El descenso a los infiernos del peor fichaje en la historia del Barça
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Ha caído en el olvido colectivo

El descenso a los infiernos del peor fichaje en la historia del Barça

Coutinho costó 160 millones de euros al Barça de Bartomeu. Vino para reemplazar a Iniesta y acabó aplastando al conjunto culé en Champions. Ahora es carne de banquillo

Foto: Coutinho se lamenta tras fallar una ocasión. (Reuters/Albert Gea)
Coutinho se lamenta tras fallar una ocasión. (Reuters/Albert Gea)

Cuando Philippe Coutinho (Río de Janeiro, 29 años) desembarcó en el Camp Nou procedente del Liverpool de Jürgen Klopp en enero de 2018, el brasileño era uno de los mejores jugadores de la Premier League y del mundo. Por aquel entonces, el Barça, necesitado de dinamita ofensiva y de una inyección de autoestima tras la fugaz marcha de Neymar Júnior al PSG, se plantó en el mercado con los bolsillos llenos y con un cartel de neón enorme que rezaba "tengo que recuperar mi lugar en el panorama europeo a cualquier precio". Y así fue. Lo del precio, no lo de recuperar su lugar. Para ello incorporaron a Coutinho y lo convirtieron en el fichaje más caro en la historia del club (120 millones fijos más 40 en variables). Pocos podían esperar que, casi cuatro años después, sería el peor fichaje en la historia del club y caería en el olvido colectivo.

placeholder El brasileño finaliza contrato en 2023. (Reuters/Albert Gea)
El brasileño finaliza contrato en 2023. (Reuters/Albert Gea)

No solo para el aficionado, sino para el propio Xavi Hernández. En el partido más crucial de la temporada contra el Benfica por su importancia deportiva, social y económica, el técnico de Terrassa confió antes en Gavi, Nico González, un lateral derecho (Sergiño Dest) y un Ousmane Dembélé al 50% que en Coutinho. No importó que el Barça necesitase un agónico gol para respirar y no verse obligado a vencer al todopoderoso Bayern de Múnich en Baviera. Coutinho, simple y llanamente, no contó a pesar de las evidentes urgencias goleadoras del proyecto culé.

No queda ni rastro de su desequilibrio, su demoledor golpeo, su capacidad para resolver partidos de un plumazo o su jerarquía ofensiva. Nada de esa grandeza prometida al conjunto culé que podría haber paliado la ausencia de Neymar. Ni de la estrella regular que suponía un argumento de peso para ganar partidos a través de su talento individual en el Liverpool o en Brasil. No hay un golpe de genio. Ni siquiera la intermitencia e irregularidad que regó su juego en sus primeros años en el Barça. Coutinho es un futbolista gris, cabizbajo, apagado y a la deriva. ¿Lo peor para el Barça? Su ficha es una rémora (13,5 millones de euros por curso) para una economía destartalada y parece irrecuperable para la causa.

Un grave problema desde el inicio

"Siempre pensé que Philippe Coutinho era el sustituto ideal de Andrés Iniesta. Teníamos que buscar un jugador que estuviera preparado para coger su testigo". Esta frase corresponde a Robert Fernández, secretario técnico del Barça y el principal encargado de traer al sudamericano a Barcelona. Sin embargo, el ADN de Iniesta no tenía nada que ver con el de Coutinho. Uno criado en el robótico fútbol de La Masía, otro en el caótico fútbol carioca. Uno triunfante en la automatización culé, otro estrella entre el anarquismo del Liverpool de Klopp.

placeholder Josep Maria Bartomeu presenta al brasileño. (Reuters/Albert Gea)
Josep Maria Bartomeu presenta al brasileño. (Reuters/Albert Gea)

Mientras el Liverpool sobrevivía a la pérdida de su jugador franquicia en el mercado del invierno, lo utilizaba para potenciar todas sus líneas y llegaba a una final de Champions League 13 temporadas después, el Barça comprobaba su gran error a lo largo de 2019. Al principio, Coutinho sumó una aportación goleadora en pleno periodo de adaptación que maquillaba su desconexión del juego azulgrana. Con 14 participaciones directas entre goles y asistencias en 18 partidos de Liga en su primera temporada, pocos repararon en que la tarea encomendada al brasileño nunca la podría cumplir.

