victoria ante la real sociedad (1-0)

El VAR rescata al Barcelona, Setién termina muy contento y Alba se cabrea con la afición

Las señales de alarma están ahí para quien quiera verlas, que no parece ser el caso de Quique Setién, que de nuevo terminó contento con el partido de su equipo

Foto: La celebración de Leo Messi tras marcar de penalti el gol de la victoria del Barcelona ante la Real Sociedad. (EFE)
La celebración de Leo Messi tras marcar de penalti el gol de la victoria del Barcelona ante la Real Sociedad. (EFE)

A este Barça ya no hay quien le entienda ni quien le reconozca. Ni buen juego ni alma. Por ahora sobrevive sin más, y ante la Real Sociedad (1-0) el VAR entró al rescate para pitar un penalti por mano de Le Normand que Messi transformó a falta de diez minutos para el final del partido. El equipo de Setién, que llegó prometiendo buen juego y valentía, se ha convertido en un conjunto triste, con los plomos fundidos, sin ideas y, lo que es peor, apático. La mediocridad se ha instalado y hasta Messi ha caído en la melancolía. O el argentino no está bien físicamente o está empezando a desesperarse ante la molicie general. Y todo esto con un ambiente enrarecido en un Camp Nou que comenzó pitando a Bartomeu y coreando el nombre de Eder Sarabia. Un batiburrillo infumable.

Las señales de alarma están ahí para quien quiera verlas, que no parece ser el caso del entrenador. Setién aseguró antes del partido que estaba no satisfecho, sino "muy contento" con el rendimiento del equipo. Y eso que venían de empatar tras un encuentro lamentable en Nápoles y de perder en el Bernabéu. Criticó a los resultadistas porque alegó que el Barça había dispuesto de hasta siete ocasiones claras ante el Madrid. Un día después, firmando una segunda parte bochornosa, con un 1-0 y gracias al VAR, el análisis fue diferente: "Estamos bien. El equipo está fuerte y estoy muy contento con la victoria que nos permite estar líderes hoy. La victoria ha sido merecida y ahora podemos estar más tranquilos. Hemos hecho muchas cosas bien y hemos tenido más ocasiones claras que ellos". No solo su discurso es ya incoherente respecto a lo que prometió, sino también sus actos: con empate a cero y la Real achuchando, el primer cambio del técnico en el minuto 74 fue el de Rakitic por Arturo Vidal. La revolución, la valentía, era esto.

La afición apoyó a Eder Sarabia (i). (EFE)
La afición apoyó a Eder Sarabia (i). (EFE)

El gesto de Jordi Alba traerá cola

Es tan desastroso el estado anímico del Barça que Braithwaite destacó en la primera parte por el contraste entre la energía que él propuso y la del resto de sus compañeros. Tras un disparo que atajó el guardameta Remiro en el minuto 10 hasta se dirigió al público para pedirle que animara. Un gesto bien diferente del que hizo Jordi Alba en el 95 cuando marcó (el gol fue anulado por fuera de juego) y se tapó las orejas enfadado por los silbidos que en algún momento se escucharon en la grada ante la inoperancia del equipo. Al lateral le preguntaron si quería explicarse y contestó, muy digno: "Nada. Todo bien". Ante la insistencia de los periodistas, siguió: "A ninguno le gusta que el público vaya en contra y menos en tu estadio. Respeto a todo el mundo, pero también me tienen que respetar a mí. La actitud es buena y lo damos todo en el campo. Tenemos que mejorar, pero silbar en el 15' de la primera parte con empate a cero pues no me gusta".

Los jugadores se están salvando por ahora de las críticas de la afición, que ha puesto el foco en Bartomeu, pero los cánticos a favor de Eder Sarabia se pueden interpretar como un primer aviso a la plantilla. Y, desde luego, desafiar al público como lo ha hecho Jordi Alba no parece la decisión más inteligente. Sacar pecho después de un mal partido y cuando los seguidores empiezan a girar la cara hacia los futbolistas es arriesgado, además de una demostración de que, al menos Alba, vive en un universo paralelo en el que no está detectando que la masa social empieza a estar harta ya de todo.

Piqué, en cambio, más conectado con la realidad, apuntó al palco por la crisis que aún no se ha cerrado por el escándalo de las redes sociales: "Cuando el club está en debilidad salen este tipo de cosas, es normal que el segundo entrenador con la adrenalina y la intensidad se manifieste así, lo vemos normal. Pidió perdón y le dijimos que por nosotros no era, nos gusta incluso que lo vivan así, con intensidad". Eso sí, la autocrítica sigue brillando por su ausencia: "Sabíamos que no iba a ser fácil, la Real propone muy buen fútbol y hemos conseguido tres puntos muy importantes". Esa fue toda su reflexión sobre el partido en los micrófonos de Movistar.

Es imposible prever hasta dónde llegará el ejercicio de supervivencia del Barça esta temporada, tanto en los despachos como en el campo. Pero la resignación y decepción de la afición ha rotado ya hacia el cabreo general. Y ni el técnico ni los jugadores lo están entendiendo.

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