Florentino Pérez y Otilio: megaestructuras a domicilio
El estreno de un documental que saca brillo al nuevo Bernabéu, contrasta con el enésimo choque por la reapertura de conciertos. Guerra de narrativas: ¿obra colosal o fallida?
Florentino Pérez, en la presentación del documental sobre la obra del estadio. (Europa Press)
En episodios anteriores de Megaestructuras, habíamos visto el avión más grande del mundo y la cúpula más gigantesca, que ya era mucho, pero nada comparado con la magnitud del marrón más colosal de Florentino Pérez, la construcción del nuevo Bernabéu, protagonista del nuevo documental de Disney + y National Geographic sobre las grandes infraestructuras humanas de ayer y hoy: Megaestructuras: el Bernabéu del siglo XXI.
"Esta transformación del Bernabéu, que ha sido una de las obras más espectaculares del mundo en los últimos años, debía ser contada por una entidad del prestigio mundial de National Geographic. Es un relato de intensas emociones y del esfuerzo y profesionalidad de miles de trabajadores que lo han hecho posible, y a los que agradezco siempre su dedicación para conseguir algo que parecía imposible", contó Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, en la presentación de la película.
El productor ejecutivo del documental, Iván Bouso, dijo que la obra del Bernabéu había "roto los límites, al hacer cosas que no se habían hecho antes”.
Y Disney + lo calificó de "desafío sin precedentes". Tampoco los hay de lo que vino después: contra todo pronóstico, las verdaderas dificultades del nuevo Bernabéu -cuya construcción resistió al covid, a Filomena y a la triplicación presupuestaria (más de 1500 millones de gasto)- empezaron tras ponerse la última piedra...
Olvida las pirámides
El documental no escatima en epítetos épicos: “Tecnología revolucionaria”. “Remodelación colosal”. “Aventura extraordinaria”. “Hazaña que nadie volverá a intentar”.
Un profesional asegura en el filme: “Nunca nadie en ningún sitio había hecho un proyecto como este”, y (es de suponer) un gatito muere en las pirámides de Egipto tras escucharle.
En el documental no se pronuncia una sola vez la palabra maldita, “insonorización”, lo que tiene mérito, no ya por escamotear la fisura por la que sangra el proyecto, sino por reflejarla involuntariamente por ausencia: ¿nadie reparó durante la obra en que atronar a los vecinos podría llegar a ser un problema? La respuesta a esa pregunta ha generado la mayor crisis del Madrid en la era Florentino Pérez.
La obra del Bernabéu por dentro. (EFE)
¿Qué ha pasado? Una paradoja que el documental sobrevuela pero escamotea: la obra del nuevo Bernabéu resolvió genialmente lo macro (múltiples superficies subterráneas) y se olvidó lastimosamente de lo micro (el vecino), toda una metáfora de la arquitectura monumental (o el resumen de la resbaladiza carrera de Santiago Calatrava). Una obra con mucho ingeniero tecnócrata y poco psicólogo barrial. De la megaestructura poshumana al megamarrón costumbrista.
En efecto, lo que debería haber sido el broche de oro a la carrera faraónica de Florentino, el gran estadio mutante del siglo XXI, es ahora un sainete, con vecinos rebelados, conciertos (y aparcamientos) suspendidos, bares paralizados e imputaciones judiciales.
O la fina línea entre el teatro de los sueños y el capítulo de La que se avecina.
Las hueveras
El golpe narrativo es impactante por imprevisto: igual que nadie imagina que Chimo Bayo cante mal HU-HA, o Chiquito de la Calzada patinara al decir pecadooor, de Florentino Pérez -ingeniería castiza a su alcance- se podía esperar todo menos que se le fuera de las manos una gran obra para el Real Madrid.
¿El proyecto cultural del nuevo Bernabéu es todavía reconducible? Sí, pero la acumulación de obstáculos es tal que la guerra de relatos -¿megaestructura u obra fallida?- no para de recrudecerse, como hemos visto esta semana.
El vaso medio lleno lo ofrece el documental de Disney y National Geographic, que limpia, fija y da esplendor al proyecto de vida de Florentino Pérez.
El vaso medio vacío: el sonoro rifirrafe entre el Real Madrid y Lola Índigo, cuyo equipo anunció un concierto en el Bernabeú para el verano de 2025, desmentido ipso facto por el club, en otra demostración de la inseguridad jurídica en la que se mueve el recinto ahora mismo, que repele a los grandes promotores internacionales, cuyos planes a medio-largo plazo para Madrid parecen pasar ahora por el Metropolitano colchonero (los rumores sitúan ahí el hipotético regreso de Oasis).
Índigo: Todos sabéis que el Bernabéu está en un proceso judicial por lo del ruido… Yo es la primera vez que vengo nerviosa [a la tele] en mi vida…
Broncano: Antes me has dicho que anoche dudaste si venir o no porque era un momento tenso…
Índigo: Porque me petó un poquito la patata.
Broncano: ¿Tú como te enteraste?
Índigo: Como todo el mundo: el Madrid sacó un comunicado…
Broncano:… diciendo que el concierto no era ese día, y tú te enteraste en tu casa por Twitter.
Índigo: Eso es. El Madrid está en un proceso judicial muy serio y tiene que explicarse. La realidad es que el comunicado no dice nada nuevo, solo que hasta que no se termine la obra [de insonorización] del Bernabéu, no va a haber ningún concierto, lo que ya sabíamos todos…. A ver, a nosotros [en el Madrid] nos dieron una fecha, no nos la íbamos a inventar.
