícus y Rodrygo no pueden jugar juntos. Se dispersan, pierden balones y destrozan cualquier equilibrio que el técnico se invente.

El fichaje de Mastantuono

Franco Mastantuono. Jugador argentino nacido hace 17 años en la ciudad de Azul, en la provincia de Buenos Aires. Todo es mítico en él. Su nombre, el azul de su ciudad y el club donde se formó, el River Plate, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, metrópoli que es tan grande que hay zonas que todavía no han sido exploradas. En los jugadores argentinos modernos es difícil separar el relato sobre su figura de su valor real como futbolista. La máxima industria del país es el fútbol y, el jugador, cuando tiene el don de la argentinidad dentro, es paseado por los palacios europeos para ser subastado. Pero ¿qué es el don de la argentinidad?: gambeta, pelota anexa al corazón, dominio del escenario y goles gritados con la boca tan grande que se confunden con el ansia de un pueblo arrogante, genial y maldito.

Mastantuono apareció hace un año como el último hijo pródigo de la nación del Río de la Plata. Era uno más de los jóvenes talentos hasta que el Madrid se fijó en él. Fue hace dos meses, llevado por las prisas de las derrotas de la última temporada. Vinícius y Mbappé parecían jugadores envejecidos a la vera de Lamine Yamal, la nueva estrella blaugrana. Niño viejo que descubre un mundo cada vez que pone su pierna izquierda a bailar. De repente, el joven argentino era la reencarnación de Messi, de Di Stéfano, de Zidane y de Carlos Gardel, y además, con un magnético hoyito en la barbilla.

Foto: florentino-perez-real-madrid-futbol-gratis-superliga-mundial-clubes

Nadie sabe concitar más fascinación que los argentinos sobre ellos mismos. Es un país que se concibe como una conversación circular ajena al mundo y que a la vez, envuelve al mundo entero. Había videos del chico por todas partes y el Madrid, picó el anzuelo. Se llevó al nuevo príncipe por una cantidad muy alta, más allá de los 50 millones. El Mundial de Clubes lo jugaría con el River. Lleva dos partidos. Una victoria contra el campeón de la liga japonesa y un empate contra el campeón de México.

El joven Franco no es un niño-perro que corretee con el balón tan dentro que sea imposible llegar a él. No es Messi. Tiene deficiencias técnicas en los controles pero conduce bien el balón, marcando un ritmo que lo aleja de los rivales. Es grande pero no aparatoso, como Bellingham, y gusta de jugar por dentro, donde no hay oxígeno. Eso no parece importarle porque se lleva los rebotes y cuerpea como en una película de cine mudo. No es rápido ni es lento. No tiene prisa en llegar pero llega. Su pierna izquierda no es un prodigio, excepto en sus pases largos y combados, que son de una extraña precisión. Su golpeo a portería es de alto nivel. Quizás su pierna izquierda sí que sea un prodigio, pero latente, que irá descorriendo velos cuando el Madrid comience a ponerse impaciente, desconsiderado, cruel. Piensa en el área, al que entra siempre por el pico derecho, lo que es una gran noticia porque por en el pico izquierdo el Madrid tiene aproximadamente 3.000 jugadores, unos encima de otros.

Desde luego, es algo especial, la estrella de River, uno de los dos grandes clubs del país donde el fútbol sigue siendo ese metal incandescente que nunca se acaba. En un mes estará en el Madrid, donde le cederá el sitio de Rodrygo, acostado a la derecha, ideal para entrar a vivir y asociarse con el que pase por allí. Sabe que será difícil. Ya se lo dijo Ramos en el túnel de vestuario. Y a Ramos hay que escucharle.

placeholder Mastantuono es el nuevo fichaje del Real Madrid. (Reuters/Susana Vera)
Mastantuono es el nuevo fichaje del Real Madrid. (Reuters/Susana Vera)

Las dudas de Xabi

Se ha encontrado a un equipo petrificado en sus jerarquías. Les tuvo que poner un dron encima, quizás para que aprendan a posicionarse sobre el campo, quizás para amenazar a los que no presionen con bombardeos selectivos. Habla claro, no protege a los futbolistas como Ancelotti, con su plural hermético. Asencio ha cometido dos errores en los dos primeros partidos que lo inhabilitan como central y le abren la carrera de político profesional y Xabi lo explicó así a los micrófonos: "Asencio hace 2 veces el mismo error. Tenemos que ser más inteligentes". Inteligencia, esa palabra. Desde la marcha de Kroos le faltaba a la plantilla.

Lo que se vio en el partido contra el Pachuca fue un Madrid titubeante y a ratos deslavazado, pero donde surgían combinaciones en el medio campo que abrían instantáneamente los caminos de los delanteros. Algo sencillo, eficaz, el tipo de cosas que dota de un orden al conjunto que sirve para atacar y para defender. Una educación que la plantilla del Madrid había ido perdiendo en el último año.

Al entrenador del Madrid le preguntaron si necesitaría un jugador tipo Xabi y esta fue su respuesta: "Ahora mismo no pienso en el futuro ni en los fichajes. El reto es crear un buen medio campo con los jugadores que tenemos". El reto de Xabi es un poco como el reto de Irán, crear un reactor nuclear con arcilla, piedras y madera. No será fácil.

