Justo empate en un duelo entretenido

Un Atlético relajado empata en Balaídos ante un buen Celta de Vigo (1-1)

Un gol de Beltrán al comienzo del segundo tiempo contrarrestó un tanto de Morata a los 50 segundos de partido. Los gallegos no se descompusieron en ningún momento y se aferran a Primera.

Foto: Lance del Celta-Atlético (Salvador Sas, Efe).
Lance del Celta-Atlético (Salvador Sas, Efe).

El Atlético de Madrid es sin duda uno de los peores equipos de Europa (si no el peor) al que regalarle un gol en el primer minuto de juego. Lamentablemente para su propósito de permanencia en Primera División, el Celta de Vigo hizo esto mismo en la noche del martes, tras un despiste de Okay (prolongado por su zaga de cinco hombres) que Morata remató a puerta vacía para confirmar su buen momento goleador: tres goles en dos partidos.

Morata celebra su gol. (Salvador Sas, EFE)
Morata celebra su gol. (Salvador Sas, EFE)

El equipo gallego, obligado a remar a contracorriente durante todo el encuentro, parecía haber perdido definitivamente el magnífico punto de forma y convicción con el que llegó al regreso del fútbol (ocho puntos en cuatro partidos que parecían eliminar el abismo del descenso, hasta el desastre en Mallorca frente a un rival directo). Era un golpe duro para un equipo que podía quedar a tres puntos del descenso al final de la jornada, según el resultado que obtuviese el club balear el jueves. La ansiedad se dibujaba nítidamente en el rostro de su técnico, Óscar García.

Pero los celtiñas demostraron oficio y personalidad en Balaídos ante el tercer clasificado de la Liga. Tardó un cuarto de hora el equipo gallego en restablecerse del sacudón (ocasión incluida de Savic en el minuto 11). Recuperó después su característico control del balón, con Brais Méndez y Aspas como directores, aprovechando la concesión de espacio que ofrecían los colchoneros para resolver el choque al contragolpe. No obstante, el Atlético de Madrid es probablemente el equipo (con permiso del Real Madrid posconfinamiento) que mejor cuida su portería en el fútbol español. Los vigueses llegaban a tres cuartos con dominio, pero no generaban peligro alguno; hasta la reanudación, demostraron por qué son el cuarto equipo de la Liga con menos remates a puerta.

Sin mordiente

Aunque las combinaciones de Arias, Llorente y Correa inquietaban por la banda derecha, el Celta siguió cercando con aplomo el área grande rival, sin prisa y sin pausa, pero tampoco mordiente: no pudieron superar ni en una sola ocasión clara la línea Maginot de Simeone. Tampoco sufrían demasiado atrás: en su propio área mantenía el orden el internacional colombiano Murillo, cedido por la Sampdoria, de excelente rendimiento.

La pausa de hidratación, en el minuto 30, rompió el ritmo a los locales. Pocos minutos después, un grave error del árbitro (pitó una inexistente falta de Llorente mientras Correa esprintaba solo hacia la portería de Rubén Blanco) salvó al Celta del posible 0-2. Fue el primer ataque realmente peligroso del Atlético después del gol: la defensa local, tras su grave despiste inicial, había recuperado la compostura mostrada estas semanas con excepción del 5-1 en Mallorca.

En las postrimerías del primer tiempo, el Celta volvió a cargar progresivamente el juego sobre la banda derecha, con Brais y Aspas desafiando a un competente Lodi con tarjeta amarilla. Ambos equipos harían del carril derecho su principal vía ofensiva durante todo el encuentro. No pasó nada más hasta después del descanso.

Extraña vaselina

La segunda parte comenzó de la misma manera que la primera: un gol extraño (de Beltrán), esta vez en un remate parabólico, aparentemente inofensivo, cuyo extraño efecto colocó el balón en la escuadra y superó por elevación al mejor portero del mundo. Las tablas dieron otro aire a los celtiñas. El Atlético decidió entonces volver a asumir el mando del juego, con Llorente descollando por la derecha, espoleado el equipo por la tarjeta amarilla señalada al fundamental Murillo. Adelantó de hecho Simeone al equipo unos metros, mostrando su papel de favorito sin ninguna urgencia, sabedor de que tiene asegurada la próxima Champions League.

El Celta no reculó en ningún instante, valiente en su pulso por llevar la manija del encuentro

Sin embargo, el Celta no reculó en ningún instante, valiente en su pulso por llevar la manija del encuentro. El partido se volvió mucho más interesante que en la primera mitad. En el minuto 56, Brais probó a Oblak, que no pudo blocar la pelota. El Atlético mostraba menos seguridad defensiva que en la primera parte y Óscar decidió apostar por la victoria: reemplazó a un insulso Smolov por Santi Mina y a Brais Méndez (destacado) por Rafinha. Ambos equipos presumían de banquillos con prestigio, a pesar de las ausencias de Diego Costa —sancionado— y Joao Félix y Carrasco (ambos con problemas físicos).

El encuentro mantuvo cierta frescura y un poderoso Santi Mina volvió a perturbar a Oblak en el minuto 64 (el portero esloveno despejó a córner). El inesperado gol había transformado a los gallegos en el equipo anterior a la implosión de Mallorca, con un notable Beltrán por la derecha, siempre oxigenado el equipo por el talento de Aspas. Simeone refrescó entonces el equipo con cuatro sustituciones en pocos minutos: Herrera, Vitolo, Lemar y Manu Sánchez por Thomas, Llorente, Correa y Lodi. Los dos equipos siguieron atacando hasta la pausa de hidratación, en una ida y vuelta vistosa sin grandes alteraciones.

Debut del portero Villar en Primera División

La lesión muscular del portero local, Rubén Blanco, provocó el debut en Liga del joven portero Iván Villar, tercer guardameta de la plantilla, que con una magnífica estirada detuvo un gran disparo de Lemar en el minuto 85 (meritoria parada la del inexperto portero, en frío y medio tapado). El Celta se enfrenta a una situación realmente distópica este raro mes de julio liguero; ante la probable lesión muscular de su portero titular, y lesionado el segundo guardameta de la plantilla (Sergio Álvarez) para lo que resta de temporada, afronta los cuatro últimos partidos de Liga con un cancerbero debutante y sin relevo claro en el banquillo ante otra hipotética urgencia.

Sería la de Lemar la última gran oportunidad del partido: ambos equipos fueron equilibrando el riesgo, cuidando su portería y el empate. El Atlético desprendió la sensación de tener los deberes ya hechos y querer cuidar sus recursos para el próximo mes y medio. Empatar en Vigo con ocho puntos de margen no supone, ciertamente, ningún problema. Y para el Celta, dependiendo del resultado este miércoles del Mallorca, el punto logrado la noche del martes puede ser balsámico. Justo empate en Balaídos.

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