el problema del francés

La dirección equivocada de Griezmann en el Barcelona: no encaja y quiere agradar

Antoine Griezmann se está divirtiendo poco en el Barcelona. Tiene dificultades para jugar en la banda izquierda y se esmera en el trabajo defensivo para demostrar que está implicado

Foto: Antoine Griezmann se lamenta durante el partido contra la Real Sociedad. (Efe)
Antoine Griezmann se lamenta durante el partido contra la Real Sociedad. (Efe)

Alguien le tiene que decir a Antoine Griezmann que va en dirección equivocada. Más para atrás que hacia delante. Al francés le fichó el Barcelona para que diera profundidad al equipo e inclinara el campo a la portería rival. Tiene velocidad, calidad, inspiración y pegada. La vemos a cuentagotas y cuando se encuentra con acciones en las que aprovecha un contraataque. La sensación generalizada es que quema sus energías en el trabajo defensivo y quiere demostrar que está implicado sin balón. Está volcado en recuperar balones, presionar, incordiar y ponerse el mono de trabajo. Siempre viene bien en un equipo en el que hay que trabajar para Messi y en el que bajan las prestaciones de Busquets (el que da equlibrio al sistema azulgrana).

El francés se ha tomado al pie de la letra que en el Barcelona es uno más y hay que trabajar con humildad. Le debieron decir y aconsejan que para ganarse a sus nuevos compañeros y a Ernesto Valverde sería bueno demostrar que tiene actitud y sacrificio. Antoine Griezmann ha pasado de ser un jugador vertical a estar desconectado del juego, impreciso y en ocasiones perdido. Parece que pretende remediar su escasa aportación en el juego colectivo y de construcción en los metros finales con más compromiso en defensa. Vertical es mejor. Y en el Barcelona solo se ha divertido en partidos que ha podido correr a la contra y ha finalizado con goles (Eibar y Real Sociedad, dos ejemplos).

Griezmann ante Mendy en el Clásico del Camp Nou. (Efe)
Griezmann ante Mendy en el Clásico del Camp Nou. (Efe)

Griezmann cumple más en defensa que en ataque. Una contradicción. Estaría mejor canalizar su talento en desequilibrar rivales y hacer más goles. Suma siete en lo que va de temporada (seis en la Liga y uno en la Champions) en 22 partidos. Tiene una media de 0,31 tantos por partido. Parece poco. En la Liga están por encima de sus registros jugadores como Ángel (Getafe) y Joselu (Alavés), con ocho tantos. Igualado con el bético Joaquín a seis goles. Una comparación cuando se llevan ya 18 partidos de la competición y parece poco lo que aporta de cara a la portería contraria. Griezmann quiere defender antes que atacar. Mal asunto para los culés que reclaman más fantasía en el juego y, sobre todo, goles.

Alejado del área

El problema de Antoine Griezmann es de sobra conocido. No encuentra el encaje pegado en la cal de la banda izquierda. Por donde se movía con fluidez y rompía el deseado por Messi. Griezmann no es Neymar. Ni debería intentar parecerse porque tiene otras condiciones. Va bien al espacio y tiene dificultades en el uno contra uno. Para esta función es mejor Dembélé. El frágil de la plantilla. A Griezmann le cambió Valverde en el Clásico para dar entrada a Ansu Fati a falta de diez minutos. El francés vivió otro de sus partidos en los que estuvo inofensivo, le costó entrar en juego, asociarse, pisaer el área y golpear. Messi conectó más con las incursiones de Jordi Alba.

Sin actividad en el ataque, con el equipo en su campo durante un largo tiempo del primer periodo, el galo giró el volante para correr hacia atrás. Griezmann persiguió jugadores del Real Madrid, fue a taponar espacios y robar balones. Una labor oscura y solidaria, pero lejos de sus mejores condiciones que tiene que aprovechar el equipo. No es ni Arturo Vidal ni Rakitic. Tampoco se le puede pedir los sobreesfuerzos del polivalente y sacrificado Sergi Roberto. Griezmann necesita su visión periférica para detectar líneas de pases en la portería rival y llegar a posiciones de remate. Está desconectado del juego y quiere agradar como recuperador de balones. Ser un obrero de un Barcelona que desaprovecha el talento y pierde la esencia del juego bonito.

El problema de Griezmann en el Barcelona está más que detectado y lo resume perfectamente el exjugador del Barça, Bojan Krkic, en una columna de opinión en Sport que titula ‘El delantero, cuanto más cerca del área, mejor’. “Le veo involucrado en tareas defensivas y muy alejado de la zona en la que su influencia es mayor. Tuve esa sensación en el Clásico, pero llevo viendo lo mismo durante toda la temporada. No se trata de eso”, explica Bojan, que pone el dedo en la llaga: “El problema de Griezmann es que juega muy alejado de donde realmente hace daño. Robar un balón en tu propia área es positivo, pero al francés, una vez robado, le quedan ochenta metros por delante hasta la portería rival”. Un análisis acertado de cómo desaprovechar a Griezmann.

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