El hombre que cambió la secretaría técnica

La 'semilla' de Monchi germina en la élite: los discípulos retan al fin al maestro

Los directores deportivos a los que el gaditano 'moldeó', Víctor Orta, Miguel Ángel Gómez y Óscar Arias, desgranan sus enseñanzas y la filosofía de trabajo que encumbró al Sevilla

Foto: Monchi, jaleado por la plantilla tras el título de Europa League frente al Inter de Milan. (Reuters)
Monchi, jaleado por la plantilla tras el título de Europa League frente al Inter de Milan. (Reuters)

Son las 10:27 de la mañana en Fráncfort. Faltan exactamente 15 días para que se cierre el mercado de fichajes más convulso de la historia y Víctor Orta, director deportivo del Leeds United, atiende nuestra llamada aprovechando una escala en la ciudad alemana ahora que se puede volver a volar por Europa. "Me dirijo a Bilbao, a intentar cerrar a Diego Llorente", confiesa el madrileño a El Confidencial.

Su misión resultaría exitosa y el internacional español, pocas horas después, se pondría a disposición de Marcelo Bielsa, reforzando así una plantilla que, tras 16 años de espera, defendería los colores de los ‘Peacocks’ en la Premier League. Un hito por el que el técnico argentino se ha llevado todos los elogios, aunque el directivo también ha jugado, claro está, un papel importante en esta historia. No en vano, y en sus propias palabras, aprendió "del mejor".

Víctor Orta, director deportivo del Leeds United. (EFE)
Víctor Orta, director deportivo del Leeds United. (EFE)

A Víctor Orta le persigue la etiqueta de ‘alumno aventajado’ de Ramón Rodríguez Verdejo, por todos conocido como 'Monchi', desde que dejó de engrosar el organigrama del Sevilla para dirigir los designios deportivos del Zenit ruso en 2013. Y no parece molestarle. Los siete años que pasaron juntos en Nervión, entre ellos, los de mayores éxitos de la historia del club andaluz, sentaron las bases de la metodología del responsable último de haberle devuelto la ilusión a Ellan Road.

"No me quise marchar antes porque creí que no era el momento", asegura el que ha sido director deportivo del conjunto británico durante los últimos tres años, "pero, al interesarse el Zenit, sentí que era un momento diferente, que necesitaba crecer pese a estar en la mejor ciudad, en el mejor club y con la mejor afición del mundo". "Era el momento de afrontar algo más personal, un desafío que implicase mejorar mi inglés o vivir en el extranjero. Él lo entendió".

No ha sido un camino fácil. Al contrario que la de su 'mentor', que fue meteórica —pero no precisamente sencilla—, la trayectoria de Víctor Orta en los despachos se ha ‘cocinado’ a fuego lento en ciudades como Elche, Middlesbrough o San Petesburgo. Antes de ser 'scout' siquiera, colaboró en un programa de radio sobre fútbol internacional y trabajó para la agencia de representación que llevó a Adriano Correia o Juande Ramos al Sevilla.

Monchi, con la copa de la Europa League. (Reuters)
Monchi, con la copa de la Europa League. (Reuters)

Precisamente, aquel empleo le permitiría establecer un primer contacto con el de San Fernando. "Tras mi primer año en Valladolid, en 2006, me llamó para ser su secretario técnico. Me costó tomar la decisión. Sabía que lo mejor era irme, pero le debía lealtad a la gente que había confiado en mí, como José Luis Caminero. Me dijo que me entendía, pero también que tenía que ser inteligente", explica Orta, que terminaría aceptando el consejo del exjugador del Atlético de Madrid.

Confianza ciega

Esta decisión, como a muchos otros después que él, le cambiaría la vida a Víctor Orta. Si Pep Guardiola y José Mourinho pueden presumir de haber ‘moldeado’ a Mikel Arteta o André Villas-Boas, Monchi puede estar orgulloso de tener a sus tres excolaboradores más importantes al frente de otros tantos proyectos en la élite del fútbol español e inglés. Orta fue el primero en hacer las maletas, pero no el único. El siguiente sería el propio Monchi.

