el capitán paga la frustración

Los pitos a Koke en el Atlético de Madrid y los infiltrados ("son unos vikingos")

La grieta, por pequeña que sea, de pitar a Koke se explica desde dentro de la familia rojiblanca como la infidelidad y la desmemoria. El 'enemigo' se les ha colado en casa

Foto: Koke, capitán del Atlético de Madrid, durante una rueda de prensa. (EFE)
Koke, capitán del Atlético de Madrid, durante una rueda de prensa. (EFE)

Los que pitan a Koke (capitán del Atlético de Madrid) son unos dasagradecidos, ingratos, descastados y, para los más indignados en la familia rojiblanca, unos "vikingos". Está la atmósfera del Wanda Metropolitano agitada por lo que sucedió en el partido de Champions contra el Bayer Leverkusen. Pitar a Koke provoca confusión y crispación en una masa social donde brota la sensación de rechazo al pobre juego del equipo. Esa frustración la pagó uno de los que menos culpa puede tener de las dudas que genera el nuevo Atleti. Koke es patrimonio del club. Canterano, capitán, ídolo, alma y sentimiento. Una bandera (como Fernando Torres). Uno de los referentes que representan la esencia del mejor 'cholismo'. Un intocable. El chico que lleva desde los seis años en el club y puso la bandera del Atleti en el centro del Bernabéu para dejar constancia de que esta vez sí habían vuelto.

Los motivos por los que se señala a Koke no los tiene claros ni el propio jugador, ni Simeone ni sus compañeros. Es un caso extraño e insólito entre una masa social que alardea de diferenciarse de la de los grandes clubes de España. En el Bernabéu y en el Camp Nou se admite pitar a sus estrellas cuando los resultados no son los esperados o el futbolista en cuestión no cumple con las expectativas. En la familia rojiblanca, de un largo tiempo a esta parte, es una religión estar con el equipo en las buenas y en las malas. Desde la llegada del 'Cholo' en diciembre de 2011 no se conocen episodios de discrepancia o rechazo con el rendimiento en el césped. Simeone no solo consiguió elevar el nivel competitivo. Reforzó la lealtad y dogmatizó. "No lo pueden entender" y "somos el equipo del pueblo" se toman como axiomas cuando se detecta la prepotencia del rival.

Simeone se abraza a Morata tras el gol al Bayer Leverkusen. (EFE)
Simeone se abraza a Morata tras el gol al Bayer Leverkusen. (EFE)

La grieta, por pequeña que sea, de pitar a Koke se explica desde dentro de la familia rojiblanca como la infidelidad y la desmemoria. La reacción más radical es la de pensar que esos que pitan son unos infiltrados y el 'enemigo' se les ha colado en casa. Pitar a un jugador es copiar el mal ejemplo del máximo rival de la ciudad. Silbar es cosa de los 'ricos' de La Castellana que no tienen corazón. Al Wanda Metropolitano hay que ir con otra actitud y romanticismo. A animar y no olvidar quién es quién. Aunque esos que llaman 'vikingos' a los que osan señalar a Koke hayan pitado y no les siga convenciendo que Morata vista la camiseta del Atlético de Madrid. Curioso fue el amago de celebración que tuvo el ex delantero madridista en el gol del triunfo contra el Bayer de Leverkusen. Estuvo a punto de llevarse las manos a las orejas. Morata sabe lo complicado que tiene ganarse la aceptación de toda la masa social, a pesar de que fuera de niño recogepelotas en el Vicente Calderón. Pesa el pasado madridista.

La crítica a Simeone

Koke dice que está fuerte. De cabeza, se refiere, que es lo más importante para comprobar si le afectan esos silbidos que se escucharon en el partido contra el Bayer Leverkusen. Le toca demostrar en los siguientes partidos si ha recuperado la chispa y sube el ritmo, la velocidad, el despliegue y la precisión que requiere su equipo en el centro del campo para jugar mejor y ser más incisivo. Los que pitan a Koke lo hacen para exigirle que suba el nivel. Le ven lento. Hay algunos que hablan de verle con más kilos. Algo tiene que sucederle cuando no es el mejor de su equipo y lleva un año sin ir a una convocatoria de la Selección española. La explicación de Simeone es que "quiere hacer más de lo que le compete y termina desgastándose más en lo que no es su responsabilidad".

Lo que subyace en los pitos de Koke es un malestar por el juego plano del Atlético de Madrid. Es responsabilidad de Simeone. Otro de los intocables por su liderazgo y poner al equipo entre los mejores de Europa en los últimos años. Pero esos que pitan son exigentes y también hay que respetarlos, a pesar de ser considerados como traidores. Quieren más: disfrutar, ser más ofensivos y menos conservadores. Este es otro debate. Cambiar a Simeone y su estilo a estas alturas de la película para que proponga un fútbol más vistoso y dominante no parece que sea lo más adecuado. Lo ha intentado y ha desistido. Siempre vuelve a sus orígenes: la solidez, intensidad y la portería a cero (para eso está Oblak). Con lo que se deduce que los que tienen que cambiar son los jugadores y el primero es Koke. Lo extraño es que no haya runrún con Diego Costa y su falta de gol.

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