hizo autocrítica y se interpretó al contrario

El dolor de Roberto Carlos por su confesión del Real Madrid de 'los galácticos'

Roberto Carlos es consciente del revuelo que ha formado y está dolido por cómo le ha tratado algún compañero de la prensa cuando sus palabras fueron de arrepentimiento

Foto: Roberto Carlos, en un amistoso con la camiseta blanca. (EFE)
Roberto Carlos, en un amistoso con la camiseta blanca. (EFE)

Está fastidiado por la repercusión que han tenido sus palabras sobre cómo se vivía en el Real Madrid de los ‘galácticos’. Sobre todo por algunas informaciones que calificaban a la plantilla de "tiranos”, con la fuerza para poner y quitar entrenadores o hacerles la cama. Roberto Carlos se ha metido en un lío innecesario por dar algunos detalles, en una entrevista al exportero del Barcelona Vitor Baía en un medio portugués, donde relataba cómo bebían alcohol o pactaban los horarios de los entrenamientos con los jugadores. A un entrenador brasileño (Vanderlei Luxemburgo) le recomendaron él y Ronaldo Nazario que no quitara las botellas de vino de las mesas en las cenas antes de los entrenamientos porque si no tendría problemas. “Duró tres meses”, manifestó Roberto Carlos. Esta es la frase que más daño hace a la imagen de unos futbolistas que eran superestrellas y que parece claro que no admitían normas y hacían lo que querían en cada momento.

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El dolor de Roberto Carlos es que sus palabras hayan podido confundir a los aficionados que admiraban a esas superestrellas y que a los propios compañeros y amigos (Zidane, Ronaldo, Beckham, Casillas…) les hayan podido sentar mal. También entrenadores con los que dio detalles sobre cómo elegían las horas de entrenamientos (Camacho y Del Bosque). La entrevista ha resultado una torpeza por la interpretación y cantidad de titulares que deja y el daño que hace a la imagen de leyendas del fútbol.

El efecto contrario al buscado: el arrepentimiento

En una semana de parón de la competición, las declaraciones adquieren todavía más repercusión y abren el debate del poder de las estrellas en los vestuarios y en el club. No era la intención de Roberto Carlos, evidentemente, la de señalar a nadie ni generar esta decepción hoy de esos aficionados que piden cada vez más entrenadores con autoridad y mano dura. La sinceridad de Roberto Carlos es un ejercicio de arrepentimiento por cómo se comportaban, ya que no tenían la madurez suficiente como para darse cuenta de que cometían errores y no eran conscientes de ello. Las palabras de Roberto Carlos sirven para entender que los futbolistas, y más los 'cracks', sienten que pueden con todo, lo saben todo y están por encima de todo.

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El brasileño hoy trabaja, y tiene que ver la cara a Florentino Pérez, Zidane y Raúl, por ejemplo, y queda de vez en cuando con Ronaldo Nazario y Luis Figo. “Yo hoy pienso, ¿cómo es posible que hiciéramos esas tonterías?”. Es la autocrítica de quien saca a la luz una serie de malos ejemplos que, evidentemente, no son nada recomendables. Reprochables. Malas conductas o pecados de juventud de futbolistas divos.

Roberto Carlos, saludando al público en un acto.
Roberto Carlos, saludando al público en un acto.

Buen compañero y trabajador

Roberto Carlos era el menos ‘galáctico’ de todos los que tuvo por esos años Florentino Pérez. No por ser el que menos talento o calidad tenía sino porque fue un fichaje del anterior presidente: Lorenzo Sanz. Costó 500 millones de pesetas. El lateral zurdo brasileño hizo una larga carrera en el Real Madrid. Un total de 11 temporadas desde que llegara en 1996 como recomendación de Fabio Capello. Era un lateral impresionante en el Inter de Milán y se consagró en el Real Madrid como el mejor de su momento y está entre los mejores de la historia (si no es el mejor).

Era cercano a la prensa. Sencillo, humilde y buen compañero. Trabajador y con unas cualidades físicas que destacaban todos los entrenadores que tuvo. Un tipo que hacía vestuario y fomentaba el buen rollo. Un elemento estabilizador. Fue de los primeros grandes fichajes y según fueron llegando el resto, el equipo fue un resultado de fantasía, ilusión y diversión. Como reconoce en la misma entrevista: “Éramos un peligro”. Años más tarde, relajado y con esa sinceridad que le caracteriza y le provocó algún que otro follón en su época, cuenta lo que nunca debieron hacer como profesionales.

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