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Ángel Cappa: "La Quinta del Buitre rompió con el fútbol de raza, esa estupidez franquista"
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Un intelectual en el fútbol

Ángel Cappa: "La Quinta del Buitre rompió con el fútbol de raza, esa estupidez franquista"

De sus andanzas con Valdano a la explosión del fútbol moderno, el entrenador argentino Ángel Cappa atiende a El Confidencial para repasar su carrera en los terrenos de juego

Foto: Cappa, en una imagen de archivo. (GETTY/Richard Rad)
Cappa, en una imagen de archivo. (GETTY/Richard Rad)

Ángel Cappa (Bahía Blanca, Argentina, 1946) fue futbolista y es entrenador, escritor, comentarista, conversador. Y una figura representativa entre los considerados intelectuales del fútbol. Su carrera como técnico empezó en Banfield en 1985, aunque la abandonó momentáneamente en 1991 para ser el segundo de Valdano en el Tenerife. Y más tarde en el Madrid. El Confidencial ha contactado con él, a fin de hablar del juego y recordar su etapa en el equipo blanco.

La pareja compuesta por Jorge Valdano y Cappa llegó al Madrid en 1994. El equipo ganó la Liga esa misma temporada, cuando llevaba cuatro sin hacerlo. Aun así, ambos técnicos fueron despedidos pocos meses después. "Quiero decir que seguimos creyendo en esta forma de jugar al fútbol, a pesar de que ella nos haya apartado hoy del banquillo del Real Madrid", sentenció el día de su despedida.

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PREGUNTA. ¿Cuál es esa forma de jugar que lo apartó del Real Madrid? ¿Cuál es el fútbol de Cappa?

RESPUESTA. Yo siempre traté de que mis equipos jugaran siendo fieles a todos aquellos jugadores y equipos que me emocionaron. Estos referentes son muchísimos. Para empezar, Eduardo Villar o Enrique Espejo, grandes jugadores de mi ciudad, Bahía Blanca. Las conversaciones en la peluquería de mi padre con sabios del fútbol. El Huracán de 73, con Brindisi, Babington, Housseman... Las charlas que mantuve con jugadores históricos, que algunos fueron entrenadores, como Pedernera, mi ídolo Ernesto Grillo, Sívori, Maschio o Alfredo Di Stéfano acá en Madrid. En España yo iba a ver al equipo de La Quinta del Buitre, que era maravilloso. Fue el primero que rompió con el fútbol de raza, esa estupidez franquista que se decía. Pero, sobre todo, me nutrí de las conversaciones con Menotti.Como te digo, el fútbol tiene que pasar por la emoción y el juego es una motivación para ella. No es lo mismo un pase de Iniesta que el de alguien que le pega con el tobillo, por más que el destino de la pelota sea el mismo.

P. Pero hay quien disfruta del balón largo y la lucha por la segunda jugada, que poco tiene que ver con esos futbolistas que cita. Pienso en los irlandeses con aquella selección de Jack Charlton, por ejemplo.

R. Es cierto eso que me dices. Hay gente que se emociona con la música de Julio Iglesias. Ahí ya no tenemos nada que hacer. Si el tipo se emociona con eso, pues que lo disfrute. A mí me emociona lo que primero te enseñaban en el barrio: la técnica, el dominio de la pelota... Lo segundo es el conocimiento del juego: saber cuándo dar un pase a la izquierda o a la derecha, cuándo hacer una pausa… Pero todo siempre a partir del talento. Porque la táctica tiene un límite, pero la creatividad siempre es nueva.

P. Precisamente el Madrid que ustedes cogen viene de ser entrenado por Benito Floro, a quien le decían el Sacchi español, partidario de lo que se etiquetaba como "tacticismo".

R. Benito Floro privilegiaba la táctica antes que el jugador, sin duda. En una conversación, el propio Floro me dijo que para él era lo mismo Redondo que cualquier otro cinco que distribuyera. Y para mí no era lo mismo, sino muy distinto. Él pensaba que la táctica es lo fundamental y yo pienso que el fútbol empieza por el jugador.

placeholder Cappa sostiene que fue Menotti el entrenador del que más aprendió. (Reuters/J. G. Toledo)
Cappa sostiene que fue Menotti el entrenador del que más aprendió. (Reuters/J. G. Toledo)

P. Entonces, ¿qué peso tiene la táctica?

R. Está claro que se parte de un orden, ya que no se puede crear desde el desorden. Algún sabio dijo que no hay arte sin disciplina. Pero la táctica es adaptable. Si se tienen extremos, pues se juega con extremos; si no se tienen, pues no es necesario. Por ejemplo, en Huracán jugué con dos enganches porque eran los mejores futbolistas. El primer consejo que me dio Menotti cuando empecé a entrenar, fue: "Ángel, los mejores adentro de la cancha y luego ya veremos cómo nos organizamos".

