noveno triunfo seguido

El Real Madrid pasa de la brillantez a los apuros en Granada y ya atisba la Liga (1-2)

Ganó el Real Madrid en Granada con dos versiones. En la primera parte desplegó un juego dominador y en la segunda se despistó. Apareció Courtois para sujetar al líder

Foto: Benzema celebra el segundo gol marcado al Granada. (EFE)
Benzema celebra el segundo gol marcado al Granada. (EFE)

Con la conquista de Granada, las cuentas del Real Madrid para ser el campeón de Liga pasan por sumar dos puntos en las dos próximas jornadas (Villarreal y Leganés) o ganar un partido siempre que el Barcelona sume los seis puntos que restan. Solo una debacle puede provocar un vuelco en la clasificación y, a pesar de que en el rival juega un tal Messi, las apuestas siguen siendo favorables al Real Madrid. Eso sí, esta Liga hay que sudarla hasta el último minuto como se vio en Granada. Courtois fue, de nuevo, el que sostuvo al equipo en una doble ocasión, minuto 85, con una intervención abajo y con Sergio Ramos evitando el empate bajo palos. La diferencia de juego y fiabilidad entre el equipo de Zidane y el de Setién es abismal, pero el líder también tiene sus fases de sufrimiento. El Barcelona, como se vio en la ajustada victoria en Valladolid, está más tieso. A favor del Real Madrid juega que tiene mejor plantilla.

La victoria del Real Madrid en Granada (nueve partidos y nueve triunfos consecutivos) despeja cualquier duda sobre una posible pájara que pudiera aprovechar el Barça. Las tiene, como le sucedió en el comienzo de la segunda parte en el estadio de Los Cármenes, pero sabe rearmarse. Y tiene un portero igual de bueno o mejor que el Barcelona y el Atlético de Madrid. Thibaut Courtois está al nivel de Ter Stegen y Oblak. Este Real Madrid necesitaba un guardameta que salvara los partidos en los apuros. El belga es una de las claves del pleno del equipo madridista. Ya avista la presa. Tiene el plus o la suerte del campeón. Se sobrepuso, con la ventaja de dos goles, del tanto de Machís en el inicio del segundo periodo y los minutos finales de agobio.

Los jugadores del Real Madrid festejan el gol de Benzema. (EFE)
Los jugadores del Real Madrid festejan el gol de Benzema. (EFE)

El líder ya tenía un buen colchón para soportar la reacción del Granada. Con una excelente primera parte le sirvió para sacar tres puntos fundamentales. Sí es cierto que se vieron dos Real Madrid. Uno que rozó la excelencia en un primer tiempo brillante y otro más despistado tras el descanso. El gol del venezolano Machís metió al Granada en el partido y llegó por algo inesperado: un error de Casemiro en el centro del campo. Al brasileño le arrebataron el balón y en la rápida transición recortó el equipo granadino. Courtois no pudo hacer nada para evitarlo. Le colaron el balón por debajo de las piernas. La reacción de Zidane fue quitar del campo, con un doble cambio, a Isco y Fede Valverde y meter más juego por las bandas con Rodrygo y Marco Asensio. Cambió la versión de un once plagado de centrocampistas.

La brillantez de Benzema

Afrontó el partido con la presión de no fallar tras la victoria del Barcelona y con la diferencia de un solo punto. No se notó, de inicio, la presión en un Real Madrid perfectamente estructurado. Zidane construyó un equipo con cinco centrocampistas (Casemiro, Kroos, Fede Valverde, Modric e Isco) y un solo delantero (Benzema). Es el cinturón de seguridad elegido para citas de alto riesgo. Con este dibujo se protege y queda blindado ante rivales que ponen alta intensidad y provocan que el equipo se pueda partir. El objetivo es jugar a lo que quiere el Real Madrid, confundir al adversario e imponer la calidad individual. Da resultados. Ya tiró de este sistema en la semifinal de la Supercopa de España contra el Valencia y el dominio del juego sometió al rival. Contra el Granada, más de lo mismo.

