Victoria local (2-0)

No hubo color en el derbi: el Sevilla desmonta al Betis en la vuelta de la Liga

A falta de entretenimiento en la grada, bueno fue encontrarlo en el verde. Ocampos, gol y asistencia de lujo. Los de Lopetegui, muy superiores. El Sevilla se afianza en la tercera plaza

Foto: Ocampos celebra el primer gol del Sevilla en el derbi contra el Betis. (EFE)
Ocampos celebra el primer gol del Sevilla en el derbi contra el Betis. (EFE)

El nuevo fútbol ya está aquí. Había llegado a Alemania en mayo, con éxito, y ahora también a España. Sevilla y Betis reanudaron, en pleno estado de alarma, LaLiga tras la crisis sanitaria por el coronavirus que se ha llevado la vida de más de 27.000 personas solo en nuestro país. El derbi (2-0), el número 98 entre ellos en Primera, ya es historia del deporte español. Sin recibimientos masivos ni público en las gradas. El primer partido de fútbol que se vive más en los bares y en las casas que en el campo. Los alrededores del Sánchez Pizjuán antes y después del encuentro, un desierto. La seguridad, con 600 agentes, hizo su trabajo y los aficionados, un ejercicio de responsabilidad.

Antes del pitido inicial, El Arrebato sonó a todo trapo por la megafonía mientras se proyectaban imágenes de los seguidores locales alentando a su equipo, pero no es lo mismo. A fin de cuentas, pocas cosas lo son ya. Ni siquiera el minuto de silencio por las víctimas, el más desgarrador que se recuerda. Mateu Lahoz fue el encargado de dar la bienvenida oficialmente a la 'nueva normalidad': por un lado, el sonido ambiente, con los gritos de jugadores y entrenadores; por otro, recreaciones artificiales de animación (a lo PlayStation) para limar en la medida de lo posible la sensación de vacío. Dos opciones a escoger por el telespectador a las que habrá que acostumbrarse al menos hasta mediados de julio, toda vez que el Gobierno no tiene intención de abrir las puertas de los recientos deportivos esta temporada.

Sobre el tapete, eso sí, lo de siempre. Sin saludos protocolorarios y guardando la correspondiente distancia de seguridad en los 'banquillos', pero ahí estaban los Canales, Ocampos, Fekir, Reguilón o Borja Iglesias. A falta de entretenimiento en la grada, bueno fue encontrarlo en el verde. Había dudas sobre el estado físico de los jugadores tras tres meses de parón competitivo, pero si algo ha dejado claro este duelo entre vecinos es que el deporte rey vuelve a buen nivel. Lejos de parecerse a una pachanga de barrio, el encuentro estuvo cargado de intensidad y ritmo, pero en el fragor de la batalla el Betis pareció minúsculo al lado del Sevilla, un gigante armado hasta los dientes.

Un Sevilla superior

Porque si hubo un equipo que dominó durante los 90 minutos con claridad ese fue el de Julen Lopetegui. La ausencia de jugadores defensivos en el centro del campo verdiblanco, que formó con Aleñá, Guido Rodríguez y Canales, le pasó factura a los de Rubi, que pronto se vieron desbordados por las internadas de Munir, Ocampos y Jesús Navas, con Óliver y Jordán un paso por detrás, muy serios en el toque y en el corte. El propio Ocampos, uno de los famosos integrantes de la barbacoa que puso en riesgo el inicio del campeonato, tuvo la primera oportunidad clara a los diez minutos con un potente chut que se estrelló en la madera. El Betis apenas intentaba carburar cuando Koundé, a la salida de un córner, tuvo otra tras un excelente aclarado de pizarra. Se mascaba el gol. Rubi, desesperado, intentaba recomponer a los suyos con sobresalientes alaridos desde la zona técnica, pero al Betis le duraba la pelota lo que a un niño pequeño una piruleta.

Fekir y Borja Iglesias estaban desaparecidos y Tello, el único que intentaba alguna cosa, demasiado solo. A los verdiblancos no les bastaba con ser peleones porque en el frente se toparon con un rival superior en lo físico y en lo mental. De Jong, pasada la media hora, pudo abrir la lata definitivamente tras jugadón de Munir, que fue un constante dolor de cabeza para Álex Moreno y cualquiera que le saliera al paso, pero su testarazo se fue desviado por poco. El Sevilla se gustaba, con criterio, pero el Betis consiguió resistir, apurado, con la lengua fuera, y al final de la primera parte se llegó sin goles. Parecía cuestión de tiempo que los de Lopetegui se adelantaran en el marcador porque, en su madurez como grupo, desactivaron por completo el juego combinativo verdiblanco. Vaclik tuvo una noche plácida.

Los jugadores del Betis protestan a Mateu Lahoz tras el penalti favorable al Sevilla. (EFE)
Los jugadores del Betis protestan a Mateu Lahoz tras el penalti favorable al Sevilla. (EFE)

La decisión de Mateu

Pocos minutos después del regreso de vestuarios, Mateu Lahoz se encargó de desequilibrar por completo el tablero. Bartra saltó a por un balón colgado en el interior del área y le puso el brazo en la nuca a De Jong. Para el colegiado, contacto más que suficiente. Penalti. Los futbolistas del Betis protestaron, sin éxito. Ocampos, que en condiciones normales hubiera salido vitoreado del Sánchez Pizjuán, transformó la pena máxima (56'). La celebración, entre butacas vacías y abrazos menos enérgicos que de costumbre. Con la puerta abierta, Fernando, tras un taconazo de escándalo de (una vez más) Ocampos, subió el segundo, el de la sentencia y, ahora sí, el del delirio nervionense (62'). El Betis tuvo que verse en la lona para reaccionar. Lainez, Loren y Joaquín aportaron frescura, pero sin la suficiente llegada. En noches como esta, si te falla el colmillo tienes que ser hábil en la contundencia defensiva y los béticos no estuvieron precisos en ninguna faceta.

El Sevilla, con el viento a favor, empezó a dosificar esfuerzos, tranquilo, sin sobresaltos de importancia. Tres puntos para agarrarse a la tercera plaza y apartar de Europa a su rival, que por momentos pareció seguir en cuarentena. Al término del encuentro, los locales celebraron, como si de un título se tratara, con la grada. Había que tirar de imaginación para contemplar a miles de gargantas cantando sobre un mar de butacas vacías. Es el nuevo fútbol. El de las mascarillas, los guantes, los geles hidroalcohólicos y los estadios desangelados. Al menos, sobre el terreno de juego la normalidad está garantizada. Eso nos queda.

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