No se descartan elecciones anticipadas

Se avecina pañolada: el día que el Camp Nou pitó el estilo Setién y Ángel no celebró su gol

Los culés siguen sin carburar y el estadio pitó a los jugadores por primera vez en mucho tiempo. Da la sensación de que, al primer contratiempo, habrá pañolada. Se agota la paciencia en Can Barça

Foto: Ángel, durante un instante del encuentro disputado entre el Barça y el Getafe. (EFE)
Ángel, durante un instante del encuentro disputado entre el Barça y el Getafe. (EFE)

Ángel Rodríguez es el delantero preferido por el Barça para suplir las bajas de Dembélé y Luis Suárez porque es barato (su cláusula es de 10 millones de euros) y es lo mejor que han encontrado ahora por ese precio. El presidente del Getafe ya dijo durante esta semana en Catalunya Ràdio que al club azulgrana no se le podía "decir que no" y el propio Ángel demostró en el Camp Nou que, evidentemente, está por la labor. Entró en el campo en el minuto 52’ sustituyendo a Molina y en el 66’ ya había marcado el 2-1 (van ocho tantos en lo que va de temporada como suplente). Por si quedaban dudas, no hizo ni un solo gesto para celebrarlo.

Ni se abrazó con nadie, ni apretó los puños, ni una sonrisa siquiera. La que sí respondió a su gol fue la grada, que minutos después silbó al equipo después de un rechace de Ter Stegen al canario que Mata no aprovechó, cansado de pasar sustos y de los balones atrás al alemán. Es un buen resumen de lo que es ahora el Barça: un equipo colgado de un hilo que la afición no se cree mientras la directiva busca un refuerzo de urgencia en un suplente del Getafe. El estilo Setién, pese a los elogios de la opinión publicada, no parece que entusiasme al personal. La ausencia de control de la pelota y los continuos pases atrás al portero desquiciaron a la grada en cuanto el menudo delantero anotó y el marcador peligró. Esto es lo que hay: la afición está a un paso de explotar, cabe tener en cuenta la reacción de éste sábado.

Todo es tan frágil ahora que una buena primera parte no sirve de nada en cuanto el rival se acerca y el equipo se muestra vulnerable. Y eso que en la primera ya se escucharon silbidos después del gol anulado a Nyom. Da la sensación de que al primer contratiempo se verá la primera pañolada y esa sospecha hace temblar a Bartomeu y su junta. Emili Rousaud, el posible candidato continuista a las elecciones, ni siquiera descartó que éstas se puedan avanzar en declaraciones antes del partido a Catalunya Ràdio. “No me consta, pero no se puede descartar nada. Las posibilidades son infinitas”, dijo el delfín de Bartomeu. Todos son conscientes de que penden de un hilo: de que la pelotita entre o no, de no descolgarse del Madrid en la Liga, de no quedar fuera en la Champions, de que Messi tenga la tarde, de que Ter Stegen no falle, de que no se lesione nadie más porque están en cuadro… demasiados condicionantes como para asegurar que no habrá elecciones anticipadas.

Quique Setién, dando instrucciones en su zona técnica. (EFE)
Quique Setién, dando instrucciones en su zona técnica. (EFE)

Los nervios

Echando a Valverde, el presidente se quedó sin red. Las formas, encima, fueron chapuceras y la ilusión del cambio en el banquillo se ha ido diluyendo hasta tal punto que ya se pita al equipo porque intenta sacar el balón jugado desde atrás, una de las máximas en el libro de estilo de Setién. El técnico no ha engañado a nadie y no renunciará a su ideas, pero nadie le señalará a él si las cosas no salen. Él no servirá de paraguas, ni de parapeto. Si viene la ola se lo llevará por delante, pero será más arriba donde cause estragos: en el palco.

“El portero es el que tiene que gestionar el balón cuando te marcan al hombre. Marc es un futbolista extraordinario para tomar estas decisiones y lo seguirá haciendo”, afirmó el cántabro, que se quejó además por las faltas de Getafe y el hecho de que sólo les enseñaran una tarjeta más que a su equipo. Sobre los silbidos, avisó que él seguirá con lo suyo, erre que erre: “Creo que han sido producto de los nervios, ves robar el balón y que hay dificultades para sacar el balón y hasta yo mismo me pongo nervioso. Esta es nuestra seña de identidad, tratamos de controlar el partido, el juego, desde atrás. El riesgo es alto, pero el beneficio también”.

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