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Novecento vs. Centoventi, el partido que Pasolini perdió contra Bertolucci
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No era mal jugador

Novecento vs. Centoventi, el partido que Pasolini perdió contra Bertolucci

Pier Paolo fue aficionado del Bolonia. Durante su vida, siempre combinó sus dos pasiones, el fútbol y el cine. En sus viajes para rodar, era habitual que terminara rodeado de balones

Foto: Mural en recuerdo de Pier Paolo Pasolini en Nápoles. (EFE/Cesare Abbate)
Mural en recuerdo de Pier Paolo Pasolini en Nápoles. (EFE/Cesare Abbate)

Gianni Brera viste siempre americana y escribe en calzoncillos. Ninguno de sus compañeros de profesión (los que lo admiran, los que querrían quitárselo de en medio) lo ha visto jamás sin su traje, sin sus zapatos bien lustrosos, sin su pantalón con raya de tiralíneas. Pero más tarde, en la intimidad del cuarto, o de la casa, de quién sabe dónde, Gianni se desnuda, queda expuesto, reducido a un amasijo de carnes ridículas. Y escribe. Con una Olivetti pesada, antigua, regia como él. Escribe. Gianni fuma todo el tiempo. Pipa, pipas especiales que le mandan directamente desde la fábrica Brebbia, casi a orillas del lago Maggiore. "Es que me regalaban muchas quienes tienen a bien leerme", dijo, "pero uno tiene su propia pipa, sus gustos". Allí (la imagen... el hombre grande, con barba, Brebbia colgando de su labio inferior, la mirada fija en el folio) se crean frases y relatos. Brera lleva mucho escribiendo sobre deporte, sobre el Calcio, y uno ya no sabe si cuenta a su manera las cosas que ocurren o, por el contrario, son los acontecimientos quienes retuercen destinos para adecuarse a lo que Brera dictó sobre ellos. Pudo ser Hemingway y se quedó en Hemingway hablando de fútbol. Que no es poco.

"De todos los periodistas que escriben sobre deporte, únicamente respeto a Gianni Brera. Pero porque él hace otra cosa. Hace literatura". Puede parecer nada, solo un halago más. Cuenta cual Premio Nobel. Porque eso lo dijo, sobre Gianni, Pier Paolo Pasolini. Y Pier Paolo Pasolini no era hombre que regalase oídos.

Foto: Aurelio De Laurentiis, dirigente del Nápoles, y Andrea Agnelli, de la Juventus, en una imagen de archivo. (Reuters)

Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975) amaba el fútbol pero odiaba a los periodistas, que es una cosa de lo más sana. A ver, odiaba a los juntaletras, a los que rellenan crónicas con resultados, números, chorradas y clichés. Vamos, casi todos, para qué voy a andar yo engañando a estas alturas de la vida. Pero lo otro, la pelota... Dicen de Pasolini que jugó casi todos los días de su vida. Los tristes, los que no lo eran tanto (un poco triste siempre es vivir, supongo). Cuentan que, cuando iba de rodaje hasta lugares exóticos (hasta pueblos pequeños del Sahel, por ejemplo, hasta espacios salvajes en Oriente), siempre terminaba mezclado con los más jóvenes alrededor de un balón, cuatro piedras haciendo de porterías y demasiadas risas como para andar contándolas. Y que era bueno, además, porque los poetas grandes tienen algo de extremo, el clásico tío que siempre abusa gambeteando, el que vuelve sobre sí para buscar un último regate imposible en vez de chutar fuerte, raso, cerca del palo, gol, tres a cero, ya está...

Todo esto lo cuenta maravillosamente Valerio Curcio en 'El fútbol según Pasolini', una preciosidad traducida recientemente por Ernesto C. Gardiner para Altamarea Ediciones. Recomendable, oigan, tanto si les gusta Pasolini como si les gusta el tema este del Calcio...

placeholder Pier Paolo Pasolini, durante un rodaje en 1974. (Archivo)
Pier Paolo Pasolini, durante un rodaje en 1974. (Archivo)

Su afición por el Bolonia

Pier Paolo 'tifaba' por el Bolonia, porque los amores de niñez son, en estos casos, (casi) insoslayables. Pier Paolo 'tifaba' por el Bolonia, y le podían los nervios cuando entrevistaba a sus ídolos de juventud. A él, que jamás temblaron palabras de filo y polémica. En fin. Luego también fue de la Roma, porque Pier Paolo era de Bolonia, del Friul, pero también del Trastévere, y no podía ser Pasolini, no, hincha del Lazio, seguro que lo entienden, eso sí que no. Ah, en su juventud friulana fundó incluso un equipo, la Società Artistico Sportiva Casarsa, que si no es el nombre más hermoso que jamás tuvo escuadra alguna, yo ya no sé... Digamos que aquello era manifestación balompédica de una agrupación "artística" en la zona y viceversa. Vamos, que Pasolini quería financiar al equipo con representaciones teatrales y otros canales de entretenimiento. Un poco como el Twitter de Piqué, pero con la pasta para el tesorero. No funcionó, claro...