Hace poco escuché a Lavolpe decir que, con él, Riquelme no jugaba. Lavolpe también es un tacticista, él mismo se dice enamorado de la táctica. Yo soy de idea contraria a ellos. Pero, a fin de cuentas, son diferencias dentro de un fútbol que apuesta por el buen juego y por ser ofensivos. Esto es lo que me une a Floro, Sacchi y Lavolpe. O actualmente a Bielsa, que dirige equipos honestos, que tratan de jugar y van al frente. Hay diferencias entre ellos y yo, pero al final nos une la voluntad por producir cosas. No esperar a que el rival se equivoque para aprovechar su equivocación, sino intentar producir el fallo de rival. Y Panzeri decía que el fútbol es bueno o malo, no más.

"Ángel, los mejores dentro de la cancha y luego ya veremos cómo nos organizamos"

P. Sin embargo, nunca negoció la marcación en zona con línea de cuatro defensores, que también es táctica.

R: Porque la zona se refiere a los espacios, y uno trabaja de acuerdo a los espacios. El fútbol es cómo cubro los espacios y cómo manejo los tiempos. Si yo marco al hombre, la marca decide sobre el espacio, llevándome al marcador hacia donde quiere. Además, si yo tengo a un volante como Busquets y lo hago marcar al hombre, cuando recupero el balón Busquets aparece en la otra punta y ya no puede ser el centro de la gestación. Como le ocurrió al Barcelona de Xavi contra el Villarreal en el partido de Liga, que marcando al hombre fue una desorganización total y un descalabro. En cuanto a la línea de cuatro en el fondo, siempre la usé porque los laterales me parecen importantísimos para la defensa y también para la creatividad. Y esto lo demuestra históricamente Brasil. Al menos desde el 58, con Djalma y Nilton Santos.

P. Además del achique de espacios con la trampa del fuera de juego, que popularizó Menotti y usted siempre trabajó.

R: Precisamente, en el Real Madrid yo era el encargado de trabajar con los ocho futbolistas de la defensa. Entrenaba el achique, el fuera de juego y la salida de balón. El achique significa tratar de reducirle la cancha -los espacios- al rival cuando tiene la pelota, para que no le dé tiempo a pensar. Sobre todo con grandes jugadores, esto es fácil de trabajar. Por ejemplo, cuando el rival da un pase atrás, se achica en grupo hacia esa zona. Y el fuera de juego es una consecuencia de la presión y el achique. Si yo voy a presionar arriba, no puedo dejar mi línea de fondo a la altura del arquero, sino que también tiene que ir a achicar hacia delante para que el equipo sea corto. Entonces, si los de arriba no pueden recuperar la pelota, el retorno no les será eterno, sino igualmente corto. Pero sucede que en ocasiones hay que presionar arriba, aunque otras hay que replegarse y achicar hacia atrás, también para reducir el espacio al rival haciendo el equipo corto. El fútbol es todo: a veces horizontal, otras vertical, lento o rápido. Hay que saber manejar todo.

P. Esa salida de balón que usted preparó, ¿es similar a la que se ve de un tiempo a esta parte?

R. Cuidábamos la salida de balón, por supuesto. Pero no era como actualmente, que parece copiada. La salida de fondo que se ve ahora dicen que la inventó Lavolpe, pero la difundió Guardiola. Aquello funcionó cuatro o cinco años, pero luego ya no. No es normal la cantidad de goles que conceden los equipos a causa de ello. Y es que la táctica sí se puede contrarrestar. Nosotros teníamos variantes para salir jugando: salíamos por derecha, por izquierda… Por ejemplo, había una jugada para cuando nos marcaban al distribuidor hombre a hombre. Entonces, Redondo iba hacia el lateral que tenía la pelota, arrastraba la marca y en ese momento el lateral la tiraba por encima de Redondo y allí aparecía un central, que era quien iniciaba el juego. Otras veces Redondo se tiraba atrás y en el medio aparecía un lateral.

