en enero puede hablar con otros clubes

La amistad de Éver Banega con Monchi y sus negociaciones para salir (o no) del Sevilla

El 1 de enero, Éver Banega (Rosario, 1988) tendrá absoluta libertad para negociar su futuro con cualquier club, incluyendo al Sevilla. Justo cuando el futbolista se

Foto: Éver banega en el Ramón Sánchez Pizjuán. (EFE)
Éver banega en el Ramón Sánchez Pizjuán. (EFE)

El 1 de enero, Éver Banega (Rosario, 1988) tendrá absoluta libertad para negociar su futuro con cualquier club, incluyendo al Sevilla. Justo cuando el futbolista se encuentra en uno de los mejores momentos de su carrera y la madurez ha descubierto todo su talento futbolístico, llaman a su puerta no menos de una docena de clubes desde todos los lugares del planeta. ¿Y el Sevilla? ¿Cómo reacciona el club nervionense ante la hipotética fuga de su líder? Silencio fúnebre y tranquilidad pasmosa: en el Sevilla saben que Banega es feliz a quinientos metros de la Giralda, donde corean su nombre y él se siente triunfador. Banega y su agente tienen la mano. El Sevilla espera ganar esta partida.

No es la primera vez que Éver Banega negocia con los sevillistas en los límites de la finalización de su contrato. Con un título de Europa League en el bolsillo y en la primavera de la consecución de su segundo torneo continental, Sevilla y Banega cruzaron propuestas y no se encontraron. Fue Javier Zanetti, legendario futbolista argentino y vicepresidente del Inter en materia deportiva, el que se encargó de convencer al futbolista rosarino para que cerrarse su ciclo sevillista y marchase a la capital lombarda con un jugoso contrato bajo el brazo, que triplicaba lo que por entonces Banega ganaba en el Sevilla. La aventura interista terminó con sabor a vinagre y la frustración de ver demasiados partidos desde el banquillo. Ni él ni su familia se acoplaron al frío ambiente del norte italiano y al año siguiente, Banega y familia tomaron el tren de regreso a Sevilla. Eso sí, previo pago de un traspaso por parte sevillista de nueve millones de euros.

Mates y cafés en la ciudad deportiva

El regreso de Éver, con el sueldo más alto del plantel, confirmó sus mejores sueños: el Sevilla no olvidó a su jugador y sus aficionados tampoco. Volvió Banega a su chalet del campo de golf de Conde Quinto, a ver el cielo más azulado que nunca y a los empleados de la Ciudad Deportiva José Ramón Cisneros, que compartieron mate y muchos cafés con el rosarino, hombre de pocas palabras pero con el corazón grande como los gauchos de su querida tierra.

Esta última primavera, Éver Banega la saludó con una sonrisa de oreja a oreja, pues observó en primera línea el regreso de un viejo amigo, Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi, el hombre que, junto con Unai Emery, le abrió las puertas del Sevilla cuando, futbolísticamente, el Valencia quemaba al futbolista como un ninot de Fallas. Este reencuentro con Monchi fue muy especial, no solo por el abrazo que se dieron, sino porque, medio en broma medio en serio comenzaron un diálogo con acento italiano que terminó entre risas y la buena sensación de volver a cabalgar juntos bajo la misma camiseta.

La amistad con Monchi

Desde entonces, Monchi y Banega han aumentado más si cabe su amistad, algo muy importante, tanto que, al decir de ambos, apenas hacen falta los papeles. El tema Banega, según aseguró el director general deportivo a los miembros del Consejo sevillista es algo que lleva Monchi de forma personal, con sus tiempos y sus pautas. Todo con el beneplácito de José Castro, el presidente del club, que también presume de tener un buen feeling con el rosarino. En la distancia, Santiago Hirsig, que es el hombre de confianza de Banega para los asuntos económicos, maneja un ramillete amplio de ofertas, que va desde una del Villarreal hasta varias de China y los países árabes, pasando por la Fiorentina y una de Boca Juniors, aunque esta última, con el cambio de presidente (ganó Jorge Ameal, arropado por el mítico Juan Román Riquelme), parece haberse enfriado en última instancia.

Cuando le preguntan sobre el asunto, Banega esgrime una sonrisa conciliadora y asegura que en Sevilla él se encuentra como en su casa, que no hay nada como el arrope de una afición que lo venera y ninguna novedad mejor que ver el fútbol que destilan las botas del “diez”, máximo jerarca en el campo de las ideas de Julen Lopetegui y que él quiere seguir en Sevilla más tiempo que ese 30 de junio de 2020, que dice su último contrato.

Debe ser así, porque el palco vip que tiene con el Sevilla para goce de su familia y amigos lo tiene pagado para la temporada siguiente y eso significa mucho. Significa que Valeria, su mujer, y sus hijas no tienen otro pensamiento que el de seguir en una tierra que dio a la familia Banega “gloria bendita”.

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