(Ah, también entrevistó a algunos futbolistas profesionales sobre su relación con el sexo. Aquello resultó... bueno, un pelín chasco. Digamos que las respuestas eran algo así como "ehhhh, bueno... yo...", "es uno contra uno, no hay rival pequeño" o "estoy a disposición del equipo". Vamos, que no busquen ustedes 'sesudismos' en el gremio, porque haberlos haylos, pero el porcentaje de iletrados con 'hashtag' es mucho mayor).

Y luego está lo otro.

Lo otro.

El partido, el partido mayúsculo.

Con mirada objetiva... oye, igual el partido más grande de todos los tiempos. Vale, hay que ser algo esnob para defender la tesis, pero aquí hemos venido a ser algo esnobs. Amigos, están leyendo un artículo sobre Pasolini y el fútbol, no finjan ahora...

Novecento vs. Centoventi.

Veamos.

placeholder Exposición de la película 'Las mil y una noches' de Pasolini. (EFE)
Exposición de la película 'Las mil y una noches' de Pasolini. (EFE)

¿Elitista o burgués?

A Pier Paolo le caía regular Bernardo. Pasolini, Bertolucci. Decía que era elitista, que era un burgués, que se alejaba intelectualmente del pueblo con una forma artificial y artificiosa. Criticó duramente 'El último tango en París'. A ver, duramente... dejó escrito que prefería el estilo viejo de Bernardo, el de 'La commare secca,' por ejemplo. Lo peor que le puedes decir a un artista... que da pasos hacia atrás. Así que estaba Bertolucci picadete con Pier Paolo, y Pier Paolo andaba siempre a la contra del mundo, porque la polémica era oxígeno para él. Y en estas van, y coinciden...

Marzo de 1975. Pasolini está en Mantua, rodando la que será su última película. 'Saló o los 120 días de Sodoma'. Marzo de 1975. Bertolucci está en Parma, rodando 'Novecento'. Coinciden. Trabajadores, técnicos, los mismos artistas. Tan pocos kilómetros, tan todo al ladito de todo. El maestro, el antiguo pupilo que saltó a rodar por su cuenta tras ser asistente en Accattone. 16 de ese mes, Bernardo cumple 34 años. Ha superado al Cristo, hemos de celebrar, celebrar todos. Se cambian invitaciones, habrá cena, habrá tarta, habrá fiesta. Y entonces alguien lanza. Eh, es una idea loca, pero ¿y si?...

placeholder El cineasta Pier Paolo Pasolini. (Dominio público)
El cineasta Pier Paolo Pasolini. (Dominio público)

Un partido.

Un partido de fútbol. Uno que enfrente a los miembros de una y otra peli. Sí, suena bien. Peligroso, para qué negarlo, porque ya saben ustedes lo competitiva que es esta gente. Campo de la Cittadella, donde entrena el equipo profesional del Parma, donde dará sus primeros trazos Arrigo una década más tarde. Se conocerá como el Novecento contra Centoventi. Será mítico.

Hasta aquí... una historia chula, casi anécdota para contar a los nietos. Sucede que no. Que hubo más. Feo, oscurísimo, humano. Cómo no.

Los actores, no profesionales

Porque había diferencias. Diferencias de todo tipo. La peli de Pasolini era proletaria, usaba actores no profesionales, trabajaba con pocos medios para aumentar realismo. Los otros, los de Bertolucci... bueno, les llamaban 'sombrerones', porque iban al curro de punto en blanco. Y, al filme, 'Novelento', tenían tanta pasta que avanzaban sin ninguna prisa. Sí, era un partido ideológico. Incluso estético, si quieren. El friulano quería ganar a la película rica. Y Bernardo puso de su parte para que la representación fuese lo más fiel posible.

Desde el banquillo, ojo, porque él no jugó. Tenía 20 años menos que Pasolini, pero... Pier Paolo sí, Pier Paolo saltó al campo. Con su camisa bien planchada, como siempre. Con sus botas reluciendo, como siempre. Para trotar por el frente de ataque. Para fintar como fintan los últimos versos de cada poema. Para abandonar el césped, también, sin que acabase el partido. Ya verán, ya...

placeholder Platini fue, con Maradona, la gran estrella de los ochenta. (EFE/Alessandro Crinari)
Platini fue, con Maradona, la gran estrella de los ochenta. (EFE/Alessandro Crinari)

(Centoventi iba de azulgrana, como el Bolonia de Pier Paolo. Novecento tenía camisetas creadas para la ocasión por Gitte Magrini, diseñadora de vestuario. Violetas, franja diagonal de color amarillo. Medias multicolores. Decían que eso confunde al adversario).

