Remontaron un 1-0 al Atalanta en el descuento

El talento de Neymar evita la agonía del proyecto multimillonario del PSG

El club parisino perdía 1-0 en el minuto 89 ante el Atalanta, cuya plantilla entera cobra menos que el 'crack' brasileño (mejor futbolista del partido con diferencia). Lesión preocupante de Keylor Navas

Foto: Neymar regatea a Freuler durante el encuentro (Efe).
Neymar regatea a Freuler durante el encuentro (Efe).

Cuando quedaba un minuto para la conclusión del tiempo reglamentario, perdiendo 1-0, la imagen del entrenador del PSG (Thomas Tuchel) inspiraba verdadera lástima: sentado sobre una nevera portátil junto a las muletas que le acompañan en la recuperación de una fractura en el pie, el alemán se cogía la cabeza con ambas manos, previendo el huracán que sobrevendría al pitido final del árbitro.

Los parisinos, el club más rico del mundo, iban a volver a fracasar en el noble intento de alcanzar las semifinales de Champions League (un objetivo que perseguían desde hace 25 años). La suerte para Tuchel es que tenía en el campo a un futbolista de época, con salario astronómico (superior al de todo el Atalanta), que en los primeros cuartos de final de esta Champions estival sin público demostró su candidatura a ser el mejor jugador del mundo de la era post-Messi.

Neymar fue el mejor hombre del partido, de principio a fin, a pesar de tres fallos estrepitosos. Cuanto más fácil lo tuvo, peor lo hizo: varias definiciones pésimas en ocasiones clarísimas impidieron al PSG adelantarse en el marcador antes del gol de Pasalic (minuto 35). Todo lo demás (lo difícil y lo muy difícil: túneles, quiebros, paredes, centros, las jugadas de ambos goles, etc.) lo resolvió el ‘10’ brasileño con una superioridad casi insultante: en el minuto 27, por ejemplo, una obra de arte ante cinco jugadores terminó en un tiro cruzado que se fue por medio metro.

Mario Pasalic celebra el gol del Atalanta (Efe).
Mario Pasalic celebra el gol del Atalanta (Efe).

Dando órdenes y gritando a sus compañeros cuando su equipo empezaba a sufrir la ansiedad del tiempo, Neymar justificó con creces su condición de jugador mejor pagado del equipo: le molieron a patadas en medio de una grisura general de sus compañeros justificada sólo en parte por las ausencias de los renqueantes Mbappé (que jugó a buen nivel la media hora final y dio la asistencia del segundo gol), Verrati (al que no hizo olvidar Ánder Herrera) y Di María (al que tampoco hizo olvidar Pablo Sarabia).

Dureza italiana

El máximo símbolo europeo de club construido a base de talonario para ganar la Champions encontró en el talento individual la forma de superar el trabajo colectivo de un Atalanta valiente en su fidelidad a la presión arriba, un atrevimiento que le hubiese costado muy caro si Neymar hubiese encontrado su puntería habitual. Beneficiado por la tolerancia del árbitro (los italianos cometieron 29 faltas y recibieron sólo 6 tarjetas), el Atalanta del carismático Gasperini soñó durante una hora con una clasificación que hubiese agotado los adjetivos y enviado a Neymar, a Mbappé, al desesperado Tuchel y hasta al jeque Nasser Al-Khelaïfi al infierno mediático.

Choupo-Moting y Neymar, tras el pitido final (Efe).
Choupo-Moting y Neymar, tras el pitido final (Efe).

Cuando en el minuto 93 llegó el 2-1 de Choupo-Moting (culminando un jugadón comenzado por Neymar), la locura del PSG resonó en las gradas del estadio vacío del Benfica durante un cuarto de hora: los franceses habían pasado en cinco minutos del ‘harakiri’ colectivo a las primeras semifinales de su historia. Los italianos quedaron agotados físicamente y con el ánimo pisoteado; hubieron de rendirse con honores a un presupuesto infinitamente superior.

La peor noticia para el PSG es la lesión muscular de Keylor Navas (que debió ser sustituido por Sergio Rico). Pero el abrazo final de Neymar con su eufórico entrenador sobre el césped despidió una liberación de energía nuclear cuyo efecto podrá comprobarse la próximo martes, con Mbappé ya recuperado, ante el ganador del Atlético-Leipzig. El brasileño parece iluminado: “"Nunca pensé en la eliminación, en mi cabeza, desde que regresamos a entrenar, yo sabía que llegaríamos hasta el final”, dijo exultante a la prensa en medio del griterío de sus compañeros desperdigados por las gradas.

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