Ahora yo veo que hay una copia absoluta por los entrenadores. Como sucede con la idiotez de tirar un tipo detrás de la barrera. Eso es necesario que se haga cuando chuta Messi y poco más, pero los equipos lo hacen con cualquiera.

placeholder Cappa fue el segundo de Valdano. (EFE/Rodrigo Jiménez)
Cappa fue el segundo de Valdano. (EFE/Rodrigo Jiménez)

P. Hablando de aquel Madrid, antes hay que decir que, para dirigir en España, usted se unió a Jorge Valdano, otro declarado 'menottista'.

R: Después de ser jugador, Valdano había probado distintas cosas para encontrar nueva actividad. Entonces nos vimos y me propuso ir juntos a entrenar. Él no tenía ninguna experiencia y yo ya había entrenado en Primera en Argentina. Con tu puedo y con mi quiero, vamos juntos, compañero, dice Benedetti en un poema.

P. Sin embargo, en España la imagen del entrenador fue Valdano.

R. Eso era por el nombre, naturalmente. Valdano había sido un jugador muy conocido y a mí en España no me conocía nadie. Para entrar en casa tenía que enseñarle a mi mujer el carné de identidad. Yo accedí a esos lugares porque estaba junto a Valdano, si no seguiría en Argentina. Pero, al principio, Jorge no tenía idea de cómo organizar un equipo o los entrenamientos. Eso te lo da la experiencia. Aunque, a pesar de no tener conocimiento de cómo entrenar sí lo tenía del fútbol, se fue haciendo rápido con todo ello.

P. Y de cara a la plantilla, ¿actuaban como primer entrenador y asistente, con papeles diferenciados, o puede decirse que compartían labor y estatus?

R. Eso habría que preguntárselo a los jugadores, pero yo creo que funcionábamos igual. Las charlas las dábamos juntos. El entretiempo, también. Los entrenamientos nos lo dividíamos, él se encargaba de una tema y yo de otro. Funcionábamos muy bien y nos divertimos mucho. Hasta que la unión se terminó.

P. Hábleme de la planificación de su primer Real Madrid, el de la temporada 94/95.

R. En relación a los fichajes, Laudrup y Quique Flores, que eran futbolistas buenísimos, llegaron con el pase. El único jugador que pedimos fue Redondo, que había estado con nosotros en Tenerife. Pero hubo bastante resistencia por parte de los directivos, que querían traer en su lugar a Simeone. Pero Simeone era un número ocho y para eso teníamos a Míchel. Nosotros pensábamos que Redondo era el eje del fútbol que pretendíamos y que Simeone no se correspondía con las necesidades del equipo. Fernando era un cinco argentino, al estilo 'Pipo' Rossi, de River, o del 'Fatiga' Russo, del Huracán del 73. Futbolistas que eran el eje de la jugada. También teníamos a Milla, un muy buen jugador. Pero Redondo era un crack, ahí estaba la pequeña diferencia. Fernando fue la clave para que ese equipo llegara a ser lo que fue.

placeholder Redondo, en un partido de veteranos del Madrid. (EFE/Víctor Lerena)
Redondo, en un partido de veteranos del Madrid. (EFE/Víctor Lerena)

P. Y descartaron a Zamorano para traer a Cantona.

R. En lo de Cantona yo tengo toda la culpa. A mí me parecía que, tanto por su juego como por su personalidad, tenía que ser del Real Madrid. Hablamos con él y estaba de acuerdo. Pero el Manchester dijo que era intransferible y no contestó más. Por su parte, Zamorano estaba descartado por limitación de extranjeros. Desde el principio se comportó como un ejemplo. Yo fui el encargado de decirle que no contábamos con él porque queríamos relevarlo por Cantona. Me contestó que no se iba, que trataría de ganarse el puesto. Pero no lo dijo desde el enfado, sino desde la naturalidad y en positivo. Entonces, en los amistosos de pretemporada lo poníamos suplente y cada vez que entraba era gol de Zamorano. Llegó el momento en que le dijimos: "No solo vas a ser titular, sino que vas a ser la bandera de este equipo". Al final, marcó alrededor de 30 goles, muchos de ellos importantes.

