Messi no es el único: los 'cracks' del Barça que han salido por la puerta de atrás
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Malas despedidas en Barcelona

Messi no es el único: los 'cracks' del Barça que han salido por la puerta de atrás

Maradona ya predijo que su compatriota saldría mal, como él, de la Ciudad Condal. También les ha pasado a otros como Schuster y Romario. La excepción, los de La Masía

Foto: Messi, en su despedida del Barça. (EFE)
Messi, en su despedida del Barça. (EFE)

La salida de Messi, aunque sus trayectorias en el Barcelona hayan sido radicalmente opuestas, se ha asemejado a la de Maradona. Diego demostró su locuacidad cuando se enfrentó con Núñez en diversos enfrentamientos públicos, mientras que Leo hizo lo propio con Bartomeu. Ahora parece que Laporta no ha hecho todo lo posible por asegurar su continuidad, según la versión del rosarino. No obstante, los argentinos no son los únicos jugadores que han salido por la puerta de atrás. El Barça ha contado con algunos de los mayores 'cracks' futbolísticos que se recuerdan, pero sus despedidas no siempre se han ajustado a su talento. Los canteranos de La Masía, los más respetados.

Maradona, 1984

Diego llegó a la Ciudad Condal en 1982 tras unas arduas negociaciones. Antes de su llegada, el Barcelona ya había intentado incorporarlo en 1980. Joan Gaspart, que fue testigo de la operación, lo contó así en El Confidencial. “Yo fracasé cuando quisimos ficharlo de Argentinos Juniors en 1980. En 1982 regresé porque queríamos incorporarlo. Aquellas negociaciones fueron muy duras con la AFA y con Boca, porque ninguno quería que se marchara”.

Su historia en Barcelona es de sobra conocida. Ni él se adaptó a la ciudad ni viceversa. Tampoco encontró el relato que le encajó a la perfección en Nápoles. Las tensiones también se produjeron en su traspaso a Italia. “No hubo acuerdo hasta que Ferlaino, presidente del Nápoles, aceptó las condiciones del Barça”, contó Gaspart.

placeholder Maradona, junto a Quini y Schuster, en su etapa en Barcelona. (EFE)
Maradona, junto a Quini y Schuster, en su etapa en Barcelona. (EFE)

Schuster, 1988

Un rubio alemán desconocido llegó a Barcelona procedente del Colonia en 1980. Con su carácter y buen juego, pronto contagió a la afición. Formó junto a Maradona la mejor pareja de extranjeros del momento. Pero todo cambió en la final de Copa de Europa de 1986, que el Steaua de Bucarest les ganó en el Sánchez Pizjuán en penaltis.

Tras ser sustituido antes de la prórroga, Schuster se duchó y se fue en taxi hasta el hotel. Allí vio la tanda de penaltis. En la siguiente temporada, la 1986-87, fue apartado del equipo y estuvo un año en la grada. Un año después sí jugó, pero solo hasta que finalizó su contrato en 1988. El teutón notó que la relación con el club se había roto. Luego fichó por el Madrid de La Quinta.

placeholder Schuster, en su etapa como técnico del Málaga. (EFE)
Schuster, en su etapa como técnico del Málaga. (EFE)

Romario, 1995

La etapa de Romario en el Barcelona fue fugaz. Llegó en 1993 y se fue en 1995, aunque todo cambió en el verano de 1994. El carioca se proclamó campeón del mundo con la ‘canarinha’ y tenía que llegar el 1 de agosto para comenzar la pretemporada. El 27 de julio, ya avisó de lo que planeaba: “No llegaré el día uno. Necesito más vacaciones”. Ahí comenzó la fractura en su relación con el barcelonismo.

El presidente Núñez fue tajante. “Tiene que estar aquí, como todos”. Cruyff, en cambio, miró de soslayo aquella decisión. “A mí no me preocupa, pero es una falta de respeto a sus compañeros. Supongo que algún día aparecerá y entonces se le aplicará el régimen interno”. La bomba la mandó la esposa de Romario. “Ya no tiene nada que hacer en Barcelona. Comprará su contrato y fichará por un grande de Brasil. No vamos a volver”.

El verano estuvo cargado de tiranteces y declaraciones entre ambas partes. Cruyff lo amenazó: “Si es necesario, entrenará con el filial”. Romario recapacitó y apareció en Barcelona el 31 de agosto. “Pido perdón. Hablaré con Cruyff y espero cumplir mi contrato”. Pero la relación nunca volvió a ser como antes. En el mercado de invierno de 1995, se marchó al Flamengo. Valdano dijo que “era un jugador de dibujos animados”. Su cola de vaca en aquella manita al Madrid corroboró esta definición.

placeholder Romario se pasó a la política en Brasil. (EFE)
Romario se pasó a la política en Brasil. (EFE)

Ronaldo, 1997

No se recordaba una irrupción tan efervescente que la de Ronaldo Nazario en el Barcelona hasta el debut de Ansu Fati. El brasileño pulverizó todos los registros en su único año en la Ciudad Condal. Anotó 34 goles en 37 partidos en Liga y dejó muestras de su fabulosa zancada. Un esprint que ahora imita Mbappé.

