La vuelta al 4-3-3 de Koeman (o cómo olvidar la esencia del Barcelona)
  1. Deportes
  2. Fútbol
el holandés no controla los partidos

La vuelta al 4-3-3 de Koeman (o cómo olvidar la esencia del Barcelona)

En lo que va de temporada Koeman ha demostrado que ese juego de centrocampistas no le interesa

placeholder Foto: Ronald Koeman da instrucciones al equipo en el Camp Nou. (Efe)
Ronald Koeman da instrucciones al equipo en el Camp Nou. (Efe)

El 1-0 del Atleti contra el Barça supone la tercera derrota en las seis últimas fechas ligeras para los dirigidos por Koeman. Contándose también dos empates entre dichas jornadas, no se veía tal racha negativa en los culés desde la lejana temporada 2007/08. Pero los resultados no son el problema del Barça actual.

En una charla para el podcast Mi fútbol, aseguraba el periodista catalán Ramón Besa que el éxito del club azulgrana siempre se centró en su “juego de centrocampistas”. Un repaso a los equipos durante las tres décadas recientes, etapa donde la entidad ha conseguido más títulos que en el resto de su historia, muestra que Besa anda en lo cierto. Aunque es sabido que los partidos se deciden en ambas áreas, desde el Dream Team hasta el Barça de Luis Enrique las victorias se asentaron en el control de los tiempos de sus jugadores interiores. Y el planteamiento actual de Koeman va camino de extinguir ese juego de centrocampistas que aún es el nervio central de los distintos equipos del club.

La importancia del dibujo

Sin dejar de admitir que los esquemas de juego son una determinada “ocupación espacial al inicio del partido”, el fiel usuario del 4-3-3, Menotti ironizaba con que, en última instancia, los dibujos tácticos son solo números de teléfono, ya que una vez rueda el balón lo importante es observar la voluntad con la que el técnico propuso jugar y entender que el futbolista a menudo se moverá según su iniciativa personal. En similar corriente de pensamiento que el argentino, un avanzado Lillo aseguraba que el fútbol no se divide en ataque y defensa, sino que se trata de un todo donde atacar y defender es una constante, siendo el resto de factores secundarios.

placeholder Koeman con Messi al final del partido contra el Atlético de Madrid. (Efe)
Koeman con Messi al final del partido contra el Atlético de Madrid. (Efe)

Y hay que estar de acuerdo con los dos maestros porque, en un deporte jugado por personas, asegurar que la pizarra está por encima de los movimientos realizados por quienes lo practican sería pecar de soberbia. Pero no es menos cierto que determinados mecanismos del conocido juego posicional, una propuesta extendida desde los noventa y de la que el Barça es emblema, cuestionan la afirmación naturalista de Menotti. Y tampoco lo es que Lillo pasó a la historia como ideólogo del esquema 4-2-3-1, un dibujo concreto que el actual asistente de Guardiola, en su tiempo como entrenador titular, seleccionó entre varios por considerarlo el adecuado para favorecer ese fútbol que es unidad.

Por tanto, podría asegurarse que el esquema de juego no es lo principal, pero a la vez no cabe duda de que esta distribución base sí es importante para el desarrollo de según qué propuesta de juego. Algo que, como se contará a continuación, los propios Cruyff, Van Gaal o Guardiola han demostrado.

El 4-3-3 en el Barça

De vuelta al Barça, el fútbol de posesión y posiciones que hizo grande al club de la mano del Cruyff entrenador se imponía a sus rivales desde el dominio del centro del campo. Como contó Johan, él pretendía alinear futbolistas técnicos que no perdiesen el balón y lograr superioridades numéricas en la zona de gestación de las jugadas. En los años noventa, era habitual que los equipos jugasen con dos delanteros, por ello el Barça dejaba solo tres defensores y sumaba un hombre a la zona media para esbozar el 3-4-3 que Cruyff popularizase. Según las circunstancias del juego, durante el partido era normal que uno de los delanteros desatendiese su puesto para retrasarse pocos metros en apoyo, convirtiéndose en un nuevo activo en el centro del campo. Y es que Ramón Besa estudió el asunto en detalle, ya que los éxitos del Barça se deben en gran medida a la acumulación, el estudiado posicionamiento y la técnica de sus centrocampistas interiores.

Foto: Piqué se marchó llorando y cojeando del Wanda. (Reuters)

Para finales de dicha década, tanto Johan como luego Van Gaal variarían el dibujo hacia un 4-3-3, lo que en adelante establecería un reconocible trío de centrocampistas compuesto por un pivote generador delante de la zaga -evolución de la figura del “4” barcelonista simbolizada en Milla y Guardiola- y dos interiores de continuación que partían desde la mitad de campo rival.

En referencia a estos esquemas elegidos en virtud de la ocupación de los espacios, Van Gaal explicaba que hay determinados dibujos cuyas posiciones trazan triángulos imaginarios entre los futbolistas que se antojan imprescindibles para mantener el balón y avanzar a través de los pases cortos y medios, en lugar de hacerlo mediante riesgosas conducciones o envíos directos propios de otras maneras de entender el juego.

