charla con la jugadora de segunda división

La vida de Encarni, la futbolista torera del Málaga: "Los niños no querían jugar conmigo"

Encarni Carneros, una de las seis canteranas que siguen en el Málaga CF después del ascenso de 2018, compagina el balón con los estudios, los toros y el flamenco

Foto: Encarni Carneros (Villanueva del Rosario, 1996).
Encarni Carneros (Villanueva del Rosario, 1996).

La camiseta le está grande porque en su pueblo no hay equipo infantil federado. Con doce años, tiene que ejercer con la del juvenil. Es la única niña, pero quiere jugar con sus amigos ante el máximo rival: el pueblo vecino. Le increpan por ser mujer. “La llamé y le dije al oído: tienes el doble de lucha, esfuerzo y entrega que todos los que hay aquí, así que no te preocupes porque te los comes”, recuerda su exentrenador Francis Rico. Su equipo ganó 2-4. Encarni Carneros (Villanueva del Rosario, 1996) superó el primer obstáculo ocho años antes de llegar a Primera División.

—¿Tuviste miedo?
—Miedo nunca. Nervios. Pensé que allí había que salir a por todas porque si no te comían.

Para el 27 de mayo de 2018, la afición del CD Fermarguín había preparado una encerrona. Cuando las jugadoras del Málaga CF saltaron al estadio de Arguineguín (Mogán, Gran Canaria), la afición local desplegó el tifo con un gran águila que estaba devorando el escudo blanquiazul. El marcador no se movió hasta que en el setenta María Ruiz le reclamó. Ahora, ella y a otras cinco jugadoras son las únicas que siguen en el equipo dos años y un descenso después. “Se paralizó el mundo: vimos el gol, fuimos todas a abrazarla y terminamos llorando”, confiesa Encarni, titular en aquel partido. “Fue un sueño hecho realidad”.

Encarni y Da Silva en el primer partido en primera del Málaga Femenino. (Málaga CF)
Encarni y Da Silva en el primer partido en primera del Málaga Femenino. (Málaga CF)

En el vestuario, Encarni comienza a vestirse por la pierna izquierda. En la alfombra, la norma es no pisar ninguna línea blanca hasta que la árbitra silbe y se esfume el miedo. “Piensas que eres una referente para jugadoras de la cantera y tienes que ser fuerte mentalmente”, comenta la futbolista sin perder la vista sobre sus apuntes de Pedagogía. Pronto tiene examen y el domingo, partido. Pero en Segunda División. “Es lo que más me ha marcado en mi carrera futbolística. Un palo muy duro después del ascenso”. El sueño de primera sólo duró 365 días.

-—Un año de altibajos…
—Sí, pero es el año en el que más he crecido. He vivido lo que es realmente vivir el fútbol. Ningún jugador está al máximo o es el peor. Ser consciente de eso te hace seguir creciendo.

“Eso no lo hace ni Jordi Alba ni Marcelo”

El fútbol femenino se ha profesionalizado. “En Primera, a las nueve de la mañana tenía que estar entrenando”, rememora la futbolista. Sólo los martes se libraba de la factura física. No había más tiempo que para almorzar e ir a la Facultad de Educación. Por la mañana, futbolista, y, por la tarde, pedagoga en potencia después de estar ya titulada en TAFAD. Para estudiar solo tiene las noches. Y el AVE, el avión o el autobús: “Intento llevarlo todo al día y los fines semana irme con los apuntes en el viaje”. Un ocho es la media mínima que se exige.

—¿Y hasta qué hora estudias?
—(Ríe) Hombre, no más de la una de la madrugada. Ten en cuenta que al día siguiente tengo que volver a entrenar.

Para competir en Primera, la institución malaguista incorporó a catorce jugadoras nuevas. Con todo, el equipo descendió y cumple su primer año en su vuelta a Segunda División. Del ascenso sólo quedan seis: Postigo, Farfán, Acedo, González, Ruiz y la propia Encarni, que ahora ejerce de central después de una vida de reconversiones esquemáticas: delantera, mediapunta e incluso, fútbol sala, aunque lateral es la figura que más ha desempeñado.

A Encarna, su madre, no le gustaba mucho que su hija jugara al fútbol. (S. R.)
A Encarna, su madre, no le gustaba mucho que su hija jugara al fútbol. (S. R.)

