La oposición ya tiene 16.521 firmas legales

Validado el voto de censura contra Bartomeu, acorralado en un Barça que parece el Titanic

El presidente del FC Barcelona medita su dimisión después de que los promotores de la moción de censura hayan conseguido registrarla legalmente. Si no se va voluntariamente, habría un referéndum

Foto: Josep Maria Bartomeu, en un partido de la Euroliga el pasado día 1. (Efe)
Josep Maria Bartomeu, en un partido de la Euroliga el pasado día 1. (Efe)

Josep María Bartomeu está meditando su dimisión como presidente del FC Barcelona. Eso es lo que hace unos días filtraron miembros de su junta directiva cuando aún no se habían validado las firmas del voto de censura: que si se superaban, Bartomeu podría marcharse. Esta mañana, a las 12.06, el promotor del voto de censura e integrante de la Mesa, Jordi Farré, publicaba a través de las redes sociales: “Objetivo conseguido”.

Las 16.521 necesarias para dar luz verde a la moción ya se han logrado y ahora el siguiente paso es que la Mesa convoque un referéndum donde será el socio con derecho a voto quien apruebe o no la moción. Tendría que ser aprobado por un 66,6 % para obligar a Bartomeu y su junta a dimitir automáticamente y la Mesa a partir del jueves debe consensuar el día del referéndum, que no puede ser antes de diez días hábiles ni después de veinte. Pero todos estas formalidades no serían necesarias si, como afirmaron algunos directivos, el presidente y su junta dimiten ya después de saber que las 16.521 firmas ya han sido validadas.

Josep Maria Bartomeu y Leo Messi, tras la última renovación del argentino con el Barça, en 2017. (EFE)
Josep Maria Bartomeu y Leo Messi, tras la última renovación del argentino con el Barça, en 2017. (EFE)

Bartomeu está acorralado y con varios frentes abiertos. El principal es el de la moción de censura. El sopapo es descomunal por parte de los socios que en plena pandemia y sin poder acudir a partidos en el estadio y poder firmar, se movilizaron para hacerlo en los diferentes puntos habilitados por los promotores, pero no es el único. El desbarajuste económico es un hecho tal y como ellos mismos reconocieron este lunes con la presentación de los resultados del ejercicio 2019-20 y además, tal y como publica ‘La Vanguardia’, la juez de instrucción 13 de Barcelona, Alejandra Gil, ha prorrogado el secreto de la investigación del denominado 'Barçagate' al hallar indicios de delito en la contratación por parte del Barça de un conglomerado de empresas para monitorizar las redes sociales.

El mercado, el último golpe

La desconfianza, el descontento de los socios, ya ha quedado patente con la validación de los votos necesarios para la moción de censura, pero la sensación es que va todavía a más después de lo ocurrido tras el cierre del mercado de los fichajes. A pesar de que Bartomeu afirmó que había dinero suficiente como para afrontar incorporaciones y que Koeman pidió incluso públicamente que era necesario fichar a un central (Eric García) y a un delantero (Memphis Depay), ninguno de los dos llegó. Y no sólo eso, sino que el club decidió traspasar gratis a Rafinha -al que le quedaba un año de contrato- al PSG, un club que lleva años dándole con la puerta en las narices al Barça con Thiago Silva, Verratti y sobre todo con Neymar.

Antoine Griezmann es sustituido el pasado domingo ante el Sevilla. (Reuters)
Antoine Griezmann es sustituido el pasado domingo ante el Sevilla. (Reuters)

Por mucho que dijera Bartomeu, la única prioridad que tenía era la de rebajar la masa salarial al máximo. Un sálvase quien pueda de manual. Y ante la imposibilidad de vender a Umtiti, por ejemplo, al que él renovó sabiendo ya que estaba lesionado y que tiene una ficha alta, decidió traspasar a Rafinha, un jugador de la casa, con ficha media, a un rival deportivo y también sentimental. Un enemigo, vaya.

El Barça de Bartomeu como club parece el Titanic, haciendo aguas por todos lados y hundiéndose irremediablemente a la vista de todos. Hasta ahora, el presidente ha demostrado una gran resistencia y se ha negado a abandonar el barco, pero las fugas ya tienen toda la pinta de ser imposibles de controlar: el voto de censura, la penosa situación económica, Messi de uñas contra él, el Barçagate, el cabreo general de socios y afición. La incógnita es si seguirá agarrándose a la silla y forzará el referéndum o se dará por vencido cuando la marea ya le llega al cuello y no hay tabla a la que agarrarse.

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