Van Gaal se marcharía junto al presidente Nuñez en el año 2000, pero para esa época el fútbol combinativo de centrocampistas, el esquema 3-4-3 variado a 4-3-3, el pivote y los interiores eran ya tan sello de la escuela de los Países Bajos como parte del alma del club azulgrana. Todos ellos fueron puntos retomados por Rijkaard y continuados por Guardiola en la entidad que, de persistir el planteo de Koeman a lo largo del tiempo, pueden extinguirse.

Puntos de quiebre

Para seguir con el necesario repaso a la historia, tras Van Gaal llegó al Barça Serra Ferrer y su sistema 3-2-3-2. Pese al número de centrocampistas usados, fue tal la protesta del entorno en relación a la ineficacia del doble pivote establecido por Serra que ni el dibujo ni el técnico acabaron la temporada. Se haría entonces con el banquillo Rexach, uno de los que había apuntado lo perjudicial que era contar con dos volantes clásicos para la salida de balón desde los centrales y el posterior control del juego metros adelante. El escaso trabajo táctico en su Barça y la ya madura defensa zonal que imperaba en la Liga se comerían los intentos de Rexach de volver al 3-4-3 ultraofensivo de concepción cruyffista. Y el período de malas decisiones, mediocre juego y pésimos resultados de Gaspart en la presidencia del Barça se cerraría con el nombramiento de Laporta para este cargo y la contratación de Rijkaard, en el verano de 2003.

A juzgar por el 4-3-3 que usó en su Holanda semifinalista de la Eurocopa del 2000, seguramente a objeto de mantener la deriva con la que un precavido Antic consiguió dignificar el último curso, a su llegada al banquillo azulgrana Rijkaard confío inicialmente en el 4-2-3-1. Pero no sería hasta el fichaje de Davids a mitad de temporada y el consiguiente paso al 4-3-3 cuando el juego del equipo tomaría consistencia y volvería a verse un Barça identificable. Acompañando de victorias, el doble pivote desaparecía por más de una década y los interiores serían de nuevo el sostén del estilo de juego azulgrana.

placeholder Pep Guardiola durante un partido con el Manchester City. (Efe)
Pep Guardiola durante un partido con el Manchester City. (Efe)

Entrada la 2008/09 Guardiola recuperaría la figura del falso 9 con Messi, quien según exigiese el ataque ejercería como un centrocampista más para que otros hiciesen los goles, y en ocasiones usaría el 3-4-3. Tres años después, el argentino, Xavi e Iniesta estarían entre las primeras cuatro posiciones del Balón de Oro y el Barça habría conquistado todos los títulos disputados, entre ellos el Mundial de Clubes tras ganar 4-0 al Santos con cinco centrocampistas en la alineación junto a unos Alves y Messi que, en la práctica, también lo eran. Sería la sublimación de la idea.

Tras la continuación del estilo por Vilanova y Martino, con llegada de Luis Enrique al banquillo el equipo verticalizaría los ataques con el tridente compuesto por Messi, Neymar y Suárez. Para 2017, el protagonista Iniesta aseguraba en una entrevista concedida a Universo Valdano que la esencia del juego de posesión era la misma con Luis Enrique que la que él había conocido desde Rijkaard. Y era cierto, ya que en la elaboración de las jugadas Lucho daba mucha importancia a los tres centrocampistas del 4-3-3. Pero en el fondo, a la salida previa de Thiago se había unido las contrataciones de un interior de recorrido como Rakitic y una estrella como Neymar, el papel acaparador de un Messi varias veces Balón de Oro o la salida de Xavi, circunstancias que demostraban que el peso del equipo había pasado a estar en el trío ofensivo. Lo que, aún oculto por los títulos, era una primera grieta en el estilo.

Agotados los éxitos del Barça de Luis Enrique, con la plantilla mal renovada y un Messi veterano ejerciendo como jugador casi más importante que el propio mecanismo grupal, desde 2017 un dúctil Valverde hubo de adecuar el planteamiento para conseguir ganar. Llegaron así dos Ligas, la segunda de ellas ya sin Iniesta y con interiores como Paulinho o Vidal con importancia en el equipo, centrocampistas poco técnicos y aptos para defender intensamente desde lo personal más que lo posicional.

Transcurridas tres temporadas, la situación final fue que el equipo habría acabado por desestructurar el 4-3-3 para pasar a jugar en una suerte de 4-2-3-1 más intuitivo, donde Leo se movía por todo el campo y sus compañeros se adecuaban a él. Un sistema protegido a menudo por un doble pivote de espera baja que, en conjunto, no se sostendría en los momentos decisivos.

Koeman elimina el juego de centrocampistas

Entonces, creyendo que la escuela neerlandesa arraigada en el Barça es todo lo nacido en los Países Bajos, para el curso 20/21 el presidente Bartomeu fichó a Koeman en el que sería su último intento por congraciarse con el entorno culé. Algo que, como demuestra su forzada dimisión poco después, no sucedería.

