Kroos, Modric y Casemiro: la sala de máquinas del Real Madrid vuelve a fluir
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La medular blanca goza de salud

Kroos, Modric y Casemiro: la sala de máquinas del Real Madrid vuelve a fluir

El centro del campo blanco cierra una semana fantástica después de dominar el derbi capitalino y recuperar su mejor versión desde que empezó el curso

placeholder Foto: Toni Kroos y Luka Modric celebran un gol con el Real Madrid. (Reuters)
Toni Kroos y Luka Modric celebran un gol con el Real Madrid. (Reuters)

Decía Simeone que entregar el centro del campo de tu equipo era como darle a alguien la mano de tu hijo para que cruzase la calle y que, por tanto, no se lo podías dar a cualquiera. Zinédine Zidane, sabedor de la importancia que posee tal zona, siempre se lo ha brindado en bandeja a los mismos: Toni Kroos, Luka Modric y Carlos Henrique Casemiro. El brasileño, sostén en transición defensiva y bombero de las aventuras ofensivas de los laterales, el croata, motor incansable blanco y el alemán, precisión quirúrgica para imponer su ley.

Foto: Los jugadores del Real Madrid celebran el segundo gol en el derbi. (EFE)

No es casualidad que el mejor momento del Real Madrid desde que empezó la temporada se haya dado bajo el manto de una línea de centrocampistas capaces de elevar el nivel medio de la plantilla en sus días más inspirados. Al fin y al cabo, si las arterías funcionan como es debido, el equipo bombea fútbol sin parar.

Subidos en la máquina del tiempo, Modric y Kroos han teletransportado al Real Madrid de Zidane a una época reciente más gloriosa. Aquella donde el propio talento del futbolista como pieza individual sobre el campo hace de estructura táctica colectiva y justifica la pizarra. ¿A qué juega el Madrid? A no frenar a sus jugadores más creativos. Al talento en la medular no se le puede imponer límites y menos cuando “está de puta madre, son excepcionales”, en palabras de su técnico.

Una semana de vértigo

La semana inició en Sevilla bajo mínimos y con el cuerpo técnico en la cuerda floja. Con ella, volvió Casemiro al corazón del equipo para liberar al metrónomo alemán y desatar al Modric más hiperactivo. Parece ser que 35 años no son nada para un futbolista capaz de equiparar su inabordable nivel técnico con un despliegue físico propio de un interior de 25 primaveras.

Había que recuperar la confianza perdida y la forma más apropiada fue la de guardar la ropa en campo propio con la intención de salir al contragolpe. El equipo fue sólido y compacto. Luka se desfondó en el Ramón Sánchez-Pizjuán dando conducción y metros a su equipo, mientras que Kroos se encargó de hacer bascular a los de Lopetegui constantemente con sus cambios de orientación. El alemán ponía a correr a Vinícius Júnior y Rodrygo Goes y habilitaba el plan de partido del entrenador galo. Casemiro despejaba cualquier duda.

Llegó el Borussia Mönchengladbach a Valdebebas. Un conjunto, el de Marco Rose, que ya había enseñado su gusto por la verticalidad y la facilidad para castigar cualquier error en salida de balón madridista. El cuadro blanco, reforzado mentalmente tras el triunfo en tierras andaluzas, recuperó su presión alta con el objetivo de incomodar los primeros pases alemanes. Modric, omnipresente, se multiplicaba y llegaba donde el resto no lo hacía. Kroos, sabio e incesante, martilleaba el sistema defensivo teutón a través de sus envíos en largo.

Foto: Zidane y Simeone, antes del partido. (Reuters)

A consecuencia de ello, los intentos contrarios de recuperar el balón se quedaron en eso, en intentos; pues la velocidad, experiencia y paciencia con la que el grupo de Zidane manejaba el balón hacía imposible llegar al corte. La pelota siempre viajaba más rápido que los jugadores y pocos la trasladan con más esmero que una dupla histórica.

La precisión técnica de la columna vertebral del Real Madrid (Ramos, Kroos, Modric y Benzema) dominó el encuentro y explicó a Europa que los goles de Cristiano Ronaldo eran los autores de dinamitar partidos aún cuando el juego no acompañaba, pero que su hegemonía aún se extiende aunque el gol se resista. Y es que las cuatro Champions League en cinco temporadas no se pueden explicar sin la superioridad de la pareja que conforman alemán y croata en la sala de máquinas.

Superado el ecuador del tourmalet, tocaba la prueba del algodón. El conjunto más en forma de la Liga, el de Diego Pablo Simeone, anunciaría de forma inequívoca si la mejora blanca era un espejismo o una realidad tajante. Y es que la nueva cara colchonera ya no solo busca golpear en las áreas, sino imponerse en el centro del campo. El Real Madrid no vaciló en 90 minutos y argumentó su victoria en el desarrollo de un tándem perfectamente engrasado.

placeholder Toni Kroos recibe sin oposición en territorio colchonero. (Movistar)
Toni Kroos recibe sin oposición en territorio colchonero. (Movistar)
placeholder Luka Modric retrasa su posición e inicia el juego blanco. (Movistar)
Luka Modric retrasa su posición e inicia el juego blanco. (Movistar)

Ante un Atlético de Madrid que replegaba esperando su oportunidad, el Madrid contestó con la presencia lateral de Toni Kroos y Luka Modric a los lados del centro del campo. Los interiores rojiblancos no llegaban a saltar a tiempo y debían elegir si regalar su zona yendo a por ellos o esperar. Simeone prefirió especular y ambos no dudaron en conducir el ritmo del partido a su antojo. El Real Madrid era ancho y profundo gracias al rango de pases de sus centrocampistas y los pupilos colchoneros perseguieron sombras de principio a fin.

En apenas siete días, el conjunto de Zinédine Zidane ha pasado de necesitar renunciar al balón y conceder espacio al rival para recuperar confianza a juntarse a través del pase y crecer desde el balón. El fútbol es un estado de ánimo que cambia velozmente y rompe barreras mentales con las victorias. En los tres partidos estuvo Casemiro como red de seguridad. En los tres partidos la pareja Modric-Kroos brilló con luz propia. En los tres partidos el funcionamiento del centro del campo acercó al club de Concha Espina más que ningún otro sector del equipo.

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