El daño a Tchouaméni es enorme si das por bueno que rinde mejor como central que de pivote
Ancelotti mete con calzador a Tchouaméni en la posición de central cuando se le fichó para ser mediocentro y no hay necesidad con la aparición de Raúl Asencio y la baja de Camavinga
Tchouaméni despeja un balón contra la Atalanta. (Reuters/Claudia Greco)
Por
Ulises Sánchez-Flor
Tchouameni llegó al Real Madrid como el sustituto de Casemiro y dos años y medio después el relato ha cambiado. Se da por bueno que rinde mejor como central que de mediocentro. Ancelotti destaca su juego aéreo para justificar que hay que ponerle en la defensa cuando lo natural es que ocupe la posición para la que se le fichó. No se hace fuerte como pivote y la sensación es que el entrenador desconfía del francés, con lo que le mete con calzador atrás y evita que se hable de decepción.
En Bérgamo jugó como central tras hacerlo en Girona y Raúl Asencio repitió en el banquillo. Ancelotti tiene dos problemas. El primero y el más importante es comprobar que Tchouaméni, con Camavinga lesionado, ya no juega ni como pivote y el entrenador se la juega contra la Atalanta con Ceballos junto a Fede Valverde. El giro es evidente. Hasta Ceballos es más fiable para darle salida al balón, equilibrio al equipo y vigor en el trabajo defensivo.
Entre Tchouaméni y Asencio lo menos problemático para Ancelotti es poner al francés de inicio. De esta manera respeta los galones e intenta minimizar el coste de la cuantiosa operación que se hizo con el Mónaco. El Real Madrid no pagó 100 millones de euros, entre fijo y variables, para que jugara de central. La apuesta era firme y decidida. Estaba en dotar de músculo y un estilo de juego de rock and roll, como lo definió el técnico, al centro del campo del Madrid. Era clave en la transición de la renovación de un centro del campo irrepetible. De Casemiro, Kroos y Modric había que pasar a Tchouaméni, Camavinga y Fede Valverde. El plan era tener un todoterreno en el medio, un recuperador de balones, intenso, contundente para ganar duelos y salir con verticalidad.
No se ve una buena versión de Tchouaméni, irregular, como para decir que es el jefe en el centro del campo del Real Madrid. Le falta continuidad e influye que tiene problemas con las lesiones y el peso de un puesto clave en el que hay que mandar y jugar con criterio. No jugó la final de la Champions contra el Borussia Dortmund en Wembley. Ha pasado un tiempo suficiente y se le han dado oportunidades para examinar su nivel en el Real Madrid.
Pese a todo, a que le cuesta hacerse el amo del puesto, no le hace ningún favor a Tchouaméni decir que es mejor central que mediocentro. Es una mentira que hace daño al jugador y al Real Madrid. Ni al francés le gusta jugar en una posición que no es la suya ni al club le viene bien marearlo y, además, que se sacrifique a Raúl Asencio sin motivos. Lo lógico en Bérgamo habría sido poner a Asencio de central y Tchouaméni de pivote, si hay confianza en los dos.
La falsa solidez
La solidez de la que tanto habla Ancelotti no se consigue con Tchouaméni en la defensa. El Real Madrid encajó dos goles en Anfield, con Asencio en el once, y otros dos en Bérgamo, con Tchouaméni. El partido del Liverpool fue más exigente que el de la Atalanta. Tchouaméni se apaña. No le queda otra que agarrarse a su condición de jugador polivalente. Para jugar como central tiene físico, pero le falta el oficio y se vio en el penalti absurdo que provocó el empate de la Atalanta. Sus facultades le dan para despejar balones por arriba, taponar por abajo y batirse en duelos. Pero también canta en la falta de colocación. En el experimento de tres centrales contra el Celta en Balaídos estuvo desordenado y desesperó a Ancelotti. Con una línea de cuatro es un central normalito.
Asencio tiene menos experiencia, pero el Real Madrid ha dejado la portería a cero con él en los partidos contra Osasuna, Leganés y Getafe. Ha destacado por ser ordenado, jugar con concentración y tener personalidad. Hace buena pareja con Rüdiger. El canterano, en sus inicios en la alta competición, es un central aseado. No había razones de peso para dejarle fuera de los partidos contra el Girona y la Atalanta.
Tchouaméni quiere asentarse como pivote, para lo que se le trajo, y no ser un experimento. Está incómodo de central y, por mucho que insista Ancelotti, tiene difícil sacar su mejor versión en esta demarcación. Lo adecuado sería que mejorara en el centro del campo y para ello tiene que subir su rendimiento. No está cumpliendo con las expectativas que había sobre su potencial para ser el nuevo Casemiro. Le hace más daño todavía que le releguen a central y Ceballos juegue en su posición. Asencio sí puede llegar a ser un buen central, pero solo si Ancelotti confía más en el canterano con hechos y no palabras.
Tchouameni llegó al Real Madrid como el sustituto de Casemiro y dos años y medio después el relato ha cambiado. Se da por bueno que rinde mejor como central que de mediocentro. Ancelotti destaca su juego aéreo para justificar que hay que ponerle en la defensa cuando lo natural es que ocupe la posición para la que se le fichó. No se hace fuerte como pivote y la sensación es que el entrenador desconfía del francés, con lo que le mete con calzador atrás y evita que se hable de decepción.