"Fue un momento duro", recuerda Miguel Ángel Gómez, otrora coordinador de la secretaría técnica sevillista y actual director deportivo del Real Valladolid. Si alguien conoce bien a Monchi, ese es él. "Yo me quería ir con él a la Roma, pero ese deseo lo impidió el compromiso al que llegaron ambas partes de no llevarse ningún miembro de la secretaría técnica, pese a que algunos finalizábamos contrato", lamenta en declaraciones a este medio.

Miguel Ángel Gómez y Óscar Arias, junto a Monchi, en su despedida. (Foto cortesía de Miguel Ángel Gómez)
Miguel Ángel Gómez y Óscar Arias, junto a Monchi, en su despedida. (Foto cortesía de Miguel Ángel Gómez)

Esta fue una de las muchas aristas que envolvieron la salida de Monchi en 2017, que empezó a gestarse un año antes, cuando el exportero comunicó al consejo de administración liderado por José Castro su deseo de no continuar. El presidente logró hacer valer los tres años que le restaban de contrato y le impuso su continuidad, pero en Nervión todos intuían que solo era cuestión de tiempo que la leyenda cogiese la puerta 27 años después. Lo haría, eso sí, completamente solo.

El gaditano tuvo la mejor despedida que jamás pudo soñar cuando ejercía su sevillismo bajo palos. Arropado por su afición, Monchi decía adiós al equipo de su vida y dejaba como legado los nueve títulos que conquistó —10 tras la pasada Europa League— y un equipo de trabajo, el mejor en su campo, que no pudo acompañarle a Italia. Fue la única forma de convencer a la directiva de dejarle marchar sin abonar su cláusula de rescisión. Esa y no firmar por ningún club español.

"Me pidió que me quedase [en el Sevilla], me aseguró que todo iría bien, pero yo tenía muy claro ya que la era pos-Monchi, por las ideas que pululaban en torno al nuevo proyecto, no me iba a motivar. No me sentía bien. Prefería salir y explorar nuevas cosas que quedarme cual funcionario y no disfrutar de la libertad que me daba él", recuerda el responsable deportivo de Pucela. El de San Fernando "todavía era portero cuando nos conocimos" y estrecharon lazos cuando este fue nombrado delegado del equipo.

"Yo elaboraba unos registros de observación para Marcos Alonso, el entrenador del primer equipo, pero Monchi también les echaba un vistazo; ya sentía curiosidad por los datos. Era inquieto, le gustaba preguntar por todo", añade Gómez, que jugó un papel muy importante en su estructura de trabajo cuando fue ascendido por el presidente Roberto Alés en el año 2000.

"Un día, al fin, el padre de Clément Lenglet nos dijo que podría sacarlo [del Nancy], y Monchi me dijo que ahora sí, que ahora podría ser"

El cordobés, que desde muy joven ejerció distintos roles en el Sánchez-Pizjuán, se convertiría en el hombre de mayor confianza de Monchi. Sobre él recayeron la gestión de los recursos de su departamento, la asignación de labores a los scouts y hasta las negociaciones con los agentes. Incluso se llevó de viaje a Jesús Navas a Ronda (Málaga) para ayudarle a superar sus problemas de ansiedad, motivados por un carácter introvertido y una fama repentina.

También jugó un papel destacado en el fichaje —como en el de muchos otros— de Clément Lenglet con la bendición de su buen amigo. "Me impliqué mucho porque ya hicimos varias ofertas para incorporarle al filial con 18 años. Un día, al fin, el padre nos dijo que podría sacarlo [del Nancy], y Monchi me dijo que ahora sí, que ahora podría ser", relata, no sin apostillar cómo el gaditano "lo lleva todo con una discreción impresionante". "En eso es un maestro".

Un relevo convulso

Pese a todo ello, el elegido para sucederle no sería Gómez —"yo no estaba interesado, no quería formar parte de aquella etapa sin Monchi", aclara—, sino Óscar Arias. El actual responsable de la planificación del Cádiz, uno de los mejores recién ascendidos del siglo XXI en LaLiga, ya poseía experiencia como director deportivo en el Recreativo de Huelva —un ascenso y tres permanencias— y Las Palmas antes de unirse al equipo de trabajo del club andaluz.