Bertolucci, en 1982, recordaba aquella tarde. De forma un poco particular, pero la recordaba. "Ganábamos por 19 goles a 13 y Pasolini se marchó porque sus compañeros no le pasaban la pelota". Ya ven, calmando ánimos, echando pestes del amigo que no está. Falso. Clara Peploe rodó parte de aquel partido, y recogió el resultado cierto. Novecento 5-Centoventi 2. En las imágenes sale, incluso, uno de los jugadores del Novecento haciendo el gesto de la manita...

Los enfados de Pasolini

Solo que... faltan contextos. Y detalles. A qué tanta superioridad, a qué el enfado de Pasolini. Lo primero... fácil. Lo contaba, años más tarde, Decio Trani, técnico de sonido en la peli de Bertolucci. Que su equipo era una banda, que nadie sabía patear la pelota. Que se hizo un 'scouting' sobre los Centoventi y las conclusiones resultaban penosas. Masacrados, vais a salir masacrados. Así que actuaron como uno esperaría que actuasen. El director de producción contrató, chicos para todo, a dos jugadores del Parma Juvenil. Pum, fichaje de invierno. En fin, si no es hacer trampas, se le parece mucho. Que este subterfugio lo usasen 'los burgueses' no hace sino ponerle colorcillo al tema...

Pero... la espantada de Pasolini. ¿Por qué? Pues... por lo que se van a veces los 'cracks' del rectángulo, amigos. Porque lo inflaron a hostias. Seguía recordando Trani. Que parecía Johan Cruyff, que volvía loco a medio Novecento. Así que se acercó a Barone, técnico de cámara. Hay que parar a este como sea. Pum, otro gambeteo, otra cintura rota. Como sea, repitió. Patada, cuerpo en tierra, el poeta que se retuerce. Trani se reía recordándolo. Por poco lo mata, pero ya no pudo volver. Y remontamos.

placeholder Exposición en Irán sobre Pasolini. (EFE/Jaime León)
Exposición en Irán sobre Pasolini. (EFE/Jaime León)

Macho, me dicen que había un guion y me lo creo...

Final, y... tercer tiempo. Primero en plan amistoso. Una copa que se entrega a Bernardo Bertolucci, una tarta con forma de claqueta que 22 tíos sudorosos comen manchándose como cerdos (o como niños felices). Después... la cena. El productor de Novecento invitó a todos a un restaurante en los alrededores de Parma. Mesas separadas, miradas que se cruzan. Digamos que uno no puede ganar haciendo todo tipo de trampas y luego pretender que haya 'jijís y jajás' a los 10 minutos. Silencios espesos, tensión. Pasa que Bertolucci maneja un poco regular lo de la distensión pública y no se le ocurre otra cosa que pedir una botella de Dom Perignon, llenar la copa que le habían dado esa misma tarde (la Copa Novencento-Centoventi) y enviarla a la otra mesa, "para que los señores beban". Ya ven, un cachondo. Algunos siguieron la chanza, otros, la mayoría, no. Pasolini no se mojó los labios...

Ocho meses más tarde, encontraron su cuerpo agonizante cerca de Roma. Falleció en el Balneario de Ostia, un dos de noviembre. El de Parma no fue su último partido de fútbol 'serio' (jugó con la Selección Nacional de Artistas en Trapani, mayo de 1975), pero sí constituye un epílogo eficaz sobre cierta forma de ver el cine, la vida. El fútbol.

Gianni Brera viste siempre americana y escribe en calzoncillos. Ninguno de sus compañeros de profesión (los que lo admiran, los que querrían quitárselo de en medio) lo ha visto jamás sin su traje, sin sus zapatos bien lustrosos, sin su pantalón con raya de tiralíneas. Pero más tarde, en la intimidad del cuarto, o de la casa, de quién sabe dónde, Gianni se desnuda, queda expuesto, reducido a un amasijo de carnes ridículas. Y escribe. Con una Olivetti pesada, antigua, regia como él. Escribe. Gianni fuma todo el tiempo. Pipa, pipas especiales que le mandan directamente desde la fábrica Brebbia, casi a orillas del lago Maggiore. "Es que me regalaban muchas quienes tienen a bien leerme", dijo, "pero uno tiene su propia pipa, sus gustos". Allí (la imagen... el hombre grande, con barba, Brebbia colgando de su labio inferior, la mirada fija en el folio) se crean frases y relatos. Brera lleva mucho escribiendo sobre deporte, sobre el Calcio, y uno ya no sabe si cuenta a su manera las cosas que ocurren o, por el contrario, son los acontecimientos quienes retuercen destinos para adecuarse a lo que Brera dictó sobre ellos. Pudo ser Hemingway y se quedó en Hemingway hablando de fútbol. Que no es poco.

Pier Paolo Pasolini
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