Zidane blindó el centro del campo y desarmó al conjunto granadino. El conjunto de Diego Martínez quedó empequeñecido durante gran parte de la primera parte. Mareado por el control y las arrancadas de los laterales, en especial Ferland Mendy, y la abundancia de centrocampistas a los que se unió Karim Benzema. El Granada transmitió impotencia. Se sintió demasiado inferior y superado por no saber cómo contrarrestar a un Real Madrid dinámico, con juego fluido y profundo. Hubo fases de recital colectivo de un líder que abusó de la calidad y la inspiración de tantos buenos futbolistas. Destacó, por encima de todos, el espectáculo de Benzema para asociarse con todos, tirar desmarques y finalizar las jugadas. Fue un Real Madrid aplastante.

Ferland Mendy celebra el primer gol al Granada. (EFE)
Ferland Mendy celebra el primer gol al Granada. (EFE)

Hasta este partido, estaba abierto el debate sobre los merecimientos del Real Madrid para proclamarse campeón de esta Liga. Se llegó a decir que si es campeón es más por deméritos del Barcelona. En Granada se puede dar por cerrado. No ha ido sobrado de buen fútbol el equipo blanco después del confinamiento. De hecho, los últimos partidos los ha sacado adelante con resultados ajustados y los comentarios más ruidosos se quedaban en las decisiones arbitrales. Al Real Madrid le define la seguridad como bloque. Trabajan todos y hay un alto compromiso colectivo. Es un equipo práctico y sólido. Se le podía exigir algo más de brillantez y contra el Granada explotó la inspiración y la creatividad de sus mejores futbolistas.

Diez minutos tardó en romper el partido con una acción individual, llena de potencia y fe de Ferland Mendy. El lateral izquierdo francés vio el pasillo y se lanzó al área con una pelota larga. Remató con virulencia el balón. Lo coló por una rendija de la escuadra de la portería de Rui Silva. Lo acribilló. Si el Granada estaba más pendiente de anular el toque de los centrocampistas se relajó con la incursión del velocista francés. Mendy defiende como una roca y ataca como cañón. El gol tuvo un efecto desmoralizador en el Granada y multiplicó la confianza en el Real Madrid.

El error de Casemiro

A favor y con tanta superioridad de centrocampistas, el equipo de Zidane gobernó a su antojo el partido. Se sintió cómodo. Era el dueño de la pelota. No sufría atrás y se divertía con pases y desmarques de un lado a otro del campo. Una versión que garantiza la contención, verticalidad, equilibrio, solidez, posesión y la profundidad. En el baile el dueño de la pista era Karim Benzema. Ofreciéndose por diferentes zonas del campo convirtió el esquema del equipo en lo que tantos éxitos dio a la España que jugaba con la figura del falso nueve. Benzema no es un delantero centro. Es una combinación de todo: organizador, pasador y rematador. En este hábitat el francés tiene más peligro que una manada de lobos. Seis minutos después del gol de Mendy rompió los esquemas del Granada con una jugada individual, recorte dentro del área y disparo a la escuadra. Otro golazo.

El partido se fue al descanso con poca historia. Un Real Madrid solvente, superior y dominador del juego dio por acabado al Granada. Se equivocó. Los de Diego Martínez resucitaron y demostraron su carácter aguerrido. La casta. El orgullo. Con el error de Casemiro el partido se equilibró, pero este Real Madrid demostró que también sabe sufrir y, sobre todo, estar unidos y replegar para ser compactos. "Nos faltó matar el partido. Nos vamos con la mala sensación de la segunda parte. Hay cosas que hay que seguir potenciando. Cada vez hay más igualdad. Este título significa mucho para nosotros. Es el premio de la regularidad", manifestó Sergio Ramos en Movistar. El equipo de Zinédine Zidane divisa la línea de meta de la Liga y este jueves puede proclamarse campeón en el estadio Alfredo Di Stéfano ante el Villarreal.

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