la historia de un estratega genuino

Cuando Radomir Antic quiso fichar de su bolsillo a Pantic porque Jesús Gil no le creía

Radomir Antic llevaba más de dos meses hospitalizado en la Clínica Ruber de Madrid, hasta que este lunes puso fin a su lucha a los 71 años y con un legado futbolístico a la altura de pocos

Foto: Radomir Antic, en abril de 1996, en un Atlético-Barça. (Reuters)
Radomir Antic, en abril de 1996, en un Atlético-Barça. (Reuters)

Radomir Antic pidió a Robert Prosinecki y Jesús Gil hizo lo que pudo para darle a su nuevo entrenador lo que pedía hasta que le respondió un "no, ha elegido el Barcelona". El entrenador, entonces, sorprendió al empresario y propietario del club: "Pues Milinko Pantic". La cara de Gil y Gil debió de ser una mezcla entre la seriedad, la sorpresa y un 'este me la quiere meter doblada'. Pantic, serbio, de 29 ya y en el que debía de ser el mejor momento de su carrera estaba defendiendo la camiseta del modesto Panionos de la liga griega. El presidente pensó que quería traerse a algún amigo a Madrid, no le creyó hasta que Radomir, serio, le soltó un órdago: "Si no lo pagas tú me lo descuentas a mí de mi nómina. Pero fíchalo". Al final, fueran o no amigos, no resultó ser un mal negocio para el Atleti...

Radomir Antic llevaba más de dos meses hospitalizado en la Clínica Ruber de Madrid hasta que este lunes puso fin a su lucha (pancreatitis, que derivó en una septicemia). A los 71 años ha muerto el exjugador del Sloboda Uzice, Partizan, Fenerbahce, Real Zaragoza y Luton, y el técnico del Partizan, Zaragoza, Real Madrid, Oviedo, Barcelona, Celta de Vigo, de la selección de Serbia, del Shandong Luneng y Hebei chinos, pero sobre todo ha fallecido el entrenador del Atlético de Madrid, el del 'Doblete', el de la mítica temporada 95-96.

[El 2-0 del Atlético al Real Madrid que Antic vio "peligroso" en El Confidencial]

Quizás por ser hijo de militares, desde siempre le interesó la estrategia. De hecho, antes de decantarse por el fútbol jugó al ajedrez, aunque también golpeó como boxeador en un combate amateur y anotó alguna canasta en su querido baloncesto (como cualquier yugoslavo corriente). Pero vio que dando patadas al balón iba a ganar más dinero que con cualquier otro deporte y que siendo ingeniero mecánico, carrera que dejó aparcada un día en Belgrado por la pelota de cuero.

Gil, junto a Futre y el entrenador Radomir Antic. (Reuters)
Gil, junto a Futre y el entrenador Radomir Antic. (Reuters)

Sus dos mejores goles

Sus numerosas inquietudes le dibujaban un perfil de jugador inteligente, algo que no estaba reñido con la pasión que sentía cuando ha contado batallitas como la del gol que marcó en Turquía que dio el título a Fenerbahce —lo celebró en el hospital, puesto que al rematar el 2-1 definitivo también recibió una patada en la cabeza— o el tanto con el Luton en el último partido de liga, en el minuto 86, ante el Manchester City con el que salían del descenso y metían en el hoyo a los 'cityzens', que descendieron minutos después. Su pasión provocó que estando ya retirado, este defensa evocara con orgullo más de una vez esas gestas que hizo tan feliz a sus aficiones.

Cuando colgó las botas, en 1984, su cabeza ya tenía pensado el siguiente movimiento en el tablero: entrenador. Y un año después estaba dirigiendo al Partizan de Belgrado para satisfación de sus padres, quienes se conocieron en la II Guerra Mundial y habían decidido retirarse en la capital serbia. Para Radomir, estar cerca de su familia era muy importante (lo ha seguido siendo hasta su último día) y el respeto que tenía hacia sus padres estaba dentro de los valores que le habían inculcado. También, gracias a dichos valores, intentó mantener siempre los pies en la tierra.

Tras ganar dos ligas con el Partizan metió en la UEFA al Zaragoza, sustituyó a Alfredo di Stefano en el Madrid para situarlo tercero (mejoró el equipo en la clasificación con el serbio) y al año siguiente, pese a la oposición del vestuario, vio cómo Ramón Mendoza le despedía cuando el equipo era líder para fichar a Leo Beenhakker. El presidente aludió a que no se jugaba bien... y el Madrid terminó perdiendo la primera liga de Tenerife.

Su lista de enemigos: Penev, Vieri, Simeone...

Antic en Barcelona, en 2003.
Antic en Barcelona, en 2003.

Luego el Oviedo y en 1995, el Atlético de Madrid, Pantic, el 'Doblete', un carné de abonado rojiblanco que ya siempre renovaría y una historia de amor futbolística a la altura de pocos elegidos. Aunque, como en algunas historias de amor, también hubo... 'odio' (por llamarlo de alguna manera). Lubo Penev, Juan Eduardo Esnáider, Diego Pablo Simeone, Christian Vieri o Roberto Solozábal no sólo son cinco nombres icónicos para el Atlético de Madrid, también fueron enemigos para Radomir Antic. "Parecía que se tenía que buscar siempre algún enemigo, ya fuese dentro del vestuario, en el club, la prensa...", comenta una persona que coincidió alguna que otra tarde y mañana de charla con Radomir. Por cierto, su inquina con el Cholo continuaba aún, siendo este ya una leyenda atlética como técnico.

Uno de los rasgos de Antic era su fuerte carácter. Mucha personalidad, 'muy suyo', le gustaba que todas las piezas encajasen a su gusto. Quería controlar todo, tanto es así que si se sentaba con alguien en una sala, intentaba ponerse en un vértice o una pared para intentar tener un ángulo de visión lo suficientemente amplio como para saber lo que ocurría en esa estancia. Vigilante.

¿El mejor regate en la historia de España?

No obstante, pese a ese punto bélico de confrontación, era difícil encontrar hoy por hoy a un enemigo directo. Y este es uno de los mejores regates en la historia del fútbol español sabiendo que ha entrenado a Real Madrid, Atlético y Barcelona y no se le guarda rencor en ningún estadio. Entrenó a grandes equipos rivales y nunca fue criticado por ello. ¿Cómo se hace eso?

Quizás por esa simpatía y su modo de ver y explicar el fútbol, se había convertido en un personaje indispensable del deporte rey en España en los últimos años a través, principalmente, de la Cadena Ser y Cadena Cope, donde solía despedirse con un 'bratso' (un abrazo), como prueba de que la pronunciación de su castellano hace tiempo que le dio igual.

Un 'bratso', Radomir.

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