expectación para el partido ante el barcelona

La pirueta de Zidane que está en boca de toda la directiva del Real Madrid

Zidane ha ido de menos a más en este inicio de temporada y las dudas se han despejado para ver, en este último mes, un bloque como no se apreció en la última campaña

Foto: Zinédine Zidane, el pasado sábado ante el Espanyol. (Reuters)
Zinédine Zidane, el pasado sábado ante el Espanyol. (Reuters)

Una cosa es que Zidane crea ciegamente en la filosofía de las rotaciones para dosificar esfuerzos y tener enchufados a todos los jugadores y otra es que se ponga a hacer piruetas para contentar. El partido contra el Espanyol fue un paso atrás en la trayectoria ascendente que lleva el Real Madrid en la temporada. No por el resultado, que se sacó adelante contra un rival serio aunque inofensivo. Pero extraño por cómo al Real Madrid le costó dar fluidez al juego y encontrar la pegada. Lo reconoció Zizou al final del partido cuando dijo que “no nos interesaba un partido de ida y vuelta”. Volvió al 4-3-3 y se arrepintió. Regresó al tridente y renunció a un cuarto centrocampista para probar con Rodrygo y Vinícius en el once. Zidane buscaba cómo darle un caramelo a Vinícius y pensó que, con tantos lesionados, no podía dejar pasar la oportunidad.

Otra cosa es que el entrenador vea preparado a Vinícius para jugar la ‘final’ del 18 de diciembre en el Camp Nou... No lo tiene nada claro. Espera que Bale (quién lo iba a decir) se recupere a tiempo y pueda tener más dinamita arriba ante un rival que va cogiendo vuelo. El Barcelona asusta por cómo está compenetrada la pareja Messi y Luis Suárez. Hacen goles, en el Camp Nou, de videoconsola. Según pasan los partidos, se percibe que Antoine Griezmann tiene mejor aceptación en el vestuario (se ganó a Messi en el viaje a París para la gala del Balón de Oro, con Bartomeu de celestino) y acabará llegando al Clásico acoplado y motivado para justificar los 137 millones de euros que desembolsó el presidente del Barça. Al máximo dirigente culé le hace falta que aparezca su gran fichaje ante el Real Madrid. El gasto de los 400 millones de euros en Coutinho y Dembélé va para ruina y esta semana se vanagloria del sexto Balón de Oro de Messi y los años, que quieren que sean muchos, que le quedan en el Barcelona.

La expectación de cómo trabajará Zidane

Pero esto es otra historia. En la casa blanca, miran el Clásico con la esperanza de que Zidane dé con la tecla para hacer un once al que no le metan cinco goles ni haga el ridículo, como lo que se vivió con Lopetegui la temporada pasada. En el Madrid, están expectantes por cómo gestionará Zidane el once que tiene que jugársela con el Barcelona. Tranquilos porque la dinámica es buena, pero fastidiados por la lesión de Hazard. Era el deseado para jugar el Clásico. Llegaba en su mejor momento al partido que se quiere ganar para confirmar que este equipo tiene trazas de campeón de Liga. Es un contratiempo serio. Hazard empezaba a mezclar y compenetrarse con Benzema y era la sociedad que podía equilibrar el duelo contra Messi y Luis Suárez. Un palo. Pero queda la tranquilidad de que a Zidane se le ocurrirá otra cosa tan genial y sorprendente como la del día del Paris Saint-Germain en el Bernabéu, cuando apostó por Isco y ganó una doble partida: hacer un gran fútbol y recuperar a un futbolista que estaba en el ostracismo.

Un Clásico más, el del 18 de diciembre. (EFE)
Un Clásico más, el del 18 de diciembre. (EFE)

En el Madrid tienen la seguridad de que Zidane hará una buena pirueta para contrarrestar la versión demoledora que exhibió el Barcelona de los seis Balones de Oro frente al Mallorca. En la casa blanca se habla de un equipo que ya tiene alma y carácter. Se habla con orgullo del Madrid que dio la cara en Eibar y Vitoria. Este es el Real Madrid que se tiene que partir la cara ante el mejor Messi de la temporada, y en eso está Zidane, que es el que menos se queja de los lesionados. Tiene optimismo, ganas de que llegue este partido, para ver qué nivel tiene el equipo, y cuenta con la idea de salir victorioso. Estamos ante un Zidane nuevo y motivado por tener un equipo que ya es un bloque y trabaja con otro espíritu. La única preocupación está en que Casemiro pueda llegar al Clásico. Está amenazado por una tarjeta amarilla y queda el partido contra el Valencia... Es la pirueta más difícil del entrenador del Real Madrid de cara al partido de Barcelona, que ya está en boca de todos los dirigentes del Real Madrid.

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