"Sanchís y Hierro formaban la mejor pareja de centrales españoles que he visto"

P. ¿Cómo fue su Real Madrid?

R. Ante todo fue un equipo basado en los grandes jugadores y en el manejo de la pelota. Atrás estaban Lasa en la izquierda, que era muy cumplidor, y Quique en el lateral derecho. Luego formaba la mejor pareja de centrales españoles que yo he visto nunca, compuesta por Sanchís y Hierro. Primero porque eran grandísimos jugadores y luego porque se complementaban. Manolo era rápido en las distancias cortas e impasable en el mano a mano, además de que salía regateando como si fuera Romario. Hierro no era rápido pero sí intuitivo, y tenía un pase largo extraordinario. Esto no es en desmedro de otras grandes parejas, como Piqué-Puyol o Piqué-Ramos.

En el centro del campo, Míchel jugaba en derecha y por izquierda Luis Enrirque, que era uno de los pocos jugadores polifuncionales. O Martín Vázquez, que era un crack. A veces también Amavisca, que otras jugaba de delantero. Teníamos a Laudrup de enganche, que era el nexo de todo. Al último toque le daba criterio de gol. Recuerdo que nos criticaban porque decían: "Si juegan Martín Vázquez, Redondo, Míchel y Laudrup, ¿quién recupera?". Y yo contestaba: "No le daremos la pelota al rival". Arriba jugábamos con dos delanteros, Zamorano y Raúl, que apareció esa temporada. Alfonso se había lesionado y Butragueño fue el principal afectado por la irrupción de Raúl. Supongo que le molestó nuestra decisión de que no jugase, pero la aceptó con hidalguía y fue un ejemplo de comportamiento para el resto.

P. Más allá de Raúl, creo que en el Real Madrid hicieron un notable trabajo de cantera.

R. Ese trabajo yo ya lo hacía en Argentina y fue también por inspiración de Menotti. Cuando vine a Madrid lo apliqué en compañía de Ángel Félix, que había estado conmigo en Banfield o Boca y estaba en nuestro cuerpo técnico. Seleccionaba los mejores futbolistas de las categorías inferiores, hasta juveniles, y con ese grupo trabajábamos. De vez en cuando también se unía Valdano. Entrenábamos una vez por semana con ellos y jugábamos contra los equipos locales, el Leganés o el Getafe. Le daban cada baile que era una cosa maravillosa. Lo cierto es que salieron grandes jugadores con ese método, no solo para el Madrid. Contreras o Riverita, por ejemplo. Yo siempre digo que nada más con Raúl y Guti nos pagamos el sueldo y sobró dinero. Ese trabajo no se continuó en el Madrid. Y es increíble, porque solo fue un año y medio y fíjate la de jugadores que salieron.

P. Volvamos a esa propuesta de juego de "manejo de la pelota". ¿Cambiaba según el rival o, como decía Menotti, "un equipo es siempre una idea"?

R. Nosotros teníamos nuestro estilo y no cambiábamos nunca. Como todo los grandes equipos de la historia de fútbol, por otra parte. Solo algunas características puntuales, ya que los rivales son distintos. Pero eso no hace falta ni trabajarlo porque los propios jugadores ya lo saben. Si en el Barça está Guardiola, pues ya sabes que no hay que dejarlo tocar. Si el rival tenía a Bebeto, sabías que esquivaba particularmente bien el fuera de juego. ¿Sabés qué hacía Bebeto? Iba hacia la pelota y giraba de golpe para desmarcarse, entonces atraía a un rival y luego lo superaba. Nosotros lo sabíamos y avisábamos a nuestros jugadores, diciéndoles que uno fuese con el brasileño y otro se quedase, para encontrárselo en el momento del giro. Pero solo cositas así, que son de cajón. Esto lo digo como defecto: nunca hablé de los rivales, me fijé solo en mi equipo. Y me fue bien y me fue mal. Como a todos, como a los que sí analizan al rival.

placeholder Raúl, tras ganar la Youth League. (EFE/Jean-Christophe Bott)
Raúl, tras ganar la Youth League. (EFE/Jean-Christophe Bott)

P. Por tanto, del estudio estadístico, que ya estaba presente como innovación en los años noventa, mejor ni hablamos.

R. Escúchame: la tecnología no tiene absolutamente nada que ver con el fútbol. No sirve para nada. La tecnología cuantifica y compara; el fútbol no es cuantificable. Como decía El Principito: la esencia de la vida es otra cosa. El fútbol es otra cosa. En la esencia, se juega bien o se juega mal. Si me dan un porcentaje de pases, a mí no me sirve, porque yo necesito saber la calidad del pase, no el número. El fútbol es arte, como la literatura o la pintura: no se puede cuantificar. Cuando le preguntaban sobre la perspectiva del partido, Bianchi contestaba: "Será según se despierten los jugadores". Esa es finalmente la única verdad.