Su renovación estuvo cerrada. De hecho, los directivos se fueron a celebrarlo con él y con sus agentes tras apalabrarlo todo. Sin embargo, según contaron miembros de aquella directiva, Moratti, el presidente del Inter, se metió por medio. Achacaron a una importante comisión por el traspaso la decisión del brasileño de marcharse.

placeholder Ronaldo pelea un balón con Hierro. (EFE)
Ronaldo pelea un balón con Hierro. (EFE)

Figo, 2000

El adiós que más rabia causó en la hinchada 'blaugrana'... Y con más motivos. El luso era el capitán e icono del Barcelona cuando Florentino Pérez se presentó a las elecciones del Madrid. Se enfrentó a Lorenzo Sanz, que era el favorito tras ganar ‘la Octava’. El empresario prometió que, si no fichaba a Figo, pagaría el abono a todos los socios.

El precontrato que Figo firmó con el Madrid lo dejó en una encrucijada. Si no acababa jugando para los blancos, su agente tendría que pagar el abono de los socios durante un año. Tras enfundarse la camiseta blanca, el recibimiento en su primera visita al Camp Nou fue el peor que se recuerda. Los jugadores no se escuchaban unos a otros del ruido que había. Aunque muchos lo crean, aquel no fue el clásico del cochinillo. Ese fue posterior, el 23 de noviembre de 2002.

placeholder Figo, junto a Ronaldo. (EFE)
Figo, junto a Ronaldo. (EFE)

Ronaldinho, 2008

Ronaldinho le devolvió la sonrisa al barcelonismo tras los tres infames años de Joan Gaspart en la presidencia. Aunque el publicista Lluís Bassat era favorito, fue Joan Laporta quien ganó las elecciones. La principal baza del actual presidente 'blaugrana' en la campaña era el fichaje de David Beckham, pero fue el brasileño quien llegó y deleitó a la afición en numerosas tardes. Sus ingeniosas jugadas justificaban el pago de una entrada para asistir al Camp Nou.

El brasileño logró el privilegio de ser ovacionado en el Bernabéu después de una tremenda exhibición. No pudieron pararle. Actuaciones como esas bien valieron un Balón de Oro. Sin embargo, al igual que otros genios, su estancia en el olimpo se redujo a tres años. A partir de 2007, su rendimiento decreció. En 2008, tras la llegada de Guardiola, el técnico le comunicó que no contaba con él. Se despidió de la Ciudad Condal después de una cena con Laporta. Y con su imborrable sonrisa.

placeholder Ronaldinho, jugando la Champions con el Barcelona. (EFE)
Ronaldinho, jugando la Champions con el Barcelona. (EFE)

La Masía acapara los mejores casos

Si su trabajo es enseñarles a los niños cómo debe entregarse un jugador, pónganles vídeos de Puyol. El catalán lo dejaba todo en el campo. Su liderazgo y personalidad en el terreno de juego contrastaban con su timidez fuera de él. Pocos deportistas dieron tanto ejemplo como él. No se supo hasta que falleció, pero le costeó íntegramente el tratamiento a Miki Roqué, futbolista fallecido del Betis. Otro gran gesto se produjo en Wembley, en la final de la Champions de 2011: le dejó a Abidal levantar la Copa. Las lesiones lo retiraron antes de lo que un luchador como él hubiera querido.

“Jugar al fútbol es sencillo, pero jugar un fútbol sencillo es lo más difícil que hay”, dijo Cruyff. Los mejores exponentes de esta teoría son Xavi Hernández y Andrés Iniesta. Su fútbol brillaba por la capacidad de entender cómo optimizar el tiempo y el espacio. Tanto ellos como Puyol son algunos ejemplos de jugadores que tuvieron una despedida acorde a su leyenda. No como Messi.

placeholder La despedida de Andrés Iniesta como jugador 'blaugrana'. (Reuters)
La despedida de Andrés Iniesta como jugador 'blaugrana'. (Reuters)

La marcha de Leo ha sido insípida. Por la pandemia y por las circunstancias en que se ha dado. Messi nunca se podía despedir con el Camp Nou vacío. Imagínense que José Tomás dice adiós y no hay nadie en la plaza que pueda alabar sus faenas. O que no haya asistentes en el último concierto de Raphael.

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