Broncano: ¿Cuándo es?
Índigo: El 14 de junio.
Broncano: ¿Es o era?
Índigo: Es.
Broncano: O no…
Índigo: Vamos a ver, tienen que hacer unas obras…
Broncano: ¿Qué le van a poner? ¿Cartones de huevos por fuera para que amortigüe? [risas].
Índigo: ¡Eso sería increíble!
En once palabras: la obra más colosal del siglo XXI transformada en confuso astracán. Que el futuro de la economía y la comunicación de una empresa madre de Florentino Pérez esté en manos de las piruetas retóricas y gimnásticas de una diva nacional del pop, tampoco lo vio nadie venir, pero la lasvegasización del Real Madrid es lo que tiene. De algún modo hay que pagarle el salario a Mbappé.
Otra metáfora de las fisuras del nuevo Bernabéu: la rigidez tecnocrática del acero no está casando bien (de momento) con la versatilidad ruidosa del pop.
Cuatro duros
Dentro de este solapamiento de narrativas antagónicas, entre la obra grandiosa y el pepegoterismo,el club no parece tenerlas todas consigo...
En la reciente asamblea de socios compromisarios, el presidente del Real Madrid activó el control de daños: dijo que los conciertos del nuevo Bernabéu solo eran una parte insignificante del presupuesto merengue, que casi daban igual que se hicieran o no, que eran un mero favor del Madrid a la nación...
Broncano, a Lola Índigo: "¿Qué van a poner? ¿Cartones de huevos para que amortigüe?"
"Los conciertos son un 1% de los ingresos, son prestigio para Madrid y la Marca España", contó Florentino a los socios, en un discurso que contrasta con lo que el propio presidente del Real Madrid dice en el documental: “El reto no era solo hacer una obra más monumental, sino el centro de ocio y entretenimiento que Madrid necesitaba”.
Es lo que el club llevaba años vendiendo: el objetivo del nuevo Bernabéu era convertirse en "referente mundial del ocio y del entretenimiento", un estadio que albergaría saraos "300 días al año", según Marca, por lo que (antes de acabar la obra) el club empezó a hacer caja en consecuencia: vendió el 30% de la explotación del estadio para los próximos veinte años por 360 millones de euros (al fondo Sixth Street y la empresa de eventos Legends).
A este adelanto por la explotación de conciertos, sumó unos hipotéticos 470 millones por los aparcamientos en 40 años (también congelados ahora en los juzgados). Hubo un momento, por tanto, en el que el chorro de dinero parecía ilimitado.
“Gracias a esta nueva línea de negocio, el equipo blanco consiguió cerrar la pasada temporada con más de 1.000 millones de euros de ingresos, un 14% por encima de presupuesto. Los números que estaba consiguiendo el Madrid con la explotación de su estadio eran tales que, incluso, en algún pasillo hubo quien se lamentó no haber sido más ambicioso en la negociación con Sixth Street”, contó este periódico.
El club, en definitiva, se frotaba las manos, hasta que llegaron los primeros bolos, los vecinos de Concha Espina se rebelaron por el ruido, la Justicia imputó al principal ejecutivo del Madrid tras Florentino (José Ángel Sánchez) y el club suspendió los conciertos hasta el verano de 2025, mientras ideaba un nuevo sistema de insonorización, que algunos expertos ven difícil de implementar con éxito con la obra ya terminada.
Lola Índigo, Florentino Pérez y Sixth Street cruzan ahora mismo los dedos para que se resuelva el limbo judicial, de consecuencias económicas impredecibles...
“Además de para cumplir el acuerdo con Sixth Street, para el Real Madrid también es importante la celebración de los conciertos porque necesita generar cerca de 100 millones de euros al año para afrontar los 1.170 millones de euros que ha pedidoprestados para afrontar toda la remodelación del Bernabéu… La cancelación de los conciertos daría a Sixth Street el poder de activar las cláusulas de mitigación previstas en el contrato, que reajustarían automáticamente los ingresos para la entidad financiera… Si el veto a los conciertos es permanente, a Sixth Street le quedaría la opción de apretar el botón nuclear: reclamar la resolución anticipada del contrato, lo que supondría la petición del importe equivalente al lucro cesante de la explotación del contrato durante 18 años más otro tipo de penalizaciones financieras”, resumió este periódico tras suspenderse los conciertos hasta nueva orden.
Incertidumbre a la que Florentino intentó quitar hierro el otro día ante los compromisarios, aunque solo los muy cafeteros hayan comprado que, tras años vendiendo que el nuevo Bernabéu sería un Caesars Palace para las masas, Florentino diga ahora que los conciertos dan igual, como si Taylor Swift pudiera ser sustituida por bingo y pilates y mantener el ritmo de ingresos. Pronóstico reservado.
En episodios anteriores de Megaestructuras, habíamos visto el avión más grande del mundo y la cúpula más gigantesca, que ya era mucho, pero nada comparado con la magnitud del marrón más colosal de Florentino Pérez, la construcción del nuevo Bernabéu, protagonista del nuevo documental de Disney + y National Geographic sobre las grandes infraestructuras humanas de ayer y hoy: Megaestructuras: el Bernabéu del siglo XXI.