El Atlético de Madrid revive los traumas del pasado en su visita a Lisboa (4-0)
Los colchoneros completan un pobre partido en el que fueron inferiores al Benfica de principio a fin. Los goles de Di María, Aktürkoglu, Bah y Kökçü le dieron el triunfo a los portugueses
El Benfica goleó al Atlético de Madrid. (Reuters/Pedro Nunes)
Hay lugares a los que jamás se debe volver. Hay espacios que reabren heridas cerradas. O que se creían cerradas y que nunca sanarán. Lisboa es una ciudad de infausto recuerdo para el Atlético de Madrid. Y no conviene recordar lo que pasó, porque sería hacer sangre. Ante el regreso al Da Luz había dos opciones: sortear con efectividad el envite o sufrir una nueva caída por el precipicio. Y al Atleti, superado de principio a fin por el Benfica, le tocó lo segundo, en una derrota sin paliativos (4-0).
Qué de recuerdos; qué de nostalgia. No les hablo de la final de Lisboa, no se trata de ser sádico, sino de aquel Atleti de hace una década. Un equipo integrado por jugadores como Mario Suárez, Cristian Rodríguez o Adrián López que era capaz de plantarse en la final de la Champions y ganar una Liga. Un club cuyo presupuesto estaba demasiado alejado de los grandes, pero tenía las agallas para tutearlos. Un conjunto con una idiosincrasia reconocible que tenía escasas armas. Pero sabía a lo que jugaba.
Es tan cierto que Simeone sacó toda la pólvora desde el inicio como que el Benfica fue el único equipo que piso el área rival. Aquello no era un partido, más bien era un monopolio. Es más, nadie se hubiera percatado en caso de que el colegiado hubiera prohibido utilizar la otra mitad del campo. El Atleti no la atravesaba y eso era un problema.
Si el Atleti fue noticia en todo el mundo por sus grandes incorporaciones en el mercado veraniego, esta semana lo ha sido por el bochornoso espectáculo que se vivió en el derbi. No se puede ser tibio en los asuntos en los que solo hay blancos o negros. El fútbol es un espectáculo y un lugar para disfrutar, no para que los energúmenos campen a sus anchas.
Di María jugó un gran partido. (EFE/Chema Moya)
La actuación de Di María
Quizás Simeone pensó que ese empate final le daría moral al equipo para salir airoso de la batalla de Lisboa. Pero vivieron una nueva tragedia en la que Oblak salvó lo que pudo. La presión de los lusos fue tan intensa que dio el efecto esperado: el mal despeje de Koke dejó a Artürkoglu mano a mano para definir a la perfección.
El Atleti despertó algo tras el gol, con internadas por las bandas, especialmente por la de Lino. Su centro-chut se fue al larguero poco después de que llegara la segunda mala noticia: la lesión de Marcos Llorente. El infortunio está directamente ligado a los colchoneros en sus visitas a Portugal. Por ahí también andaba Ángel Di María, al que no le queda ya ese ritmo eléctrico que otrora tenía.
El argentino, sin embargo, es ídolo en Portugal por algo. Tal vez sea esa entrega o esa fuente inagotable de calidad que brota de su zurda. Su pase a Artürkoglu fue casi un diseño de escuadra y cartabón, pero el remate del turco se estrelló en el poste. Se salvó el Atleti justo antes del descanso.
El plan de Simeone no surtió efecto. (Reuters/Violeta Santos)
Una justa goleada
Un pisotón de Gallagher le dio al Benfica el penalti y Di María no falló. Se convirtió, como en tiempos pasados, en la peor pesadilla del Atleti antes de marcharse sustituido con la ovación de todo el público. Es difícil que otras ciudades le traigan mejores recuerdos.
Bah marcó el tercero en un cabezazo solo mientras el banquillo colchonero escondía las caras ante semejante esperpento. Luego llegó el segundo penalti a favor de los lusos para que Kökçu certificara la goleada. Y confirma que los fantasmas de Lisboa todavía están presentes. Una década después.
Hay lugares a los que jamás se debe volver. Hay espacios que reabren heridas cerradas. O que se creían cerradas y que nunca sanarán. Lisboa es una ciudad de infausto recuerdo para el Atlético de Madrid. Y no conviene recordar lo que pasó, porque sería hacer sangre. Ante el regreso al Da Luz había dos opciones: sortear con efectividad el envite o sufrir una nueva caída por el precipicio. Y al Atleti, superado de principio a fin por el Benfica, le tocó lo segundo, en una derrota sin paliativos (4-0).