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Cuando la fisonomía de Hazard es objetivo de las burlas: "¡gordito, te hinchas a Phoskitos!"
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los cánticos ofensivos al belga

Cuando la fisonomía de Hazard es objetivo de las burlas: "¡gordito, te hinchas a Phoskitos!"

Hay mofas con el aspecto físico de Hazard, un jugador que arrastra fama de no cuidar su dieta porque un día reconoció que le chiflan las hamburguesas y no entró bien en el Real Madrid

Foto: Eden Hazard con gesto de concentración antes de empezar un partido. (REUTERS/Juan Medina)
Eden Hazard con gesto de concentración antes de empezar un partido. (REUTERS/Juan Medina)

A los estadios se va a disfrutar del espectáculo, a animar a tu equipo y meter presión a los rivales. Hay muchas maneras de poner nervioso al adversario, de hacerle perder la concentración y minarle la moral. Lo habitual que se escucha en las gradas suelen ser insultos. La agresión verbal es recurrente. El uso del improperio es contundente. “¡Rafa muérete!”, gritaban en el estadio de La Romareda a Rafa Mir, con vehemencia, en el partido de Copa del Rey entre el Zaragoza y el Sevilla. El pecado de Rafa Mir es haber jugado en el Huesca.

Pero también se puede humillar con una ofensa. Esto es lo que le sucedió a Eden Hazard en el partido copero contra el Alcoyano. “¡Hazard, gordito, te hinchas a Phoskitos!” es el cántico con el que recibieron al belga un grupo de aficionados que pretendieron ridiculizar al futbolista.

Hazard dirigió la mirada a la grada, escuchó su nombre, enseguida comprendió que no le estaban animando e hizo un gesto de no entender qué tipo de cántico le dedicaban. Algo malo estaba sucediendo. El Collao era hostil. El belga, probablemente, no sabría qué es un Phoskito (pastelito de bizcocho tierno con relleno de leche y cubierto con una capa de chocolate con leche y en forma de espiral).

Foto: El tenista serbio Novak Djokovic, durante un partido. (Reuters/Lucy Nicholson)

El público rival se ríe de la fisonomía de Hazard, de un jugador que arrastra fama de no cuidar su dieta porque un día reconoció que le chiflan las hamburguesas y no llegó en buena forma física al Real Madrid. Cuando cogió un mejor aspecto, ritmo de competición y parecía ir como un tiro, se produjo la fatídica lesión del tobillo. El problema de Hazard no es su fisonomía. Está en su cabeza. Lo reconoció Carlo Ancelotti tras el partido contra el Alcoyano cuando dijo que tiene que tener más confianza en el uno contra uno y apuntilló: “Ojalá pueda volver pronto a su mejor nivel”.

Arrastra una mala fama

Hazard, que este viernes cumplió 31 años, también sufre con las críticas de los aficionados del Real Madrid que ven en él un comportamiento poco profesional. No estaba fino en sus primeros partidos. Había que darle tiempo. Todos necesitan un tiempo de adaptación. Todavía critican su aspecto físico cuando no consigue desbordar, generar peligro y se dice de él que ‘no se va de nadie’. Es un futbolista que arrastra el miedo de una grave lesión, con sus recaídas, y la fama de estar ‘gordito’.

¿Es recuperable la mejor versión de Hazard? Es el interrogante que persigue al belga y el que se siguen haciendo en el club. Para el Real Madrid es urgente que consiga hacer un gran partido, uno de esos en los que un jugador da un golpe en la mesa y hay un punto de inflexión. Pero no llega y esto produce frustración en el belga y resignación en el entrenador.

placeholder Eden Hazard durante el partido entre el Getafe y el Real Madrid
Eden Hazard durante el partido entre el Getafe y el Real Madrid

Ancelotti intenta activar a Hazard. En los últimos cuatro partidos (Cádiz, Athletic, Getafe y Alcoyano) le ha dado la titularidad en tres de ellos y solo se ha visto una leve mejoría. Fue suplente contra el Getafe, pero le sacó en el descanso como revulsivo. El balance no es positivo. El belga lo intenta, tiene ganas, pone actitud, pero le falta inspiración y el gol.

Las comparaciones son inevitables y Hazard sale perdiendo en todas con Vinicius, Rodrygo y Marco Asensio. En el físico y en las estadísticas. Vinicius es un avión, aguanta lo que le eches, desborda y tiene momentos de gloria como el golazo del triunfo que marcó al Sevilla en el Bernabéu. Esto es lo que necesita Hazard para creer que ha vuelto y es recuperable. El belga lleva 16 partidos (724 minutos) en lo que va de temporada y no ha marcado ningún gol. Solo dos asistencias. Vinicius en 25 partidos (2.047 minutos) lleva 12 goles y 7 asistencias. Si nos vamos a Rodrygo son 22 partidos (951 minutos) con 2 goles y 3 asistencias. Pero si miramos a Marco Asensio, otro que suele estar discutido por su irregularidad, son 21 partidos (887 minutos) con 7 goles y una asistencia.

Foto: Ocampos en el partido contra el Betis en el Villamarín. (EFE/José Manuel Vidal)

Ancelotti tiene un buen lío con Hazard. Necesita enchufarlo. En lo deportivo es un jugador con calidad y experiencia y en lo institucional es un activo con un alto coste. Prima el rendimiento deportivo y aquí sale perdiendo Hazard con la competencia. Lo que le faltaba son las mofas del Phoskito. No consigue que desaparezcan las burlas sobre sus kilos. No será porque no lo intenta. Hazard es más disciplinado y profesional desde que está Antonio Pintus, el jefe de la parcela física, pendiente de su peso y su forma. Ha mejorado en velocidad, agilidad y ritmo. Pero necesita algo más. Un gol, cariño, elogios… para resurgir.

El escenario sigue siendo adverso cuando comprueba que encara, le cuesta superar rivales, dar profundidad al juego y finalizar jugadas. Hazard sufre la dureza de los marcajes. Se comprobó en Getafe con la intensidad en el marcaje del uruguayo Mauro Arambarri. Le perjudica que el equipo esté espeso cuando tiene enfrente rivales que se cierran y no dejan espacios, como el día del Cádiz. Parece estar más cómodo con espacios para correr, como se vio en San Mamés.

Le falta hacer una faena redonda. Sonada para cambiar las burlas por los elogios y poder empezar a creer que, con solo 31 años, es un jugador que, por su calidad y oficio, tiene presente y futuro en el Real Madrid.

A los estadios se va a disfrutar del espectáculo, a animar a tu equipo y meter presión a los rivales. Hay muchas maneras de poner nervioso al adversario, de hacerle perder la concentración y minarle la moral. Lo habitual que se escucha en las gradas suelen ser insultos. La agresión verbal es recurrente. El uso del improperio es contundente. “¡Rafa muérete!”, gritaban en el estadio de La Romareda a Rafa Mir, con vehemencia, en el partido de Copa del Rey entre el Zaragoza y el Sevilla. El pecado de Rafa Mir es haber jugado en el Huesca.

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