Comenzó jugando en el recreo con el papel con el que envolvía sus bocadillos o con tetrabricks. Pasó por el atletismo, disciplina cuyas medallas presiden su estantería de trofeos (19 copas y 15 medallas). Y ahora, cabalga con la misma rapidez por la banda: “Es muy potente a la hora de subir y bajar muchas veces Eso no lo hace ni Jordi Alba ni Marcelo”, analiza Francis Rico, entrenador quien la descubrió y pulió.

Encarni aprendió de los que al principio no querían que ella jugase: “Nunca terminé de entender por qué no les gustaba, aunque sólo fue al principio. Yo aprendí mucho de ellos. De mis amigos. De ahí me viene lo de querer siempre una pelota”. Que ellos no quisieran que Encarni jugase al fútbol tenía más que ver con su habilidad que con su sexo. “Los niños no querían que ella jugase porque tenía un tiro muy fuerte y le tenían miedo”, recuerda su padre, Alberto Carneros, quien siempre le ha acompañado en su afición.

Encarnación Pascual, su madre, era más reticente con los gustos de su hija: “Todas las maestras me decían lo mismo: tu hija se pasa el recreo jugando con los niños al fútbol. Yo quería ponerle felpas y monerías ya que había tenido una niña”, relata su madre mientras rebusca con orgullo recortes de periódico.

—¿Qué papel juega tu madre en todo esto?
—Al final, aceptó, pero que lo tuviese como un hobby. Es la que más me ha ayudado: de tener los pies en el suelo y seguir atenta a mi formación.

Una vida botando

A Encarni también le ha atropellado una vaquilla. “¿Me arrimo más?”, le preguntaba a su padre. Él se reía, mientras su mujer se tapaba los ojos. Lo de la escuela taurina con 15 años no cuajó. Al que le encantó fue a su abuelo, quien tampoco entendía lo de ir detrás de un balón. Era su abuela María la que la tenía que salvar: le daba el balón a su nieta con la instancia de que siempre hiciera lo que quisiera.

—¿Piensas en ellos?
—Sobre todo en mi abuela. Yo siempre la he visto como una mujer muy luchadora. He aprendido de sus valores y eso me ha hecho llegar hasta aquí. A mí me sale hablarle antes de los partidos.
—¿Y qué le dices?
—Que salga todo bien. Aunque no ganemos, que no pase nada. Si pierdo, para eso hay otro partido.

Los padres, Alberto y Encarna, señalando los trofeos de su hija. (S. R.)
Los padres, Alberto y Encarna, señalando los trofeos de su hija. (S. R.)

Las clases de piano le llegaron antes: con cuatro. La pianola y la guitarra, instrumento que comenzó a tocar con 14, adornan su habitación, envuelta en un aura artístico y deportivo. Una insignia del Ayuntamiento de Málaga, una copa de máxima goleadora, una fotografía de la plantilla del Málaga CF que consiguió el ascenso... El deporte conjugado con la música. También toca el cajón flamenco y el clarinete.

Devolver al Málaga CF a Primera División

El estreno en la máxima categoría fue amargo. Lluvia del cielo y lluvia de goles. Encarni sufrió en defensa. Ludmila de Silva, delantera del Atlético de Madrid, anotó un triplete y Jennifer Hermoso firmó el póker. 0-4. “Te das cuenta del nivel de tu rival. En Segunda, está todo más igualado”, recuerda la jugadora.

La exigencia de la élite deportiva ha curtido a Encarni. “Donde más se nota es en lo táctico y en el físico de las jugadoras”, analiza la futbolista, quien tuvo que manejar la cuantía de 13 derrotas consecutivas en Primera División. “Hemos sido una familia. Nos repetimos que de ahí teníamos que salir sí o sí y para ello teníamos que ser conscientes de nuestro valor”, recuerda.

El esfuerzo es en lo que más insiste después de haber padecido dos lesiones de rodilla. “Tengo un problema: lo intento guardar todo para mí”, confiesa Encarni, cuyo padre afirma haberla visto llorar por no haber jugado. Este año ha jugado todos los partidos excepto uno por lesión. “Yo siento estos colores, quiero seguir jugando en el Málaga CF y devolver a mi equipo a Primera División”, sentencia la futbolista.

—¿Guardas algún objeto especial?
—Sobre todo las camisetas. Me gusta saber de dónde vengo.

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