Los pilares en la recuperación de Leo Messi: la sonrisa, la pizarra de Koeman y Pedri
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Su técnico le ha arropado

Los pilares en la recuperación de Leo Messi: la sonrisa, la pizarra de Koeman y Pedri

El argentino ha experimentado una mejora progresiva desde que empezó la competición. Ya es el máximo goleador de LaLiga con 11 tantos pese a su mal inicio

Foto: Leo Messi frente al Athletic Club. (Reuters)
Leo Messi frente al Athletic Club. (Reuters)

Leo Messi ha vuelto por la puerta grande, si es que alguna vez se fue. El argentino ha recuperado su versión más decisiva para aupar al Barça a la tercera posición de LaLiga, situarse a tres puntos del Real Madrid y rescatar una capacidad de noquear rivales que se había quedado por el camino cuando el ‘10’ no estaba donde quería. A su vez, el equipo de Ronald Koeman ha establecido una hoja de ruta que seguir, con puntos de referencia a los que agarrarse y automatismos lo suficientemente sólidos como para encadenar ocho partidos consecutivos sin conocer la amarga cara de la derrota. En los dos últimos, además, se ha reencontrado con el cobijo goleador que brinda el albiceleste.

Foto: Leo Messi lanza la falta del 0-3 ante el Granada. (Reuters)

Infeliz, frustrado y hastiado de las mentiras del por entonces presidente azulgrana, Josep Maria Bartomeu, Leo empezó el curso como un cuerpo extraño. Su fútbol no solo respiraba apatía, sino también falta de convicción. Parecía que algo se había roto y el capitán azulgrana no estaba por la labor de arreglarlo. Las dos partes se habían distanciado y no parecían dispuestas a entenderse. Pero Messi habló, Koeman arropó a su estrella y el Barça empezó a sembrar credibilidad futbolística y recoger victorias.

Llegados a este punto, cabe preguntarse qué ha cambiado. Para empezar, hay que destacar la transición anímica del genio rosarino. De la desidia al entusiasmo. De la dejadez a la implicación. La metamorfosis emocional del mediapunta albiceleste se transfiere en cada contacto con el balón. La sensación de que algo muy gordo puede suceder ha regresado, puesto que Messi se reconoce ligero, hábil y omnipotente en las acciones relacionadas con el gol, el pase y el gambeteo. La pelota que antes pasaba susurrando el poste ya va dentro. El defensa que arañaba el cuero en el último minuto se desploma y el envío que se marchaba de largo por poco se frena en el momento y el lugar adecuado.

Pedri ha levantado la moral de Messi

De lo sensitivo a lo sensible, el progreso que ha experimentado el Barça grupalmente ha ayudado también a la rehabilitación goleadora de Messi. Yendo de lo particular a lo general, Messi ha encontrado en la figura de Pedri un jugador que habla el mismo idioma que el argentino. Se buscan porque se entiende, se encuentran porque se atraen. El canario ha brindado a Leo ese socio por dentro que se había extraviado con el adiós de Xavi Hernández y Andrés Iniesta. Comparaciones innecesarias a un lado, la química que se desprende de sus conexión ha hecho recobrar la esperanza azulgrana.

Pedri y Messi celebran un gol en San Mamés. (Reuters)
Pedri y Messi celebran un gol en San Mamés. (Reuters)

Para Messi, Pedri ha significado estar más cerca de la superioridad numérica y cualitativa en zonas interiores (Valladolid, Granada, Huesca, Athletic Club..). Esto se ha traducido en paredes, miradas cómplices, asistencias, goles, aglutinación de rivales por dentro que el otro ha aprovechado de manera directa y, para el Barça, en la multiplicación de creatividad en el campo. Con ello, Messi puede reposar parcialmente de la incansable tarea de filtrar pases milimétricos, mover al equipo, virar el sistema defensivo rival a la espalda de la línea del centro del campo y controlar mejor el ritmo del partido.

Dembélé está creciendo

Además, la inclusión definitiva de Ousmane Dembélé en el extremo -ya sea izquierdo o derecho- ha dilatado el campo (y las defensas rivales). En este sentido, el francés brinda desborde, metros, profundidad, movimientos por delante, diagonales y una continua amenaza de uno contra uno que, como Pedri, sirve para liberar a Leo Messi. Es decir, cuando el adversario concentra su atención en el fútbol centelleante e imprevisible del francés -con capacidad para desestabilizar sistemas defensivos a través de su individualidad-, Messi se relame. Esta situación de sistema defensivo ensanchado le permite aparecer en la frontal del área y cargar su pierna izquierda con más tiempo y espacio del que le daría una situación de ataque posicional atascado donde todas las miradas se dirigirían hacia su presencia.

Ellos dos, a la espera de que Antoine Griezmann confirme su evolución y la sostenga en la regularidad, junto a la relación con Jordi Alba, la nueva versión llegadora de Frenkie de Jong y la presencia de Sergiño Dest creando y llegando en el costado derecho han elevado las ayudas tácticas a Messi. Y es que el norteamericano genera esa replica previamente inexistente en el sector derecho.

Por su parte, Koeman ha limitado desde la pizarra las funciones de Leo. A veces menos es más. Sin perder libertad ofensiva y dejándolo descansar cuando el equipo pierde el balón en posiciones de delantero centro, el técnico neerlandés ha frenado la tendencia de bajar a recibir que ha venido persiguiendo a Messi durante los últimos años. Una necesidad inherente a entrar en contacto con el mayor número de balones posibles en cada partido desde la base del juego. Algo que sí podía hacer con 28 años, pero ya no hoy en día.

Foto: Leo Messi se lamenta de una lesión en una imagen reciente. (Reuters)

En esta línea, ha sido habitual observar al rosarino tratar de subsanar los diversos problemas de creatividad, dinamismo y verticalidad del Barça en la medular en anteriores etapas. La reacción del argentino siempre fue la misma: venir a recibir a muchos metros del área, de cara y agitar el juego. Es cierto que su equipo no le 'necesitaba' allí en ese momento. O mejor dicho, le necesitaba más arriba, donde marca las diferencias: en la frontal del área. Sin embargo, él entendía y sabía que nadie era capaz de transportar el balón hasta esa zona y bajaba a por él. No soportaba estar desconectado del esférico. Entonces, se marcaba un Deus Ex Machina que acabó por malacostumbrar al equipo y maquillar problemas estructurales de creación y desborde.

Sin embargo, la edad no perdona y para Messi, no es diferente. Bajar a esas zonas, oxigenar el juego y zarandear la circulación plomiza azulgrana impedía a Messi hacer lo que mejor se le da: ganar partidos desde la determinación anotadora. Koeman, sabedor de ello, ha rodeado al '10' de pasadores (Pedri, De Jong, Jordi Alba), regateadores (Dembélé, Dest y el mismo Pedri) y jugadores profundos (Dembélé, Jordi Alba, Dest, Braithwaite..) que le absuelven de tanta carga y responsabilidad. La respuesta del albiceleste ha sido afilar la puntería, convertise en el máximo goleador de la Liga con once tantos y transformar sus últimos cuatro disparos a puerta en cuatro goles.

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