primeras horas como seleccionador nacional

El desahogo de Luis Enrique y la decepción de un Robert Moreno que no se lo esperaba

Luis Enrique sintió un alivio cuando pudo contar su verdad sobre cómo se había gestionado durante los últimos meses el puesto de seleccionador nacional que había ocupado Robert Moreno

Foto: Luis Enrique, este miércoles, en la Ciudad del Fútbol. (Reuters)
Luis Enrique, este miércoles, en la Ciudad del Fútbol. (Reuters)

Robert Moreno se equivocó de persona o de realidad. A falta de saber su punto de vista, en esta historia está quedando retratado como lo que en cualquier oficina se calificaría como un trepa aprovechando un resquicio para un ascenso laboral que no ha ido de la mano de la ética ni la moral. Al ataque de Luis Rubiales (y José Francisco Molina) de la semana pasada respondió con un elegante comunicado en el que enterró el hacha de guerra, dejando las cosas del vestuario en el vestuario. Sin embargo, no parecía conocer muy con quién ha trabajado codo con codo en la última década (o estaba desubicado para no saber lo que vendría después) y Luis Enrique habló. Para el asturiano, ha supuesto un momento de alivio personal y un refuerzo para continuar con su complejo día a día.

Sentimental e impulsivo, así se mostró Luis Enrique este martes para desahogarse ante prensa y público. Su nombre, la semana pasada, había quedado manchado para algunos ante las sospechas de que hubiera querido dar un cambio de rumbo y no admitir a Moreno por alguna causa sin una justificación comprensible. Este miércoles ofreció tales argumentos y, salvo que Moreno le contradiga, ha despejado cualquier duda. El inusual aplauso en la rueda de prensa por parte de los periodistas hacía difícil separar la figura de padre coraje de la de seleccionador que se siente traicionado.

“Lo mejor es que quede entre nosotros. No sería bueno [sacar trapos sucios] para nadie. Si él quiere hablar, que hable”, comentó Robert Moreno la semana pasada en declaraciones a 'Gol'. Este miércoles, sin cámaras grabando, señaló a La Sexta que se sentía “decepcionado” por el ataque que había sufrido de Luis Enrique. De pensarlo así, realmente, es que no conocía bien a su exjefe, porque si por algo se ha caracterizado durante toda su trayectoria Luis Enrique es por ir de frente y ser claro —con o sin cámaras— tenga o no razón.

Luis Enrique sigue dando pedales

El gijonés de 49 años se mostró hace unas semanas por primera vez en público desde el fallecimiento de su hija Xana en una dura prueba de gravel (la bicicleta que cada vez cuenta con una mayor aceptación) por las localidades de Empordà, Peretallada, Mont-Ras y Palamós. Mostró una sonrisa a los que le pidieron una foto e inspiró una imagen de recuperación (siempre en términos relativos) ante un hecho que marcará para siempre su vida. “Estoy fuerte”, comentó a Robert Moreno cuando este fue a visitarle el 12 de septiembre —-día en que el asturiano intuyó la ruptura que finalmente se ha dado— y, por lo visto este miércoles y lo que han comentado fuentes cercanas a la Federación a El Confidencial, no ha cambiado su actitud ni espíritu un ápice. Más bien al contrario.

En su primer día de esta segunda etapa, Luis Enrique no se ha encontrado en los pasillos de su casa, la de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, más que gestos de cariño y apoyo, algo que ha explotado con el mencionado aplauso de todo el salón de actos Luis Aragonés. No le han tenido que decir cuál era su despacho, como tampoco tendrá que volver a localizar tiendas de bicicletas por la zona si desea hacer 'excursiones' por Madrid. Lo suyo ha sido un trágico paréntesis que comenzó con la palabra 'dolor' y terminó con 'decepción'. Pero ahí sigue, como su apodo, Lucho.

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