En lo que va de temporada Koeman ha demostrado que ese juego de centrocampistas no le interesa. Es cierto que el fútbol evoluciona -en realidad, como el de posiciones, solo retorna- hacia planteamientos de juego móviles. Sin ir más lejos, tanto en su Bayern como en el actual Manchester City el dogmático Guardiola ha usado dibujos 4-3-3 o 3-4-3 de partida que se flexibilizan durante los encuentros. Hoy, a menudo son más importantes los roles y movimientos asignados a los futbolistas que los puestos que estos ocupan de partida. Para Pep, en ocasiones los laterales tienen la misión de situarse en torno al pivote, convirtiéndose en nuevas vías de pase o piezas de aclarado a la hora de construir el juego y facilitadores de la presión en campo rival cuando el balón se pierde. En otras, son los interiores quienes caen a apoyar al volante, o incluso parten de ahí, a objeto de multiplicar las vías de construcción desde atrás para, acto seguido, acompañar el avance del grupo ubicándose como nuevos receptores sin balón entre las líneas oponentes.

Foto: Carrasco anotó el gol de la victoria del Atlético. (EFE)

Adecuado a los enormes avances tácticos, los esquemas de entrenadores como Guardiola varían así durante los partidos, volviéndose innumerables. Pero el de Santpedor sigue sin traicionar las esencias de posesión y posición que aprendió de Cruyff y aplica desde su primera experiencia como técnico a las órdenes del Barça, potenciando con su método la máxima de que en sus equipos haya el mayor número de jugadores posible que actúen como centrocampistas y ocupen los espacios con eficacia.

Atendidas todas estas lecciones, pretéritas y actualizadas, que Koeman emplee un sistema u otro podría ser importante para el desarrollo del “estilo-Barça”, pero a priori no debería ser decisivo. Aunque lo cierto es que, por lo visto hasta la octava jornada de Liga, la invariable manera en la que hace jugar a los azulgranas sí está apreciándose determinante para el devenir del FC Barcelona.

En acto, su dibujo 4-2-3-1 funciona como un 4-2-4 sin centrocampistas interiores. Koeman plantea que los cuatro zagueros tracen prácticamente una línea, con irrupciones puntuales de algún lateral por su costado. Delante de ella, la pareja de mediocentros se sitúa a baja altura y rara vez rompe el paralelismo preventivo, escalonándose solo cuando el equipo ya ha logrado avanzar hasta zonas de tres cuartos de campo. En ataque el holandés dispone a cuatro futbolistas que ejercen prácticamente de delanteros, y deja que fluyan con relativa libertad. De este cuarteto, a menudo un jugador hace las veces de mediapunta, en lo que parece un intento de enlazar las líneas atrasadas con la de vanguardia. Por lo visto hasta el momento, este nexo natural solo sucede esporádicamente.

En el Barça de Koeman no se dan las condiciones posicionales ni funcionales para que el equipo se haga con la posesión. La mayor parte de los partidos el equipo se ve seccionado en dos mitades tanto a la hora de construir como a la de recuperar el balón, ofreciéndole así espacios al rival que este no duda en aprovechar. Después de la lesión de Piqué y los cambios realizados, en el partido contra el Atleti los azulgranas acabaron con De Jong como central, cinco atacantes y ningún jugador que ejerciese de pivote ni de interior. Algo por lo que Koeman ya apostó en anteriores citas.

No encuentra los triángulos

Prescindiendo de los verdaderos interiores, que eran favorecidos por el posicionamiento 4-3-3 o pudieran serlo por movimientos trabajados en otros sistemas al modo guardiolista, el grupo no encuentra los triángulos, las conexiones, los efectivos, la táctica y la técnica necesarias para dominar los partidos. Ni tampoco el armazón que permita a un equipo aún por construir no derruirse cuando su juego no fluya.

Más allá del sistema, con su propuesta de juego Koeman está maltratando esencias conceptuales del Barça que, afortunadamente, aún siguen trabajándose en las categorías inferiores del club. Gracias a entrenadores como García Pimienta, del segundo equipo aún surgen al profesionalismo centrocampistas genuinos como Jandro, Riqui Puig, Monchu o Collado, al igual que en otras épocas gloriosas nacieron en la Masía Busquets, Xavi, Iniesta, Thiago, Amor o el propio Guardiola. Pero interiores como Monchu, el mejor jugador del buen Barça B la pasada temporada, o el mayor talento salido de la Masía en años, Riqui Puig, no tienen la oportunidad siquiera de probar en un sistema que prescinde de esas posiciones y roles.

Ya se marchó Bartomeu, pero si Koeman persiste en una propuesta que niegue ese juego de centrocampistas del que hablaba Ramón Besa, se corre el riesgo de que toda la estructura del club se destruya.

Pep Guardiola Luis Enrique Leo Messi Neymar
El redactor recomienda