Empate en Vigo (2-2)

Al Barcelona se le escapa media Liga en Vigo y Luis Suárez señala a Quique Setién

El Barça no supo conservar el marcador a favor en los instantes finales de partido y la Liga se le pone muy cuesta arriba. El Madrid podría escaparse este domingo si gana al Espanyol

Foto: Luis Suárez protesta una falta durante el partido ante el Celta. (EFE)
Luis Suárez protesta una falta durante el partido ante el Celta. (EFE)

En la mejor primera parte desde que se reanudó LaLiga, la tarde en que Luis Suárez volvió a parecerse a sí mismo y marcó dos goles, el día en que Setién alineó por fin a Riqui Puig y Ansu Fati desde el inicio, el Barça lo tiró todo por la borda en la segunda y empató en Vigo ante un Celta que olió la sangre y siguió mordiendo hasta que tuvo el premio del gol del empate de Iago Aspas de falta. Y todavía pudo ser peor porque Nolito en el tiempo de descuento falló una clara ocasión ante Ter Stegen. El Real Madrid puede poner el domingo tierra de por medio si logra ganar a un Espanyol angustiado, al borde del abismo y que ha echado a Abelardo en plena desesperación.

El equipo de Setién fue incapaz de aprovechar las dos ventajas que tuvo en el marcador y eso que empezó el partido eléctrico con un disparo de Piqué al larguero en el minuto 6’. En el 20’ una genialidad de Messi aprovechándose del telele que provoca cada vez que lanza una falta terminó con el primer gol de Suárez de cabeza. El argentino le asistió mientras el Celta colocaba una barrera de tres, otros dos detrás y dos en cada palo del portero. Todos pendientes de él y él centrándole al vecino. En ese momento todo parecía irle de cara al Barça, que parecía otro con Riqui Puig y Ansu Fati en el once.

La energía y el desparpajo de los jóvenes fue contagiosa y el equipo jugaba rápido, vertical, más alegre. El principal damnificado fue Griezmann que volvió a quedarse en el banquillo igual que en Sevilla -las dos salidas más difíciles del calendario- y que sólo disputó diez minutos en Vigo. El francés ha perdido el favor de Setién al que ya no le tiembla el pulso para quitarle los galones. El fichaje estrella del verano pasado se ha quedado en estrellado.

Luis Suárez celebra el primer gol del Barça con sus compañeros. (EFE)
Luis Suárez celebra el primer gol del Barça con sus compañeros. (EFE)

El Barça se hunde

La segunda mitad comenzó con el empate de Smolov en el 50’ tras un fallo de Umtiti que fue el único azulgrana que ya en la primera estuvo lamentable. El Celta iba ganando terreno y comiéndose al Barça cuando de repente llegó el espejismo, un gol que Luis Suárez se inventó él solito cuerpeando en el área, dándose la vuelta y chutando con la izquierda. Era el minuto 67’ y el tanto debería haberle servido para ordenarse, serenarse y cerrar filas. Pero nada, que no hay manera. Ya no es que no quieran hacerse dueños del balón, sino que hasta lo regalan y los cambios de Setién (Suárez por Griezmann en el 81’ y Riqui Puig por Arthur en el 86’) no consiguieron arreglar el desaguisado.

El Barça se descontroló en una segunda parte en la que demostró que no da para más, no hay más cera que la que arde ni nadie que consiga enmedarlo y en el minuto 88’ una falta a Rafinha que Piqué protestó terminó con el gol de Aspas mientras la barrera se abría. Las caras de los azulgrana eran un poema conscientes de que le estaban dejando en bandeja el título de Liga al Madrid. Nolito no supo darles la puntilla.

Los jugadores del Celta celebran el gol del empate a dos de Iago Aspas. (Cordon Press)
Los jugadores del Celta celebran el gol del empate a dos de Iago Aspas. (Cordon Press)

"Para algo están los entrenadores..."

Con la frustración de haberlo puesto todo de su parte a Luis Suárez le preguntaron nada más terminar el partido en Movistar cómo se explicaba que se hayan dejado 23 puntos de 48 lejos del Camp Nou esta temporada. Y la respuesta fue tal cual: “Para algo están los entrenadores, para analizar este tipo de situaciones. Nosotros intentamos darlo todo”. El mensajito del uruguayo fue directo hacia el banquillo, mientras que Setién habló después de algunas “precipitaciones y pérdidas”, aunque seguía empeñado en quedarse con la buena imagen en la primera mitad y no ofreció argumentos para explicar el derrumbe de la segunda.

Hay explicaciones que pueden parecer demasiado simples, pero no es casualidad que el Barça se hunda cuando Messi no está en su nivel estratosférico. El argentino ha vuelto del parón fundido. Lo intenta, pero no le sale y su versión terrenal sin ser ni mucho menos un desastre no le da al Barça para puntuar de tres en tres. Y no dan para más. Es así de triste.

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