Trincao, motivo de burla

Las bromas con el nuevo fichaje del Barcelona y el plan que nadie entiende

El Barça navega sin saber qué rumbo tomar. Nadie entiende qué estrategia siguen a la hora de gestionar las nuevas incorporaciones. Messi anda solo y Setién es el nuevo 'punching ball'

Foto: Francisco Trincao, junto a su entrenador en el Braga, Ricardo Sa Pinto, en la Europa League. (Reuters)
Francisco Trincao, junto a su entrenador en el Braga, Ricardo Sa Pinto, en la Europa League. (Reuters)

Ni los expertos en fútbol internacional se explican el fichaje de Trincao por el Barça. El club azulgrana pagará 31 millones de euros por un futbolista de 20 años que solo ha disputado 22 partidos con el Sporting de Braga, con cuatro goles (el último este domingo, el que ha dado la victoria ante el Sporting de Portugal) y seis asistencias. Juega de extremo y para definirle hay quien le compara con Carles Pérez, lo que no deja de ser una paradoja teniendo en cuenta que el canterano acaba de fichar por la Roma por 11 millones más tres en variables. Pérez, que ya había jugado con el primer equipo, que lo había hecho bien y que por juventud (21 años) y habiendo estado formado en La Masia no supone un riesgo, un melón por abrir, como el de Trincao.

Con este panorama no es de extrañar que las bromas por el apellido del portugués se multipliquen en las redes sociales, pero más allá de los memes y los juegos de palabras, lo que es evidente es que el Barça no tiene ningún plan, ninguna hoja de ruta. O al menos ninguna que se entienda. "Me encontré con la operación Trincao, el club llevaba trabajando en ello hace tiempo. No tengo mucho que decir", dijo Quique Setién en rueda de prensa, seguramente tan desconcertado como el resto de seguidores culés por la llamativa adquisición.

La semana tras la derrota en Mestalla, que le puso el liderato de la Liga en bandeja al Real Madrid, comenzó con Josep María Bartomeu admitiendo en la gala de 'Mundo Deportivo' que el Barça iba a por Rodrigo. La baja de Luis Suárez y la ausencia de un '9' en la plantilla hizo que el Barça pensara en el jugador del Valencia como sustituto a pesar de que no era un delantero centro y que su perfil, su posición natural en el terreno de juego, era parecido al de Griezmann o al que ocupa habitualmente Leo Messi.

Carles Pérez, a su llegada a Roma para fichar por el club italiano. (EFE)
Carles Pérez, a su llegada a Roma para fichar por el club italiano. (EFE)

Encima, se puso en el mercado a los delanteros del filial, Marqués y Abel Ruiz, justo cuando se rastreaba un delantero para suplir la ausencia de Suárez. La guinda llegó con el anuncio de Bakambu en su cuenta de Twitter de que casi había llegado a ser jugador del Barça haciendo escala en Hong Kong a que le dieran el visto bueno para viajar a la Ciudad Condal. Al final, ni Rodrigo (después de que Jorge Mendes se pasara por las oficinas del Camp Nou y terminara vendiendo a Bruno Fernades al United), ni nadie, mientras que se ha traspasado a tres canteranos y fichado a Trincao para la temporada que viene. Sí, efectivamente todo es tan surrealista como parece.

Nula coherencia

Con Bartomeu como presidente y vicepresidente deportivo, con Éric Abidal como secretario técnico —al que loaron por su conocimiento y contactos en el mercado francés cuando no se ha fichado, ni cedido o traspasado a ningún jugador, más allá de Griezmann, con el que no tuvo que intervenir—, no se ve, ni siquiera se intuye, dónde está el plan, la coherencia en el área deportiva. No se sabe quién manda ni con qué criterios. Porque con Carles Pérez, por ejemplo, se filtró que era cosa de Setién, que acababa de aterrizar en el banquillo, y el entrenador tuvo que salir al paso para matizar que había sido "una decisión compartida con el club". Un club que había renovado al canterano el pasado mes de septiembre.

La sensación de caos, de desgobierno, se ha agravado después de la calamitosa gestión de la destitución de Ernesto Valverde y la contratación de Quique Setién, que ni era la primera (Xavi), ni la segunda (Koeman) ni la tercera (Pochettino) opción del Barça. El técnico cántabro no servirá de paraguas a Bartomeu y su directiva si las cosas van mal, pero servirá de munición en caso contrario. Más que nunca, el Barça vive enganchado a una cuerda floja en la que Messi tendrá que hacer malabarismos mientras negocia su continuidad. El abismo no se abrirá a sus pies si se tropieza y se cae, sino a los del presidente y su junta mientras nadie entiende qué fichan, qué venden ni cuáles son los argumentos.

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