P. Si no se incide demasiado en la táctica ni en el estudio del rival o de los datos, ¿qué hay que entrenar para mejorar a los futbolistas y al equipo?

R. Sobre todo hay que trabajar los conceptos. Para mí, hubo dos entrenadores revolucionarios en la historia. Primero Rinus Michels con la táctica, porque achicó los espacios y por lo tanto el tiempo que el rival tenía para pensar. Y el otro fue Menotti con los conceptos. Entrenar en base a los conceptos del fútbol, a las acciones del juego, no hacerlo en relación a otros aspectos. El concepto es lo que explica y aclara una situación. En fútbol y en cualquier disciplina. Por ejemplo: yo toco tres o cuatro veces por derecha para atraer y distraer al rival, entonces un lateral o un volante pica por izquierda y ahí le va el pase. Quién pica por izquierda no se puede prever, porque el partido es otra cosa. No se pueden planificar las jugadas, pero sí trabajar el concepto.

"Hay dos entrenadores revolucionarios en la historia, Michels y Menotti"

P. Usted enseñaba a los futbolistas conceptos que quizá desconocieran, me dice.

R. Yo no enseñaba nada al jugador. Nosotros le ayudábamos a descubrir las cosas de manera más sencilla. Como decía Pablo Freire: nadie enseña y nadie aprende, sino que el maestro y el alumno descubren cosas juntos. Por ejemplo, de Chendo fui yo quien descubrió un concepto defensivo. En el momento que tirábamos el achique Chendo iba hacia el delantero y, cuando estaba cerca, frenaba y se iba hacia la portería. Entonces, si el delantero la tiraba larga para sobrepasar el achique, Chendo ya le llevaba ventaja de espacio.

En cuanto a conceptos ofensivos, hay muchísimos. Por ejemplo: de espaldas se juega a un toque, porque el rival lleva ventaja. Otro concepto: si yo voy corriendo con la pelota y el rival me sigue, tengo que amagar, hacer una pausa como hacían Gento o Cruyff, y luego seguir. Esa pausa que yo controlo hace que mi carrera, aun con balón, se vuelva más rápida que la del oponente. También: cuando yo voy corriendo hacia el área y me viene un rival, la pelota la tengo que tirar larga, no llevarla pegada al pie, así no la podrá alcanzar y, si me entra, seguramente sea en falta. Ese es otro concepto. O una situación de ataque que hoy se da mucho y no se defiende bien. Cuando el extremo corta y se mete hacia adentro con el balón y lo conduce paralelo a la raya del área, todos los defensores tienen que salir hacia él, no guardar la zona y dejar que chute. Así le bloqueo el disparo y también le inhabilito el pase, porque el achique dejaría a sus compañeros en fuera de juego. Así se hubiese evitado el gol de Vinicius al Sevilla, por ejemplo.

P. Su Real Madrid jugó un fútbol de manejo fabuloso. Tanto como para devolver el 5-0 al Barça de Cruyff y ganar la Liga. ¿Qué sucedió de la noche a la mañana?

R. La primera temporada había un ambiente magnífico. Fue el único equipo en el que salía a los partidos sin la sensación de que fuésemos a perder. La segunda se torció por muchas razones. En primer lugar porque había que hacer una renovación de la plantilla, tal como la habíamos planteado nosotros, y no se pudo. Ese equipo había llegado a un límite, según pensábamos nosotros. Pero el Madrid no compró a los jugadores que necesitaba, sino a los que económicamente pudo. El único fichaje de los que pedimos nosotros fue Freddy Rincón, que vino por tres pesos. Era un grandísimo jugador. Un jugador para el toque y para el estilo nuestro. Su único problema fue llegar al Madrid en ese momento. Había inestabilidad institucional, querían voltear a Ramón Mendoza y no le daban crédito, entonces no hicieron ninguna compra. Fíjate que la temporada siguiente, ya con Lorenzo Sanz de presidente, compraron a siete u ocho jugadores de primer nivel.

