Vinícius, devorado por un gesto burlón grave y ser el azote de los árbitros españoles
Vinícius se excedió con un feo gesto al cuarto árbitro en su cambio en el partido contra el Alavés que evidencia un comportamiento contra los colegiados que no tiene límites
Vinícius protesta al árbitro Muñiz Ruiz en el partido contra el Alavés. (Reuters/Violeta Santos Moura)
Por
Ulises Sánchez-Flor
Vinícius saca el látigo contra los árbitros españoles. A ojos del estamento que imparte justicia en los campos de fútbol es un indisciplinado. El brasileño decide que va a por todas, sin límites, con el objetivo de liderar la campaña contra la violencia a los artistas del fútbol. Lo protesta todo, no hace caso a nadie, ni mide las consecuencias de sus gestos y aspavientos con el fin de demostrar que es uno de los grandes perjudicados del juego agresivo que sufren los regateadores. Para ello, si tiene que enfrentarse a los árbitros, seguirá adelante con sus reprimendas y burlas, como se vio en el partido contra el Alavés.
El brasileño no quiere pasar desapercibido en los partidos. Se siente capaz de todo. En el juego, con acciones técnicas brillantes que suma a su repertorio. Últimamente, se prodiga con el golpeo de exterior para asistir a los delanteros. A Rodrygo le dio un gol, de esta manera, en la remontada contra el Espanyol. Lo intentó de nuevo ante el Alavés, con otro pase más lejano a Mbappé. Vinícius sigue creciendo como futbolista, pero al mismo tiempo le está devorando su personaje rebelde, de guerrero.
Lo que hizo en el cambio contra el Alavés es la prueba de que el brasileño no tiene dos dedos de frente ni es capaz de medir las consecuencias. Tenía una tarjeta amarilla por protestar al árbitro Muñiz Ruiz una entrada de Mouriño. Es la tercera que ve esta temporada por hacer gestos que los colegiados castigan y califican como un menosprecio. Lo que sucedió en el cambio, en el minuto 90, es grave.
Vinícius se rio del cuarto árbitro en su cara, en el momento de salir del campo y ver que se añadían seis minutos de prolongación. No se contuvo con una actitud burlona y un gesto apuntando con el dedo a la tabilla electrónica. La rápida reacción del delegado Chendo, al quite, fue importante. Vinícius no puede hacer lo que le dé la gana.Ancelotti, en este sentido, le pide que vigile su comportamiento. Por lo que se ve, no hace caso a nadie. Pudo perjudicar a su equipo con una segunda tarjeta amarilla y perderse el derbi en el Metropolitano. Este gesto le hace daño a él y al Real Madrid.
Las personas que le rodean y asesoran le animan para que se convierta en un referente en la lucha contra el racismo. Es un jugador que ha sufrido diferentes episodios desagradables y lamentables en España, víctima y, a la vez, apoyado por su club y los diferentes organismos del fútbol con denuncias a instancias judiciales. Hay sentencias condenatorias que le dan la razón a Vinícius.
Una deriva peligrosa
El personaje de Vinícius coge una deriva peligrosa con calentones hacia los árbitros que, le guste o no, están castigados con amonestaciones por la normativa. Tiene sus razones para quejarse de una entrada que considera dura o por la reiteración de faltas. Lo que llama la atención es que no sea consciente de las consecuencias que tiene si se excede. Sus gestos son cada vez más agitados y vehementes. Vinícius se revuelve contra los árbitros sin filtro. Cada partido se expone a una tarjeta que se podía evitar si controla sus impulsos.
Lo que pide Vinícius es justicia y protección por la cantidad de faltas que le hacen. Algunas de ellas duras que no son sancionadas. En la pasada jornada vimos como a Lamine Yamal le dieron dos tarascadas en el partido contra el Villarreal, una de Sergi Cardona y otra de Ilias Akhomach, y el joven jugador del Barcelona ni protestó. A los jugadores hay que protegerlos de las acciones violentas y Vinícius también quiere liderar esta campaña.
El balance de Vinícius en las siete temporadas que lleva en el Real Madrid es de 33 tarjetas amarillas y una roja en la Liga. La expulsión en Mestalla, en el partido que denunció los insultos racistas, y después protagonizó un altercado con Hugo Duro. La tarjeta roja se la quitó con un recurso de apelación. En Europa es otro Vinícius. Le han mostrado 7 tarjetas amarillas y ninguna roja. Un jugador más calmado y centrado en el juego.
Vinícius saca el látigo contra los árbitros españoles. A ojos del estamento que imparte justicia en los campos de fútbol es un indisciplinado. El brasileño decide que va a por todas, sin límites, con el objetivo de liderar la campaña contra la violencia a los artistas del fútbol. Lo protesta todo, no hace caso a nadie, ni mide las consecuencias de sus gestos y aspavientos con el fin de demostrar que es uno de los grandes perjudicados del juego agresivo que sufren los regateadores. Para ello, si tiene que enfrentarse a los árbitros, seguirá adelante con sus reprimendas y burlas, como se vio en el partido contra el Alavés.