Clara inferioridad en Lisboa

La Champions del coronavirus baja definitivamente del pedestal al fútbol español

El desastre del Barcelona frente al Bayern de Múnich completa una semana negra para los clubes de LaLiga: por primera vez en trece años, no habrá equipos españoles en las semifinales de la Champions

Foto: Quique Setién, durante el Barcelona-Bayern. (Efe)
Quique Setién, durante el Barcelona-Bayern. (Efe)

La Champions fantasma de Lisboa es no sólo uno de los capítulos más negros de la historia del Barcelona (y en menor medida del Atlético de Madrid). Es también el escaparate de una nueva realidad para el fútbol español: sin propuestas tácticas ni estado físico que oponer a equipos como el City o el Bayern (e incluso el Leipzig), la burbuja lisboeta inaugura una nueva normalidad también en el balompié: la década de hegemonía ibérica vinculada al dúo Cristiano-Messi ha sido definitivamente sepultada por la máquina niveladora del Bayern de Múnich, Guardiola y Nagelsmann. Por primera vez en trece años, no habrá un solo semifinalista español en la competición de clubes más importante del mundo.

El baño de realidad vivido por el fútbol patrio esta semana pemite reconocer una decadencia que dura ya años: basta con repasar la ristra de humillaciones al Barça y a Messi en el último lustro, recordar la inmensa suerte del Madrid en su última Liga de Campeones o el milagro que acompañó al Atlético en su victoria en Liverpool en marzo: de cien partidos semejantes, el equipo de Klopp ganaría 99. Al igual que el apogeo y caída de una selección española irrepetible, cuyos récords están aún lejos de ser batidos, los clubes de la otrora hegemónica LaLiga han sido destronados con una facilidad preocupante.

Salarios y finanzas

El argumento principal que ofrecen los clubes (y Javier Tebas, presidente de LaLiga) se refiere a la capacidad salarial de los clubes españoles, que ya no podrían competir en igualdad de condiciones con clubes italianos o ingleses para atraer el talento futbolístico. El razonamiento es indudablemente válido en los casos del PSG y el Manchester City, clubes-estado construidos a base de petrodólares y talonario, infractores seriales del 'fair play' financiero de la UEFA sin consecuencias graves para sus dirigentes. ¿Pero puede aplicarse a los casos del Atalanta (cuya plantilla entera cobra menos al año que Neymar) o del Leipzig, que desnudó al Atlético de Simeone sin una sola estrella en el campo (la única que tenía, Werner, había sido vendido al Chelsea un mes antes?).

El City celebra uno de sus goles ante el Madrid. (Efe)
El City celebra uno de sus goles ante el Madrid. (Efe)

El Real Madrid de Zidane fue sometido por el City tanto en el Bernabéu, en febrero, como la semana pasada en el Etihad Stadium. El Atlético de Simeone se mostró como un equipo gris, timorato y desordenado frente al juego ágil y ambicioso del Leipzig del prometedor Nagelsmann. El Barcelona fue zarandeado en Lisboa como ningún equipo grande lo haya sido en los últimos tiempos (con la excepción obvia de la selección de Brasil en el Mundial 2014: curiosamente, el técnico del Bayern, Hansi Flick, era el ayudante del seleccionador alemán Löw en aquel campeonato).

Filosofía de trabajo

Tanto el Atalanta como el Lepizig, y sin duda el Bayern, son equipos construidos desde una filosofía determinada, con una comunicación clara entre las diferentes áreas del club, sin compartimentos estanco: clubes en los que los fichajes 'comerciales' y 'vendecamisetas' no existen, o apenas existen. Lo expresó claramente Jonas Boldt, director deportivo del Hamburgo, en una entrevista reciente en El País, días antes del vapuleo al Barça: “Quien no se esfuerza en el Bayern, queda rechazado por el grupo”.

Viendo caminar por el campo a Leo Messi y a Suárez el viernes en Lisboa, liberados de cualquier obligación defensiva, o a Hazard el viernes anterior, la comparación con el esfuerzo colectivo del Bayern, del Liverpool o del City deja en pésimo lugar a un fútbol español que parece haberse apoltronado de tanto ganar. No es una cuestión puramente financiera, sino también de sacrificio. De trabajo. De estado físico. Setién llegó al Barcelona en enero presumiendo de cruyffismo e ideología: siete meses después, el cruyffismo lo encarnó el Bayern. La diferencia física entre los bávaros y los catalanes fue la existente entre un equipo profesional y no profesional de categorías inferiores.

Simeone y Diego Costa, durante el partido ante el Leipzig. (Efe)
Simeone y Diego Costa, durante el partido ante el Leipzig. (Efe)

Zidane intentó salir con la pelota jugada sin centrales expertos en la materia; Simeone quiso aplicar su manual clásico sin comprender al innovador equipo que tenía enfrente; Setién puso al equipo que prefería Messi y no se atrevió a hacer lo que quería. El panorama que deja esta Champions sin público es desolador: España, defensora de un juego atractivo que ganaba campeonatos y gloria, y generaba adeptos y escuelas, es superada ahora por clubes con y sin nombre que han perfeccionado esa vocación, acelerándola, haciendo todo más rápido, con mayor profesionalidad y extraordinario rigor táctico, un reparto democrático del esfuerzo, sin estrellas exentas de correr en defensa.

Aunque la herida de la Champions es ya indeleble, el Sevilla de Lopetegui tiene aún la posibilidad de maquillar el derrape español en la Europa League. Pero ni siquiera un triunfo sevillista cambiaría demasiado las cosas. No es sólo que los mejores clubes españoles sean significativamente peores a los mejores clubes de Inglaterra, Alemania o Italia. Es que Lewandowski, como no paraban de decir los periódicos y exfutbolistas alemanes los días previos al partido, es en efecto ahora mismo mejor futbolista que Messi.

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