Como agua y aceite, Coutinho aceleraba el juego, pero no lo gestionaba. Coutinho podía marcar un golazo, pero no controlar el ritmo del juego y juntar a su equipo a través del pase. Sus mejores virtudes eran las de un delantero que se veía obligado a actuar como un centrocampista con Ernesto Valverde y que, sin embargo, no ejercía como tal. Su agresividad y verticalidad contrastaban con su inadaptación. Anclado en la banda, negada la frontal y roto el vínculo con el gol, a Coutinho no le quedó nada que llevarse a la boca lejos del calor de la selección brasileña.

De pronto, las expectativas habían engullido al futbolista, peleado con el esquema, consigo mismo y hasta con la grada. "El desborde de Coutinho condiciona el equilibrio. Su forma de jugar es vertical, muy de jugársela en el uno contra uno y también lo hace en zonas más retrasadas donde el riesgo es superior", explicó Valverde. El Camp Nou pitaba a su estrella, esta se desplomaba competitivamente y caminaba melancólicamente por el campo. "Su coste fue muy grande y eso también implica que haya más expectativas sobre su rendimiento", analizó Piqué

La relación se acabaría de romper por completo cuando el brasileño, con la mosca detrás de la oreja toda la temporada, aprovecharía la celebración de su 3-1 contra el Manchester United para llevarse los dedos hacia sus orejas. Intentaba hacer ver que la presión no le afectaba. Y aunque el tanto debería haber servido de rampa de despegue y reivindicación personal, la hecatombe contra el Liverpool acabaría por ser un punto de inflexión. Terminada la temporada tras un nuevo varapalo europeo y con la economía azulgrana a punto de quebrar, Coutinho puso rumbo al Bayern de Múnich, cedido por 8,5 millones de euros.

placeholder Coutinho remató al Barça. (Manu Fernandez/REUTERS)
Coutinho remató al Barça. (Manu Fernandez/REUTERS)

Así, el brasileño dejaba atrás una etapa que empezó con unas expectativas enormes y con la grúa llevándose su Audi Q7 tras dejarlo en carga y descarga al visitar la Sagrada Familia. En el conjunto bávaro mejoró sus números (nueve goles y ocho asistencias), superó la barrera de los 2.000 minutos de juego y reencontró sensaciones antes de caer lesionado y diluirse. El destino, cruel y caprichoso al mismo tiempo, brindaría a Coutinho la oportunidad de resarcirse contra el Barça en los cuartos de final de la Champions League. Al brasileño le bastaron 15 minutos con el partido ya decidido para anotar un doblete y estampar su nombre con letras de oro en la mayor humillación histórica del Barça en la Champions League (8-2). Paradójicamente, el jugador más caro ponía la puntilla a un proyecto sin pulso económico ni deportivo.

Sin que el Bayern ejecutase la desorbitada opción de compra de 120 millones de euros por un jugador que no estaba entre los diez más utilizados por Hansi Flick, el Barça tuvo que comerse de nuevo a Coutinho a causa de su elevada ficha y discreto rendimiento. Lejos de levantar el vuelo con Ronald Koeman y con una grave lesión de rodilla, el mediapunta sudamericano desapareció de nuevo. Hoy por hoy, el brasileño es el jugador que más cobra de la plantilla. Y, sin embargo, es el decimocuarto jugador que menos minutos suma esta temporada. Solo ha marcado dos goles en 529 minutos entre todas las competiciones. Nico González, Gavi, Frenkie de Jong, Dest, Depay y Busquets han completado más regates con éxito (según el portal de datos Fbref).

El brasileño es prácticamente la última opción en ataque de Xavi Hernández junto a Luuk de Jong y ve cómo los jóvenes valores del filial (e incluso del juvenil) le pasan por encima. Coutinho, infeliz y abrumado, es carne de banquillo y ni siquiera juega los minutos de la basura. En apenas dos semanas, el Barça se jugará el billete a octavos de final contra una de sus últimas bestias negras en Europa: el Bayern de Múnich. El último refugio del mediapunta brasileño. El verdugo que puso al Barça frente al espejo de su mediocridad. ¿Jugará algún minuto Coutinho o seguirá anclado en el olvido?

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