Monchi y Arias se conocieron siendo futbolistas, pero fue un amigo en común, Juan Maraver, quien le propuso su nombre al gaditano en 2013 para llenar el vacío que dejó Víctor Orta. "Trabajar junto al número uno en nuestra profesión y seguir creciendo al lado de grandes profesionales era una oportunidad que no podía dejar escapar", apunta el directivo cadista vía email a El Confidencial.

Monchi y Miguel Ángel Gómez, a la izquierda, junto a uno de los cinco trofeos que conquistaron juntos. (Foto cortesía de Miguel Ángel Gómez)
Monchi y Miguel Ángel Gómez, a la izquierda, junto a uno de los cinco trofeos que conquistaron juntos. (Foto cortesía de Miguel Ángel Gómez)

"No es ningún secreto que la dirección deportiva del Sevilla es una de las que mejor trabaja. Lo consideré un paso adelante", aclara al ser cuestionado sobre su decisión de asumir un rol más secundario en Sevilla y no ser, por primera vez en mucho tiempo, la cabeza visible, el máximo responsable, como lo fue en Huelva y Canarias.

Como director de fútbol de élite del conjunto sevillano, fue el nexo de unión entre el cuerpo técnico y la dirección deportiva; también el último filtro a la hora de establecer los objetivos de mercado. Esto le convirtió en el principal candidato de la directiva a tomar el relevo. "¿Si me dio Monchi algún consejo? Ninguno. No era necesario. Llevábamos cuatro años juntos. Lo teníamos todo más que hablado".

"En el Sevilla había, y sigue habiendo, gente muy cualificada que podía haberse hecho cargo del puesto. Imagino que los cuatro años junto a él, el contacto directo y permanente con el primer equipo y el conocimiento de los métodos de trabajo que permitían una línea continuista tendrían su peso en la decisión final", subraya Arias, destituido solo un año después pese a disputar la final de la Copa del Rey y, por vez primera, los cuartos de final de la Champions League.

"Era plenamente consciente de que el primer año de la era post Monchi iba a ser complicado. Las comparaciones iban a ser inevitables y, lógicamente, en todas iba a salir perdiendo. Además, fue un año en el que hubo una importante lucha de poder en el club y eso también creó un ambiente un tanto revuelto. Al margen de todo esto, lógicamente, hubo cosas que se podían haber hecho mejor", reconoce. Joaquín Caparrós ocuparía su lugar hasta el regreso de Monchi y Arias aceptaría la oferta del Cádiz.

‘Cortados’ por un mismo patrón

Los tres protagonistas de este reportaje ocupan a día de hoy un lugar privilegiado, como lo es la élite del fútbol europeo. También comparten, cada uno con sus matices y creencias propias, un denominador común: las enseñanzas, metodologías y filosofía de trabajo del hombre que lideró —y continúa perfeccionando tras sus breves andanzas en Italia— la mayor metamorfosis deportiva y estructural del fútbol patrio en los últimos veinte años.

Tanto es así que el actual director deportivo del Real Valladolid cambió radicalmente sus perspectivas de futuro. "Yo aspiraba a ser entrenador", señala, "pero él me convenció de que, por mi perfil, podría ser una persona importante en una estructura deportiva". "Yo hubiera sido feliz si me hubiese llevado a Roma, al Arsenal… Formaba parte de esa ‘cuadrilla", insiste.

Entre la espada y la pared, Gómez recibió la ayuda de un viejo compañero de fatigas. "Víctor Orta y Dani Salas me animaron a reunirme con el Valladolid cuando Monchi se fue. Me senté con Carlos [Suárez, expresidente y actual consejero delegado], y hasta el día de hoy", recuerda. En su primera temporada en el cargo, el club castellanoleonés lograría el ascenso a Primera a través del ‘playoff’, poniendo fin a una larga espera de cuatro años.

A Orta le costó un poco más de tiempo, tres temporadas, emular este hito en Leeds. Allí, por si fuera poco, el madrileño cumplió una de las viejas ambiciones de su amigo y maestro: la de trabajar junto a Marcelo Bielsa, que estuvo a punto de recalar en Nervión hasta en dos ocasiones, pero las negociaciones, que duraron meses, no fructificaron. Sí lo hicieron con el conjunto británico y, por supuesto, con su director deportivo.

