La desesperación de Lukaku: Nacho y Varane superan la dependencia de Ramos
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Gran trabajo defensivo del Madrid en Milán

La desesperación de Lukaku: Nacho y Varane superan la dependencia de Ramos

Los centrales madridistas reducen al delantero belga y a Lautaro Martínez a la irrelevancia absoluta en una noche que da esperanzas al equipo sobre la solvencia de varios suplentes

Foto: Nacho y Lukaku luchan por un balón. (EFE)
Nacho y Lukaku luchan por un balón. (EFE)

Llegaba el Real Madrid a Milán sin su supuesta columna vertebral (Ramos, Casemiro y Benzema), intimidado por una dupla de moda (Lukaku-Lautaro) y con la paranoia que siempre genera en Europa la ausencia del capitán: los blancos solo habían ganado uno de los ocho partidos de Champions en los que no contaban con su capitán. La victoria capital en San Siro despeja el camino en la competición, pero también disipa un maleficio: se puede ganar sin Ramos.

Los aficionados que no viesen el partido ni escuchasen la radio podrían achacar la victoria del Madrid al dato de que Arturo Vidal se autoexpulsó estúpidamente en el minuto 33 (un pecado difícil de perdonar). Pero el Madrid había sido muy superior hasta entonces —ganaba desde el minuto 5—, y Lukaku ya había comprobado que los millones de palabras vertidas sobre la debilidad del equipo español sin su '4' habían sido exageradas.

Varane y Lautaro Martínez saltan a cabecear un balón. (Reuters)
Varane y Lautaro Martínez saltan a cabecear un balón. (Reuters)

"Correr todos juntos"

Varane expresó la verdad mil veces contada de forma muy sencilla tras el pitido final: la clave había sido “correr todos juntos”; “con esta actitud, somos un equipo muy bueno”. Thibaut Courtois no hizo una parada en todo el encuentro: ni antes ni después de la expulsión del chileno. Jugó el equipo de Zidane extraordinariamente concentrado y preciso (las cifras de acierto en los pases fueron las más altas de la temporada), con ayudas constantes y una disciplina colectiva ejemplar, dirigidos por el eterno Modric y el templado Kroos, volcados hacia la banda derecha de Carvajal y un casi inverosímilmente bueno Lucas Vázquez.

Lukaku mereció una cámara propia, completamente desconectado del juego, más de 80 minutos sobre el césped sin un atisbo de oportunidad de gol. Durante la primera mitad, fue deshidratado por un Nacho colosal, físicamente explosivo, que tuvo la frescura adicional para subir con criterio y forzar el decisivo penalti de Barella.

Reafirmación de ambos centrales

El cotizado delantero belga no olfateó el cuero hasta la roja de Vidal. Con el cambio forzoso de sistema y el paso al 4-4-1 (escorado un intrascendente Lautaro Martínez a la banda izquierda), Lukaku se arrimó a Varane. Le sucedió exactamente igual. Tanto el francés como el canterano blanco vivían probablemente el momento más alicaído de los últimos años: cuestionado Varane por sus fallos en Mánchester y la excesiva dependencia de Ramos, descorazonado Nacho por el hecho de haber podido salir de su club este verano tras haber estropeado su impecable trayectoria física (una década sin lesiones) en los dos últimos cursos.

Luka Modric supera a Roberto Gagliardini. (Reuters)
Luka Modric supera a Roberto Gagliardini. (Reuters)

El delantero centro más en forma de Europa (junto a Lewandowski y Haaland) y la mayor perla argentina hacían el ridículo contra los centrales madridistas, y lo seguirían haciendo mientras permanecieron en el campo. Mariano no hizo olvidar a Benzema, pero Nacho sí hizo olvidar a Ramos: una demostración de solvencia poco esperable en un equipo muy poco sólido en la Liga actual.

¿Sería precisamente por esas ausencias tan relevantes que el Madrid estuvo tan alerta? Resulta creíble: la prensa española se había poblado de loas sobre Lukaku en las 48 horas previas a un encuentro que revivía el fantasma de Ramos. El fútbol español no es el que era, pero el Madrid cosechó un triunfo fundamental en Milán sin tres de sus referentes. Fue muy superior cuando Vidal no había estropeado aún la noche y contuvo después con suficiencia cualquier previsible arreón de orgullo en un equipo que quedaba medio eliminado de la Champions en su propio estadio, ante un Madrid diezmado que encontró por fin el camino para ganar en Europa sin Ramos (y con Nacho, como si fuese su capitán, forzando un penalti cuando más falta hacía). ¿Crisis? ¿Qué crisis?

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