así eran los caprichos de los galácticos

Roberto Carlos: "Dijimos a Luxemburgo que no quitara el vino... lo quitó y duró 3 meses"

Roberto Carlos desvela cómo ponían los horarios de los entrenamientos, bebían alcohol en las concentraciones y hacían ver a los entrenadores que tenían que adaptarse a sus hábitos

Foto: Roberto Carlos saluda a los aficionados en un partido de las leyendas en el Bernabéu. (Efe)
Roberto Carlos saluda a los aficionados en un partido de las leyendas en el Bernabéu. (Efe)

El Real Madrid de los 'galácticos' fue una plantilla de superestrellas (Casillas, Roberto Carlos, Figo, Beckham, Zidane, Raúl, Ronaldo, Owen...) con la que Florentino Pérez se ganó la fama de ser el mejor presidente fichando a los mejores del mundo. Pero también padeció los caprichos de una plantilla de divos. Una de las especialidades de Florentino era fichar cracks y uno de los defectos el no encontrar un entrenador que se hiciera con ellos. Tuvo de todo: Del Bosque, Queiroz, Camacho, Luxemburgo, Pellegrini, Ancelotti, Mourinho, Benítez, Lopetegui, Zidane y un sinfín de interinos (García Remón, López Caro, Solari...). ¿Los 'galácticos' tenían mando o se aprovechaban de su condición de estrellas y el consentimiento presidencial? Las confesiones de Roberto Carlos a Vitor Baia (exportero del Barcelona) en un medio portugués (Canal 11), revelan la fuerza de una plantilla con los entrenadores.

Uno de los mejores laterales zurdos de la historia del fútbol (probablemente el número uno) desvela cómo ponían los horarios de los entrenamientos, bebían alcohol en las concentraciones y hacían ver a los entrenadores que tenían que adaptarse a sus hábitos. "Teníamos la costumbre antes de la cena de tomar nuestra cerveza y vino. Le dijimos Ronaldo (hoy dueño del Valladolid) y yo a Luxemburgo que no quitara las botellas de vino porque si no tendría problemas. Las quitó y duró tres meses", es uno de los ejemplos que pone el brasileño.

Roberto Carlos y Ronaldo en Valladolid. (Efe)
Roberto Carlos y Ronaldo en Valladolid. (Efe)

Pasó con más entrenadores. José Antonio Camacho solo aguantó diez días porque no se hizo con una plantilla a la que pedía madrugar para ir a entrenar y los 'galácticos' le respondían que cambiara los horarios. Con Del Bosque, según Roberto Carlos, todo era más fácil: "No necesitaba reglas. Nos entendíamos perfectamente. Los entrenamientos de los lunes y a veces de los martes eran a las cinco de la tarde. No los ponía a las once de la mañana porque casi nadie llegaba". Una época en la que las estrellas cogían vuelos privados de forma habitual para hacer escapadas de ocio o atender a sus compromisos publicitarios en otros países.

Los 'malcriados'

"¿Cómo es posible que hiciéramos tantas tonterías?", se pregunta años después Roberto Carlos, que sigue en el club con diferentes funciones: embajador, ayudante en las categorías inferiores y comentarista en el canal de televisión. Hoy lo ve con otros ojos. Los de una empleado que trabaja en el club y entiende que se necesita una disciplina y una mayor profesionalidad. Eran tiempos en los que las normas eran 'flexibles' y se divertían. Pero ese poder existía y traía de cabeza a Florentino Pérez cuando intentaba reconducir (muchas veces sin éxito) los excesos de unos futbolistas mediáticos y malcriados (según llegó a reconocer el propio presidente). El último gran 'galáctico' del Real Madrid (Cristiano Ronaldo) era muy diferente. Profesional dentro y fuera del campo.

Hoy los vestuarios tienen su poder. Hace unos días, después de la victoria del Barcelona en Getafe, apareció Gerard Piqué a poner en su sitio a la directiva del Barcelona por unas presuntas filtraciones. No gustó en el vestuario que salieran noticias sobre el poder que tienen los jugadores y cómo lo ejercen. El mosqueo de Josep María Bartomeu y sus dirigentes duró poco. Esta semana el presidente se ha dado un abrazo con Piqué en la Ciudad Deportiva y le ha entregado el premio 'Aldo Rovira' como el mejor futbolista de la pasada temporada. La 'rajada' de uno de los pesos pesados no tuvo consecuencias. Piqué salió por su cuenta a poner en su sitio a los directivos, según reconoce Messi (el capitán) cuando dice que él no lo habría hecho para no hacer más grande la bola. Es una muestra más del poder real que tienen los vestuarios sobre los presidentes de los clubes.

Los presidentes y mucho menos los entrenadores, por muy 'top' que se les pueda considerar, están libres de los pulsos y las imposiciones de los futbolistas. También hay chantajes. Lo sufrieron y lo siguen padecienco los dos grandes clubes de España: Real Madrid y Barcelona. Florentino Pérez y Josep María Bartomeu no llegan a manejar el club como sus empresas ni se hacen con tanta facilidad con el control de los vestuarios como con los empleados de sus oficinas.

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