Pretende marcharse gratis

Bartomeu presiona a un Messi que no le coge el teléfono y negocia con el Manchester City

Josep Maria Bartomeu y Leo Messi siguen jugando su particular partida de cartas, con el mundo de testigo. Ni el uno ni el otro han abierto la boca desde el famoso burofax

Foto: Leo Messi, durante su partido frente al Bayern de Múnich. (Reuters)
Leo Messi, durante su partido frente al Bayern de Múnich. (Reuters)

Josep Maria Bartomeu y Leo Messi siguen jugando su particular partida de cartas con el mundo de testigo. Ni el uno ni el otro han abierto la boca desde que el martes el jugador enviara un burofax comunicando al club que se quiere marchar inmediatamente. Las filtraciones de una y otra parte son continuas y mientras Bartomeu sigue retando a Messi para que dé la cara, el astro persiste en su idea inamovible de irse, no le coge el teléfono, no quiere reunirse con él ni con nadie y prepara su fichaje con el Manchester City de Guardiola. Es más, pretende marcharse gratis.

Bartomeu presiona a un Messi que no le coge el teléfono y negocia con el Manchester City

TV3 adelantó este jueves la noticia de que el presidente estaría dispuesto a dimitir siempre y cuando Leo siguiera en el Barça. Dimitiría él, no su junta directiva, que agotaría el mandato hasta que el próximo mes de marzo se celebren las elecciones. Es decir, el vicepresidente primero, Jordi Cardoner, pasaría a ser el presidente en funciones y así podría dejar pulido el ejercicio económico, no vaya a ser que a la siguiente junta se le ocurra iniciar una acción de responsabilidad como la que Bartomeu votó a favor cuando era vicepresidente de Rosell en 2010 en contra de Laporta y los suyos.

Desde el punto de vista de Bartomeu, no es una mala jugada, ya que su objetivo es demostrar que él no es el problema porque la decisión del argentino está tomada y su propósito de inmolarse queda como un gesto altruista por el bien supremo de la entidad. Además, su finalidad sigue siendo presionar a Messi para que hable, que explique las razones de su espantada y pierda el favor de la opinión pública, que ahora está, mayoritariamente, de su parte. La batalla por el relato también cuenta.

Messi, deseando volver a ser entrenado por Guardiola. (Reuters)
Messi, deseando volver a ser entrenado por Guardiola. (Reuters)

El City prepara el fichaje

Leo Messi habló con Pep Guardiola la semana pasada para expresarle la ilusión que le haría volver a trabajar con él. El burofax no estaba pactado ni con el club inglés ni con nadie. Ferran Soriano, el CEO del City, está trabajando a destajo para hacer posible que la operación encaje, ya que el sueldo de Messi (100 millones brutos) no está al alcance de cualquiera, porque hay unas reglas y no pueden superar el límite salarial. O aligeran fichas en el City o Messi se baja una barbaridad su sueldo (que sería la primera vez), o no hay manera. Mientras, el PSG y el Inter están al acecho por si tienen una oportunidad y les cuadra.

En el Barça, están esperando a que se abra una vía de diálogo con el futbolista que por ahora ha sido imposible; no hay manera de desencallar la situación, porque Messi se ha cerrado en banda y no quiere hablar con ellos. Él ha tomado su decisión, envió un burofax, se quiere ir con Guardiola y no dará marcha atrás, pero el club azulgrana sostiene que no le dará la carta de libertad, que no se puede ir gratis y que la cláusula expiró el pasado 10 de junio y no en agosto, como alegan los abogados del delantero. La única opción, según el Barcelona, es llegar a un acuerdo económico, pero no hay forma por el momento ni de empezar a negociar porque Leo ha cortado la comunicación con el club.

Bartomeu presiona a un Messi que no le coge el teléfono y negocia con el Manchester City

Además, el Barça es consciente de que la FIFA antepondría el derecho del futbolista a seguir jugando hasta que la Justicia dictamine. Es decir, que Messi podría marcharse al City por mucho que Bartomeu y compañía pongan el grito en el cielo y le lleven a unos tribunales que vaya usted a saber cuándo dictaminarían.

Ambas partes siguen jugando sus cartas, para desesperación del barcelonismo: Bartomeu, forzando a Leo a negociar y a que parezca que todo es una cuestión personal, una animadversión hacia su persona, o evidenciar que el astro no atiende a razones. Messi, dejando pasar los días mientras el City arregla su desembarco y confiando en que tiene la sartén por el mango, porque, aun en el caso de que lleguen a los juzgados, la decisión final tardaría al menos un par de años y para entonces él ya habrá logrado lo que quería. Él, que juró amor eterno al Barça y declaró no pocas veces su intención de terminar su carrera como azulgrana, ha enviado un burofax porque no tiene ninguna intención de negociar y así lo ha notificado. Y hablará cuando él quiera, por mucho que Bartomeu se empeñe en apretarle.

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