El Barça de Koeman, tan lejos del balón como del Barça de Guardiola
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Nuevo revés azulgrana en Liga

El Barça de Koeman, tan lejos del balón como del Barça de Guardiola

El equipo azulgrana ha perdido las principales señas de identidad que convertían al equipo del sextete en una máquina perfectamente engrasada

placeholder Foto: Leo Messi se lamenta tras el gol del Cádiz. (EFE)
Leo Messi se lamenta tras el gol del Cádiz. (EFE)

Cuando Ronald Koeman desembarcó en el Camp Nou prometió un equipo veloz y vertical. Su modelo de juego, más encaminado al vértigo que al control del partido, buscaba compensar la uniformidad con balón que había padecido el Barça de Quique Setién a lo largo de la temporada anterior; aunque eso significara desprenderse del dominio en la posesión. Lo que en tiempos de Pep Guardiola hubiese significado un ultraje al modelo, ya no era visto como una traición al centro del campo, sino como un paso necesario para alcanzar un fin. Cuatro meses después, el Barça se estrelló ante el Cádiz con un 85% de posesión y tan solo registró ocho disparos entre los tres palos; un bagaje insuficiente ante un conjunto, el de Álvaro Cervera, que disfruta donde otros sufren: defendiendo muy atrás.

Foto: Messi, durante un momento del partido. (Reuters)

"A veces no se puede presionar. Y si presionas, dejas espacios. Si presionamos, presionamos todos. Y hemos tenido dudas". La declaración del técnico neerlandés corresponde a la victoria por la mínima ante del Dinamo de Kiev de hace un mes en la Champions League, pero podría haberla reproducido al finalizar el encuentro en el Carranza y habría pasado desapercibida sin perder validez. Al fin y al cabo, el equipo arrastra los mismos problemas defensivos que le condenan a partirse en dos en la mayoría de partidos y quedar a merced de los contragolpes rivales.

Lo que al principio podría entenderse como un peaje necesario se ha transformado en una debilidad estructural que atenta contra cualquier atisbo de tocar plata esta temporada. El Barça con menos centrocampistas nominal y tácticamente de la última década está dispuesto a sacrificar el control de la pelota, pero no consigue nada con el trueque. Y cuando se ve obligado a amasar el balón, sus problemas posicionales salen a relucir, puesto que el circuito de pases carece de calidad.

No existen suficientes alturas en la posesión, la amplitud que deberían aportar los extremos o los laterales se ve opacada por el embotellamiento central y la defensa vive al margen del ataque. En lugar de ser dos conceptos interconectados, parecen fenómenos alejados, por lo que cada pérdida de balón se convierte en una hemorragia defensiva.

placeholder El Barça se parte en dos ante el contragolpe del Cádiz. (Movistar)
El Barça se parte en dos ante el contragolpe del Cádiz. (Movistar)
placeholder El Cádiz saca el balón sin una presión intensa. (Movistar)
El Cádiz saca el balón sin una presión intensa. (Movistar)

Lo explicaba el mismo Guardiola: "Si perdemos el balón después de una secuencia de 10-15 pases, nos ayuda a estar juntos. El objetivo de los pases es moverse y estar juntos. Cuando esto sucede y perdemos el balón estamos a 4-5 metros de distancia y podemos apretar de inmediato".

Siempre se ha destacado al Barça del sextete por el dominio absoluto del cuero, pero a menudo se ha obviado la amplitud que imprimían sus extremos y la disciplina espartana azulgrana en el momento de la presión post-pérdida. Sus jugadores estaban tan cerca que el robo se producía en menos de cinco segundos. El rival, asfixiado y resignado tras correr detrás de la pelota y ver como sus líneas defensivas se superaban una a una, se solía quedar sin respuesta al hacerse con el esférico.

Nada queda ya de ese Barça glorioso. Tampoco de la naturalidad ofensiva con la que el conjunto azulgrana fluía en los primeros encuentros de este curso ni de la agresividad y solidaridad sin balón. Sus jugadores están separados y a consecuencia de ello, sus líneas están demasiado lejos del adversario para presionar eficazmente. No existe la palabra cohesión en su diccionario balompédico.

placeholder El Cádiz contragolpea con mucho espacio. (Movistar)
El Cádiz contragolpea con mucho espacio. (Movistar)
placeholder Las líneas azulgranas están muy separadas.
Las líneas azulgranas están muy separadas.

Del mismo modo, los integrantes azulgranas no corren hacia adelante, sino que se ven obligados a transitar débilmente hacia su propia área. La estructura y el entrenador, tendente a vaciar el centro del campo con el paso de los minutos, beneficia la proliferación de contragolpes rivales, puesto que la distancia que debe abarcar Sergio Busquets es mayor de la que le permiten sus piernas.

Sin ayudas colectivas, su declive se ve agravado. Tampoco le respalda su compañero de zona: Frenkie de Jong. Koeman fomenta la anarquía del joven neerlandés, consiente que se suelte en ataque y pise la frontal del área, pero suele quedar mal parado sin balón.

El factor Messi

Se ha convertido en una rutina habitual señalar a Leo Messi después de cada derrota azulgrana. Se habla del número de pérdidas de balón, de su falta de ambición para acercar al Barça a la victoria y de que ya no es el mismo. Sin embargo, la realidad es que el modelo de juego de Koeman no está ayudando a encontrar la mejor versión del argentino.

Sin Ansu Fati y ahora también sin Ousmane Dembélé, el campo es mucho más estrecho. El albiceleste, empeñado en tocar la pelota tantas veces como pueda para no aislarse del juego, acude a recibirla al pie en zonas cómodas por dentro y no donde más daño puede causar: en la frontal del área a espaldas del centro del campo rival.

Tan cierto es que su falta de determinación en el último tercio está lastrando al equipo como el técnico neerlandés no ha preparado ningún mecanismo con la intención de anticiparse a sus pérdidas de balón, algo que Luis Enrique camufló en su día con la presencia de Ivan Rakitic y que Pep solucionó dejándolo en punta. No hay red de seguridad en un equipo con demasiadas flaquezas.

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