Entrenador del equipo sorpresa de la Liga

Diego Martínez, el alumno de Monchi que la está rompiendo entrenando al Granada

"Nosotros somos un equipo en letras mayúsculas, con gente que viene del barro, pero con un alto grado de reivindicación", dice el técnico del Granada en una charla con El Confidencial

Foto: Diego Martínez y Ernesto Valverde en Los Cármenes. (EFE)
Diego Martínez y Ernesto Valverde en Los Cármenes. (EFE)

Puede que Diego Martínez (Vigo, 1980) sea el duque de la sencillez, el hombre que comenzó en los escalones más bajos del fútbol y ahora, casi sin levantar la voz, se encuentra en la primera planta de la Liga. Es el entrenador del Granada, un equipo de presupuesto mínimo y corazón gigante que está dejando a todos los expertos con la boca abierta. Diego, aquel joven veinteañero que reclutó el mago Monchi para su proyecto sevillista, ya no es un desconocido, sino un entrenador con los conceptos bien aprendidos que ha hecho del Granada un gallo fiero para la pelea.

Diego Martínez conversa con el que escribe sentado en uno de los bancos de la Fuente de las Batallas, la céntrica plaza granadina donde el equipo nazarí y su afición celebran sus gestas. Saluda con campechanía y una sonrisa relajada, de guerrero en reposo que prepara nuevas partidas. Su palmarés comienza a escribirse en mayúsculas: campeón de España con el juvenil del Sevilla, ayudante de Unai Emery el año en que los blancos consiguieron su tercer título de la Europa League, ascenso a la división de plata con el Sevilla Atlético, mantenimiento de aquel equipo de jóvenes en la categoría y ascenso a Primera con el Granada, justo el año en el que muy pocos apostaban por las papeletas del equipo de Los Cármenes.

Pero va el Granada, con un tope salarial tan ajustado que en la comparativa de los principales clubes estremece, y se planta en la jornada séptima en la pelea por los puestos de arriba, venciendo al Barcelona y, sobre todas las cosas, dejando el sello de equipo tan difícil de morder que, para hacerlo, hay que disponer de una dentadura de acero. Huye Diego del adjetivo revelación. Dice que no es adecuado. "No siento esta etiqueta, pues no se ajusta a la realidad. Nosotros creemos en una idea de trabajo y tratamos de desarrollarla. Como se dijo el año pasado desde el club, nosotros vamos pasito a pasito. Trabajamos sin hacer mucho ruido, pero duro, como las hormiguitas; vamos de a poquito y así, con mucho esfuerzo, pero con una ilusión tremenda, tratamos de conseguir un muchito", explica el técnico a El Confidencial.

Gol, talento y sacrificio, las virtudes de Antonio Puertas, uno de los líderes del Granada, según su entrenador Diego Martínez. (Reuters)
Gol, talento y sacrificio, las virtudes de Antonio Puertas, uno de los líderes del Granada, según su entrenador Diego Martínez. (Reuters)

Gente que viene del barro

El Granada no dispone de grandes estrellas y sueldos obscenamente elevados, pero este conjunto de jugadores modestos mira de frente a todos: "Es así —asegura Diego— porque tenemos buenos jugadores, gente que viene del barro y con un alto grado de reivindicación. Jugadores como Víctor Díaz, Rui Silva, Montoro, Quini, Antonio Puertas… pueden plantarle cara a cualquiera y lo están demostrando. Este es un equipo que cree en lo que está haciendo; es un equipo en mayúscula".

Le preguntamos sobre Antonio Puertas y Montoro, dos de las individualidades que están llamando más la atención, y al técnico no le sorprende. "Antonio tiene gol y mucho talento, a lo que se une el sacrificio. Ángel Montoro es un futbolista muy inteligente, que capta a la primera todos los conceptos. Pero lo que consagra al Granada y más lo define es que es un equipo en letras muy grandes".

Casado con una granadina, a la que conoció en su época de estudiante de Ciencias del Deporte, Diego Martínez y familia viven en un piso soleado y desde donde se ven los focos del Nuevo Los Cármenes. Es un tipo de maneras sencillas y vida tranquila, siempre centrado en el fútbol y en el estudio de las situaciones que rodean el mundo de la pelota.

Tras ocho años en el Sevilla, Diego Martínez fichó por Osasuna en 2017. (EFE)
Tras ocho años en el Sevilla, Diego Martínez fichó por Osasuna en 2017. (EFE)

La llamada de Monchi

Cuando dirigía a un equipo en Tercera, le llamó Monchi. Estuvieron reunidos en Sevilla un par de horas y aquello fue suficiente para que el León de San Fernando le echase el manto. Lo fichó para dirigir el área de tecnificación. En el Sevilla, Diego Martínez trabajó durante ocho años. El vigués reconoce que el Sevilla le marcó. "Hasta el punto de sentirme un sevillista de adopción y así hasta la muerte", asegura. Pero Diego nunca fue conformista y siempre miró hacia adelante, de ahí que se entusiasmara con la oferta de Osasuna que le trajo Juan Maraver, su amigo y representante, para entrenar a un gallito como es el club navarro. En Pamplona, Martínez engordó sus bolsillos de amigos y experiencia, la misma que le sirvió para, un año después, clavar una pica en Granada.

En esta tierra nazarí, Diego Martínez es ídolo y uno de los bastiones indiscutibles. Los periodistas de la ciudad tienen grabadas a fuego algunas de las frases del joven entrenador cuando aterrizó en Los Cármenes y, sumergida su gente en un pozo de pesimismo, solo prometió trabajo. "Nos va a costar la vida para ganar, pero daremos la vida para lograrlo", dijo. En Granada le llaman el chamán, un brujo en chándal que nunca pierde la mirada en cada acción de los suyos. Un tipo sencillo que aprendió de los buenos maestros y sacó a flote su talento. Hoy es ídolo de la afición, una gente que rompe sus manos aplaudiendo a un equipo que no le tiene miedo a nada. Y que cree a pie juntillas lo que dice Diego Martínez: "El barco ya ha zarpado y el que se quiera subir ya sabe lo que somos".

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