el futbolista de moda en España

La lucha de Fabián Ruiz y cómo quitar a su madre de limpiar baños

Se tuvo que ir a Italia para demostrar que puede triunfar en la alta competición y para ganar mucho dinero. Fabián Ruiz, un niño frágil y bajito en su infancia, destaca hoy por ir sobrado físicamente

Foto: Fabián Ruiz celebra un gol con la Selección española Sub-21. (EFE)
Fabián Ruiz celebra un gol con la Selección española Sub-21. (EFE)

La búsqueda de futbolistas que den un nuevo empujón a la Selección española y cuajen en un estilo que necesita una evolución se está haciendo larguísima. El último partido contra Noruega no resultó, precisamente, beneficioso para Robert Moreno. España deja dudas por la ausencia de un estilo más contundente y la diversidad de jugadores de diferentes edades. La revolución es necesaria. Fabián Ruiz Peña (23 años) es un soplo de aire fresco en una Selección que continúa en el limbo. El centrocampista del Nápoles es uno de los que dan motivos para la esperanza de un cambio generacional que resulta imprescindible. Con Fabián afianzado en el once del nuevo seleccionador, se tiene que construir una nueva España. Fabián ha dado el paso que tanto deseaban en la federación desde el día en que Luis Enrique apuntó su nombre como uno de los talentos que tenían que asomar la cabeza en la absoluta. Su historia para llegar hasta aquí no ha sido nada sencilla.

El niño de Los Palacios es una estrella en el fútbol italiano y su progresión en el Nápoles le pone en el escaparate. Vuelven a aparecer los nombres del Real Madrid y el Barcelona como clubes que tienen en la agenda a uno de los centrocampistas más completos de Europa. El interés no es nuevo, pero llega tarde. El Nápoles y, en especial, el extécnico del Real Madrid Carlo Ancelotti apostaron fuerte por Fabián hace poco más de un año, cuando empezó a sobresalir en el Betis de Quique Setién. Fabián Ruiz se fue a Italia con el reto de demostrar que estaba capacitado para jugar en la competición más exigente, a nivel físico y táctico, sin sentir el vértigo que tienen otros finos futbolistas. Cuando hay hambre, no se mide el miedo. Se va hacia delante a por todas en busca de progresar en todos los sentidos (deportiva y económicamente).

Fabián Ruiz, en un partido entre el Nápoles y el Barcelona, compite contra Busquets. (EFE)
Fabián Ruiz, en un partido entre el Nápoles y el Barcelona, compite contra Busquets. (EFE)

Los orígenes de Fabián no son sencillos cuando se nace en una familia muy humilde y con dificultades para llegar a fin de mes. El palaciego forjó esa personalidad atrevida y descarada en la calle. Era un niño bajito, delgadito y frágil cuando empezó a jugar en la escuela de fútbol La Unión de Los Palacios. Los ojeadores del Betis echaron el ojo a un chaval que era diferente por su habilidad, técnica y velocidad. Pero tenía el hándicap de un cuerpo pequeñito y débil. A los nueve años, entró en el benjamín del Betis. El pequeño Fabián Ruiz no podía ir al cuerpo a cuerpo. Perdía ese tipo de duelos. Su fútbol se resentía en lo físico. Hasta que experimentó un cambio sorprendente a los 14 años y creció, en menos de medio de año, casi 30 centímetros. El bajito Fabián pasó a ser más alto, su cuerpo cambió y su forma de jugar al fútbol tuvo que irse modificando. De ser una culebra a dar zancadas y tener que ir perfeccionando la conducción del balón.

Hecho a sí mismo

Cuatro años después de estar en las categorías inferiores del Betis, consiguió que su madre (Chari) entrara a trabajar en el departamento de limpieza de la Ciudad Deportiva. Madre e hijo juntos en el mismo club. Fabián siguió su progresión. Con sus dificultades. El cambio fue dando forma a un chico que cada vez tenía más presencia física y contundencia con el balón. Conservaba el talento y la chispa. Le faltaba madurar y en el Betis la primera oportunidad en el primer equipo se la dio Juan Merino. Fue en un partido en Segunda división contra el CD Lugo. Pero el palaciego era uno de esos talentos intermitentes. Salió cedido al Elche. Una etapa en la que cogió más masa muscular y comprobó la dureza de la Segunda división.

Fabián es un jugador hecho a sí mismo. Quería más. Demostrar que ya no era un futbolista frágil y que sí estaba preparado para la alta competición. La llegada de Quique Setién al banquillo verdiblanco le benefició. Fue el técnico que apostó para que soltara esa mezcla de fútbol físico y talentoso. Tuvo partidos brillantes. Uno de ellos, en el Bernabéu. Fabián empezaba a llamar la atención junto a Dani Ceballos. El Real Madrid eligió al segundo. El Barcelona quiso ir a por Fabián, pero el de Los Palacios quería un equipo en el que jugara muchos minutos. No estar en el banquillo. Se decidió por el Nápoles. Un gran reto. Los italianos pagaron la cláusula de rescisión (30 millones de euros). Firmó un gran contrato, de cinco años (hasta 2023), con un sueldo de 2,5 millones. El chico de Los Palacios, bajito y frágil, mide hoy casi 1,90 centímetros y va sobrado de energía y fútbol. Hoy le quieren subir la cláusula de rescisión hasta los 120 millones de euros.

En el último año, se ha convertido en uno de los mejores centrocampistas de Italia y ha sido uno de los mejores en la Selección española Sub-21 que ganó el Europeo en la final contra Alemania. Fue nombrado como el mejor del torneo. Sus ídolos eran Xavi Hernández y también se fijaba en Koke. Fabián Ruiz está hoy en la absoluta y sobre él recae el peso de la nueva España. Un chico joven que se ha ganado a pulso todo lo que tiene y que, como otros casos, consigue que su madre tenga una vida más cómoda.

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