El Leeds de Bielsa y Orta, uno de los equipos de moda de la Premier League. (Reuters)
El Leeds de Bielsa y Orta, uno de los equipos de moda de la Premier League. (Reuters)

"No es nada meritorio. Estoy contento por haberle podido convencer de nuestro proyecto", se limita a comentar al respecto, restándole importancia a la contratación del argentino. Tampoco vería inusual ni incómodo sentarse a negociar con Monchi por algún futbolista. "Sería algo transparente", afirma. "Cuando empezó en la Roma, intentamos traer a Ervin Zukanovic, un central, pero no quiso venir. Eligió al Genoa. Todo estaba funcionando, pero el jugador eligió otro destino".

A pesar de que su trayectoria en solitario dura ya los mismos años, siete, que la que trazó en Sevilla, Orta sigue aplicando muchas de las filosofías de trabajo que aprendió de Monchi. "¿Cómo no las voy a aplicar? ¡Generamos toda una metodología de reclutamiento! Recuerdo la implantación de los onces ideales de cada liga mensualmente, su forma de negociar en función de cada club, de acercarse al entrenador para estar al tanto de sus requerimientos… Son grandes enseñanzas, obviamente", señala.

"Cuando ves que un jugador tiene un desarrollo superior, no puedes frenar su evolución. Lo más sensato es una buena venta"

El Leeds de Orta, el Valladolid de Gómez y el Cádiz de Arias —que logró el ascenso en su segundo año— se caracterizan también por la búsqueda constante de plusvalías deportivas y económicas. "Al igual que en el Sevilla, mantenemos la filosofía de vender para crecer", indica el director deportivo cadista, a quien no le tembló la mano a la hora de dejar marchar, por ejemplo, al canterano Manu Vallejo, como tantas veces le ocurrió a Monchi en Nervión.

"Cuando ves que un jugador tiene un desarrollo superior, no puedes frenar su evolución. Lo más sensato", asegura Óscar Arias, "es tratar de realizar una buena venta que permita al jugador seguir creciendo y al club le genere los ingresos suficientes para reemplazarlo y realizar otras operaciones". No obstante, reivindica que "muchas de las cosas que hacemos pertenecen a mi propia forma de trabajar".

De entre todas las "funciones entre bambalinas" de Monchi, Miguel Ángel Gómez subraya la forma de "proteger y defender al entrenador y a la plantilla", haciendo las veces de escudo "de cara al entorno, las críticas o las redes sociales". "Creo que hemos conseguido eso en nuestra gestión del día a día", celebra el directivo pucelano, aun cuando su equipo se encuentra en descenso y su técnico, Sergio González, centra todas las miradas.

En ningún lugar como en casa

Pero el ‘método Monchi’ no fue tan bien recibido en la Ciudad Eterna. La política de fichajes del andaluz, con la llegada de grandes promesas como Justin Kluivert, Cengiz Ünder o Ante Coric, estuvo marcada por las ventas de hombres clave como Mohamed Salah, Alisson Becker y Antonio Rüdiger, la eliminación en semifinales de la Champions a manos del Liverpool y un sexto puesto en la Serie A.

Aunque le restaban dos años de contrato, el de San Fernando propuso al club italiano una salida amistosa al día siguiente de que Eusebio Di Francesco, el técnico que él mismo eligió para liderar el proyecto sobre el césped, fuese destituido. Veintidós días después, y con la carta de libertad bajo el brazo, regresaba al Ramón Sánchez-Pizjuán para volver a ocupar el que había sido su despacho durante más de tres lustros.

Monchi, en su etapa como director deportivo de la Roma. (EFE)
Monchi, en su etapa como director deportivo de la Roma. (EFE)

Muchos se preguntaban inevitablemente a su regreso si Monchi sería capaz de devolver al Sevilla a la senda de la Liga de Campeones y los títulos sin Arias o Gómez a su lado. El fichaje de Julen Lopetegui avivó la incertidumbre en torno a un proyecto que, para sorpresa de nadie, alzó la sexta Europa League del club. Lo que comúnmente se conoce como llegar y besar el santo. Su equipo de trabajo había cambiado, sí; también el entrenador, pero no su metodología.