También mi relación con Valdano ya no era la ideal. Habíamos tenido discrepancias con respecto a jugadores y algunas otras cosas. Discrepancias lógicas. Cuando Valdano empezó a tener cierta experiencia dirigiendo ya no era posible continuar con la dupla. Porque yo opinaba que había que ir por la derecha y él opinaba que por la izquierda. Y da igual quién tuviese razón, lo importante es que la cosa era distinta y eso se transmite a la plantilla.

placeholder Freddy Rincón fue uno de los fichajes de ese Madrid. (EFE/Mauricio Dueñas)
Freddy Rincón fue uno de los fichajes de ese Madrid. (EFE/Mauricio Dueñas)

P. De aquella temporada se recuerda mucho, negativamente, sus derrotas contra el Ajax en Liga de Campeones. Leyendo la hemeroteca, parecía que los de Van Gaal eran la modernidad y su Madrid un fútbol de inspiración algo sobrepasado.

R. En primer lugar, no es cierto que el Ajax se comiese al Madrid. El partido de Ámsterdam fue incluso más nuestro que del Ajax. El 1-0 se marcó en una jugada aislada. En el segundo encuentro sí nos dieron un baile extraordinario. Pero no quiere decir que hay fútbol arcaico y uno nuevo: insisto, hay fútbol bueno y malo. Nosotros no jugábamos bien y ellos jugaban muy bien. Pero no fue porque su fútbol fuera novedoso, era un fútbol viejísimo. El Ajax seguía la misma línea desde los setenta, con jugadores que jugaban muy bien al fútbol y venían juntos desde las categorías inferiores.

"Cruyff me dijo que el iniciador de verdad fue Michels, no él"

P. Entonces, a su juicio, Cruyff y Van Gaal no inventaron nada, a diferencia de lo que se dice.

R. Eran grandes entrenadores, no cabe duda. Pero lo que hizo Van Gaal no fue en absoluto novedoso. O sobre el fútbol posicional que hacen Guardiola y los demás, yo vi una entrevista a Rinus Michels en los setenta y es exactamente lo mismo que explicaba Michels. El propio Cruyff me dijo a mí que el iniciador de verdad fue Michels, no él, ni siquiera Stefan Kovacs. Luego hubo muy buenos aportes a favor del buen fútbol: Telê Santana, el propio Cruyff o el mismo Guardiola. Pero los iniciadores fueron Michels y Menotti.

placeholder Ángel Cappa dirige un encuentro desde la banda. (GETTY)
Ángel Cappa dirige un encuentro desde la banda. (GETTY)

P. Da la sensación de que ese fútbol posicional del que habla hoy es una categoría definida. Está el "juego de posición" y, aparte, el resto.

R: Pero en todos los equipos hay jugadores que se mueven y otros que no. En el Huracán de 2009, que es el equipo que más me gusta de los que yo dirigí, se movían Pastore, Federico, Toranzo y alguno más, el resto mantenía un puesto. En la Holanda de Rinus Michels, igual. En el Barcelona de Guardiola, Iniesta y Xavi aparecían por cualquier lugar de la cancha, naturalmente. Pero Busquets no. En nuestro Madrid Redondo guardaba su lugar, Laudrup se movía por cualquier lado, como Martín Vázquez, Zamorano o Míchel, que se empezó a soltar...

P. Para concluir, ¿fue justo que les despidieran del Real Madrid?

R: Nos despidieron por la derrota contra el Rayo, pero solo fue la razón que se buscó. Un equipo que sale campeón y no se le tiene ninguna paciencia, a la mitad del siguiente campeonato echan a los entrenadores. No es normal. Eso es porque Lorenzo Sanz tenía otro proyecto, naturalmente. Se portó muy bien con nosotros, sobre todo económicamente, pero simplemente él tenía otra idea en la cabeza.

Ángel Cappa (Bahía Blanca, Argentina, 1946) fue futbolista y es entrenador, escritor, comentarista, conversador. Y una figura representativa entre los considerados intelectuales del fútbol. Su carrera como técnico empezó en Banfield en 1985, aunque la abandonó momentáneamente en 1991 para ser el segundo de Valdano en el Tenerife. Y más tarde en el Madrid. El Confidencial ha contactado con él, a fin de hablar del juego y recordar su etapa en el equipo blanco.

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