la historia de un despido anunciado

El fuego contra Bartomeu en el Barcelona (y cómo se cargó Zidane a Ernesto Valverde)

El presidente culé afronta la recta final de su mandato con demasiados enemigos. Referentes del barcelonismo. A Valverde le sentenció en el empate contra el Real Madrid el 18 de diciembre

Foto: Josep María Bartomeu, presidente del Barcelona, con gesto de preocupación en el Camp Nou. (Efe)
Josep María Bartomeu, presidente del Barcelona, con gesto de preocupación en el Camp Nou. (Efe)

El daño de la imagen institucional en el club azulgrana con la gestión del despido de Ernesto Valverde es importante con las críticas que recibe Josep María Bartomeu de algunos referentes del barcelonismo. Pep Guardiola, Iniesta y Luis Enrique han calificado de injusto, feo e inmerecido el cambio de entrenador. Xavi le ha dado calabazas. Josep María Bartomeu afronta la recta final de su mandato con un proyecto que cae en la improvisación y en el que tiene cada vez más fuegos encendidos. Entre ellos están las calabazas que le dio Puyol y el despido a Víctor Valdés en el inicio de temporada del equipo juvenil. Con Quique Setién decide inmolarse.

Ernesto Valverde era un cadáver desde hace un mes. Concretamente desde el 18 de diciembre. Día en el que salió con una estocada mortal del Clásico. En el empate contra el Real Madrid se sitúa el origen de la total perdida de confianza de Josep María Bartomeu con Ernesto Valverde. El culpable: Zinédine Zidane. Ese día de nervios en un club y un presidente tenso por la situación política y las presiones de Tsunami Democràtic finalizó con la peor versión del Barcelona: replegado atrás e incapaz de superar la presión alta del equipo blanco. Una imagen que no gustó nada al presidente azulgrana. La gota que colmó el vaso y por la que perdió la paciencia. Antes del partido no encontraban explicaciones en el club culé sobre la suplencia de Sergio Busquets. El mediocentro apareció en las alineaciones y minutos después desapareció sin quedar claro si Ernesto Valverde reculó al ver el once de Zidane o realmente el jugador tenía fiebre. Busquets estuvo en el banquillo.

Bartomeu junto a Florentino en el palco del Camp Nou durante el Clásico. (Efe)
Bartomeu junto a Florentino en el palco del Camp Nou durante el Clásico. (Efe)

La sensación que dejó el Clásico en el barcelonismo fue de decepción por los problemas que generó un Real Madrid que entró al campo con más ambición y determinación. Ernesto Valverde no reaccionó. Se bloqueó. No encontró soluciones futbolísticas en un momento comprometido. El Barcelona quedó paralizado y sin respuestas. Sin fluidez en el juego e incapaz de poder sacar la pelota desde atrás. Con el único recurso del balón largo de Ter Stegen y sin referencias en el centro del campo quedó, durante muchos minutos, a merced del Real Madrid. Un bochorno para Bartomeu, al que vieron muy enfadado en el palco (sentado al lado de Florentino Pérez y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso). El dirigente azulgrana quiso echar en ese momento al entrenador.

Los privilegios del vestuario

Ernesto Valverde se comió el turrón, pero quedó tocado. Muy debilitado. Sostenido por el apoyo de unos jugadores que se acomodaron a un entrenador condescendiente. Demasiados días libres y vacaciones. Algo que a Bartomeu le inquietó. La bola se fue haciendo más grande. La situación era crítica en un equipo que no controlaba los partidos y se alejaba de la filosofía que reclama el club. La que le promete ahora Quique Setién a Josep María Bartomeu. Una propuesta más osada. Un planteamiento que recupere la iniciativa y el control de los partidos con la posesión y el juego de posicionamiento. Una vuelta a los orígenes de un Barça más coral.

Ernesto Valverde sabía que estaba más cuestionado que nunca desde el empate del Clásico. La sintonía y complicidad con el presidente ya no fue la misma. Sobrevivió a fracasos como los de Roma y Liverpool en la Champions. Incluso a la derrota contra el Valencia en la final de la Copa del Rey. Pero no a un empate con sabor a derrota contra el Real Madrid de Zidane. Pese a mantener el liderato, junto al equipo blanco, la paciencia de Bartomeu se agotó y esperó al juicio de la Supercopa de España. En Arabia Saudí se precipitaron los acontecimientos tras un partido en el que el Barcelona jugó a un alto nivel durante 80 minutos y se desconectó en los últimos diez. Algo que aprovechó el Atlético de Madrid.

Lo siguiente ya se conoce. El plan de Bartomeu es que no tenía plan. Bajó el pulgar con Ernesto Valverde. Ha gestionado mal la salida en las formas. Ha tocado los palos de Xavi, Koeman, García Pimienta y Pochettino hasta llegar a un quinto plato como es Quique Setién. Josep María Bartomeu está en tensión. El presidente vive su recta final en la presidencia con la obsesión de salir por la puerta grande. Cueste lo que cueste. Su éxito está en ganar la Champions y queda demostrado que ya no le sirve de nada que el Barcelona, con Ernesto Valverde o ahora Setién, pueda conseguir otra Liga.

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