"Yo no entiendo en los últimos veinte años al Sevilla sin Monchi y tampoco veo a Monchi sin el Sevilla. Creo que es un amor mutuo y para toda la vida", expresa Óscar Arias, celebrando también que su antiguo jefe, su "amigo", le diese "una visibilidad a nuestra profesión que hasta entonces no tenía". "Estábamos en un segundo plano y hoy tenemos un mayor reconocimiento", recalca el de San Roque.

"Para el club supuso un cambio radical, posicionándolo entre los mejores modelos de gestión de España y de Europa. Aunque Ramón Martínez ejerció ese papel, más o menos, en los 80 y los 90, los clubes no daban importancia a este puesto, salvo en Italia. Al cosechar éxitos en el Sevilla, ayudó a que se valore esa figura", coincide Víctor Orta. "Ya todos los equipos, prácticamente, tienen uno, se imparten cursos, existe un mercado de directores deportivos... ".

"Monchi ha vuelto a demostrar que su forma de trabajar es eficaz"

Cuestionado sobre el innegable idilio que mantiene su mentor con Nervión, el director deportivo del Leeds subraya que "también tiene un grupo de trabajo increíble que es ejemplo de conocimiento, de saber hacer las cosas, de análisis; una mezcla entre el ojo experto humano y la novedad del Big Data". "Monchi ha vuelto a demostrar con resultados", concluye, "que su forma de trabajar es eficaz y puede cambiar no solo la filosofía, sino también la historia de un club".

"Nadie podrá igualarlo ni a nivel de títulos ni de modelo. Para muchos es una referencia también por su forma de hacer las cosas. En cada negociación intenta que todas las partes estén medianamente descontentas; no busca pisotear al contrario, sino que todos sacrifiquen un poco para llegar a un acuerdo. Pero Monchi para mí ha sido un hermano", añade, por su parte, Miguel Ángel Gómez. "Hemos crecido juntos siendo yo más joven que él. Me conoció siendo yo un adolescente y ha sido un referente, un espejo donde mirarme".

Cuerda para un rato

Cada cual con distinta suerte, los excompañeros de Monchi que nos atañen comprueban cada día en sus propias carnes el estrés y la presión que supone trabajar 24 horas al día los siete días de la semana. Aun así, no permiten que los kilómetros, la pandemia y el poco margen de maniobra del que disponen les distancien del hombre al que ayudaron a construir un modelo reconocible en todo el mundo. Aunque este a veces se olvide de devolverles las llamadas.

Cuando se trata de mantener el contacto, Miguel Ángel Gómez asegura que "a Monchi hay que entenderle". "Cada vez que le he necesitado él ha estado ahí, pero necesita su tiempo, su espacio. Como profesional, ya tiene muchísimas llamadas y reuniones. Hay que dejar que disfrute también de su familia", esgrime su amigo, deseoso de reencontrarse con él, probablemente, el próximo mes de diciembre en Nervión.

Monchi, en una imagen reciente. (Reuters)
Monchi, en una imagen reciente. (Reuters)

El propio directivo sevillista confesaba recientemente en SFCTV que "le he quitado mucho tiempo a mi familia, a mis amigos y a Monchi". "Algún día les tengo que devolver ese tiempo; algún día me tendré que ir", dijo, dejando entrever que su carrera en los despachos tocará más pronto que tarde a su fin. "Este trabajo te absorbe mucho y casi no tienes tiempo" de otra cosa que no tenga que ver con el fútbol, recalca su otrora mano derecha, Óscar Arias.

A Monchi aún le queda cuerda para un rato. Desconocemos cuánta y, por tanto, el cuándo. Lo que sí sabemos es que el ‘método Monchi’ no se marchará con él de Nervión. Sus secretos profesionales, los que más de uno preferiría llevarse a la tumba que compartirlos, permanecerán a buen recaudo en manos de su equipo de trabajo y de quienes una vez fueron sus alumnos y hoy desafían su estatus.

El mismo que en su día, cosas del fútbol, ayudaron a construir.

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