Foto: xabi-alonso-real-madrid-operacion-salida-mundial-clubes-ventas

Tchouaméni no es eso que se entiende por pivote, un Casemiro, es más bien algo parecido a lo que fue Khedira, un jugador muy móvil que rastrea las pérdidas contrarias para convertirlas en ventajas. Un pivote debe tener el dibujo del partido en su cabeza, el emocional y el táctico. Debe abrir puertas que estaban cerradas y vigilar el trabajo de los interiores para castigar a quien los acosa. Debe soldar la frontal del área y responsabilizarse del primer pase. Debe ser tan posicional como una catedral. Ni Fede ni Camavinga ni Tchouaméni reúnen esas cualidades. Xabi lo sabe pero ante el pesimismo de los hechos (puede que no haya más fichajes) queda el optimismo de la voluntad. Y la voluntad es ese ángel hierático encarnado en central: Huijsen. Quien, de momento, es el verdadero pivote del Madrid, el creador de ventajas y el que distribuye el pan entre los comensales sin pedirles nada a cambio.

Nadie quiere recordar el Madrid sin Huijsen

Como dijo Kojiro, es un jugador-sistema. Nadie ve de verdad los partidos donde no juegan el Madrid o el Barcelona, así que sólo supimos de él cuando lo fichó la Selección española. Era un hombre raro. Holandés de sangre pero de corazón español. Educación andaluza, chico de Málaga de los que dicen Presi y Míster, su fútbol tenía con la pelota en los pies la sabiduría de todo lo visto y todo lo jugado. El Madrid lo fichó y todos estuvimos de acuerdo. Había que hacerlo. Se vistió de blanco, comenzó de titular y ya nadie recuerda un Madrid sin el central malagueño.

Ha solucionado todos los problemas que tenía el Real en la salida del balón y cuando sube con la pelota controlado, cambia el aire del partido. Surge del fondo del bosque y parece llevar la llama de la civilización en su zancada. Dame un punto de apoyo y moveré el mundo, eso susurra su cuerpo cuando el balón está en sus pies. Crea todas las ventajas posibles desde la posición de central. Se frena un segundo, amaga y avanza, dejando tirados a dos delanteros en la presión. Ya tiene el campo libre y una eternidad para elegir.

placeholder Huijsen están rindiendo a un gran nivel. (Reuters/Susana Vera)
Huijsen están rindiendo a un gran nivel. (Reuters/Susana Vera)

Los grandes jugadores tienen esa cualidad, siempre parecen sobrados de espacio y tiempo, da igual donde estén los rivales, da igual en qué parte del campo se desenvuelvan. Karim era de esos, como Modric o Cristiano, y Huijsen también pertenece a esa raza superior.

Como puro defensa, baja de la edad de la sabiduría a la bisoñez de la adolescencia. Se adelanta a los rivales —ya viene pensado de casa—, pero una vez que lo encaran le cuesta un mundo darse la vuelta. No controla el fuera de juego ni los marcajes en los centros al área por arriba, que deberían ser suyos y no lo son. Da igual. Hay muchas pequeñas cosas que deberá aprender y otras en las que tendrá que convivir con sus limitaciones físicas, pero este chico alto y delgado, como un profeta, es una criatura diferente cuya leyenda está por escribir.

Turno para Gonzalo García. Chico repeinado del Castilla. Canterano del Madrid prototipo: sin aristas sin genialidad, con cara de bueno pero con el colmillo más retorcido de lo que aparenta. En dos partidos ha sido el arma de Xabi contra el desorden natural de los extremos blancos. Cuando el entrenador vasco quitó al canterano en el partido contra el Pachuca, el equipo se cayó de repente. Prueba de que su juego minimalista era lo que engarzaba las partes y le daba ventajas a sus compañeros. Prueba también de que el equipo de Xabi va siendo un equipo y los equipos necesitan todas sus piezas para reconocerse, y Gonzalo es, de momento, de las más importantes.

Foto: quien-es-gonzalo-garcia-nuevo-delantero-xabi-alonso-real-madrid

Es algo así como el primer Álvaro Morata sin la ansiedad en el campo de Morata, más fino, tanto que parece invisible como si en cada toque se desgastara un poco, y con menos cuerpo que el ex jugador del Madrid pero lo bastante rápido para estar en los lugares donde se le exige estar con suficiencia y sencillez. Metáfora del juego que pretende Xabi. Sencillo, brillante, sin barroquismos ni efectos especiales. No ha sacado su disparo y no sabemos cuál es su nivel, si tiene pegada y chut o sólo remate. No tiene regate y eso le hace pensar la jugada con antelación.

La mayoría de sus goles con el Castilla son remate a un toque. Es una decantación muy pura del concepto "delantero centro moderno". No atraviesa la jugada, la sigue y la enriquece como en el toque de primeras a Güler que significó el segundo gol del Madrid, o la hace surgir como en la dejada hacia la carrera de Bellingham en el primer gol de los blancos ante el Pachuca. Tiene las cualidades de las que carecen Mbappé y Vinicius, entre otras, el retener el balón caído del cielo o la descarga hacia atrás en las contras. En un equipo en el que todas sus estrellas necesitan encarar el balón de frente, un jugador que descarga el juego con esa eficacia, es una joya.

Hoy hemos venido a hablar, en clave madridista, de los nombres y figuras del Mundial de Clubes. Competición creada para el disfrute de los niños y las gentes de corazón puro que saben de sobra que el dinero mueve el mundo desde la época de los Sumerios, y el único problema que le ven a esa verdad absoluta, es que ellos no tienen el suficiente.

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