hundido por el despiste que les dejó ko

El peor momento de Piqué en el Barcelona y su dolor por un error que no se perdona

La acción del saque de esquina, en el minuto 79, en Anfield no se la quita de la cabeza. Piqué no pudo reaccionar ante la pasividad de sus compañeros en el cuarto gol del Liverpool

Foto: El gesto de abatimiento de Piqué después del cuarto gol del Liverpool en Anfield. (Reuters)
El gesto de abatimiento de Piqué después del cuarto gol del Liverpool en Anfield. (Reuters)

Es el peor momento de Gerard Piqué en el Barcelona. Hundido. Destrozado. Muy tocado por el fallo en cadena en el cuarto gol del Liverpool que costó la eliminación en la Champions. Piqué sufre con la frustración de una dolorosa derrota después del despiste que tuvo el equipo en el último gol de Origi. Una jugada de picardía que sorprendió a la gran mayoría de culés, a todos menos a Piqué y Ter Stegen, que fueron los únicos que vieron el pase raso, pero no les dio tiempo de reaccionar. A Piqué le cogió el centro más cerca del segundo palo. No llegó ni pudo dar esa voz para que se activaran sus compañeros. El error del cuarto gol no se lo quitó de la cabeza. Entró al vestuario de Anfield hundido y salió sin poder dar una explicación ante los medios de comunicación del porqué de esa jugada. Permaneció callado. Sin ganas.

El minuto 79 del partido en Anfield contra el Liverpool no se le va a olvidar a ningún barcelonista. Fue fatídico. Pero todavía más doloroso para Piqué. El experimentado central se considera uno de los culpables, porque es el encargado de ordenar este tipo de jugadas y alertar a los compañeros para que no sufran distracciones en los marcajes. Se vio sorprendido por la rapidez de una acción en la que nunca perdió a Alexander-Arnold ni el balón de vista, pero que achaca a una confusión. Los compañeros —Sergi Roberto y Jordi Alba estaban en la zona más próxima al saque de esquina— se estaban colocando en el momento en que un recogepelotas aceleró la entrada del balón y aprovechó Alexander-Arnold para percatarse del desorden de los azulgranas.

Un error imperdonable y mayúsculo para el que se considera el líder de la defensa, el que lo tiene todo controlado. A Piqué le faltó esa voz, el grito o la orden para conectar a los compañeros. Pero estos estaban fundidos. Se tomaron el córner como un minidescanso. Un respiro que les costó carísimo. Es algo que no se perdona Piqué y prefirió no dar explicaciones, en caliente, ante los periodistas después del partido. Sobraban las palabras ante la evidencia de un error impropio de futbolistas que son internacionales. El dolor, la rabia y la impotencia los lleva por dentro.

La rabia del fallo

A Piqué se le ha valorado esta temporada por ser uno de los futbolistas con más chispa, mejor forma física y concentración. A un alto nivel en muchos partidos de exigencia. Se ha destacado por estar pendiente de los detalles tácticos del equipo y del rival. Acercarse con frecuencia a la banda para comentar con Ernesto Valverde lo que veía desde su posición y cómo buscar soluciones. En Anfield, no tuvo esa visión ni la reacción de leer el partido en esa fatídica jugada del minuto 79. Tampoco estuvo despierto ni tan vivo como el rival. Con la máxima atención para corregir la distracción generalizada. Algo que duele dentro del vestuario del Barcelona, como a Ernesto Valverde y a Bartomeu y los dirigentes, que se preguntan por el clamoroso fallo en el cuarto gol.

Los dos jugadores que más afectados pueden estar por la eliminación en Liverpool son Messi y Gerard. Dos de los más experimentados, que habían avisado de no cometer este tipo de descuidos. Tenían asumido que era una eliminatoria para sufrir, que se podía jugar mal o regular, pero si algo no se podía dejar de lado era la atención en las marcas, los ajustes, coberturas y las ayudas. Un grave error calificado de la vergüenza y que Luis Suárez señaló como “un error de juveniles”. Palabras que suenan a autocrítica, pero duelen más a una responsabilidad que asume Gerard Piqué. Sin ganas de hablar después del partido y muy fastidiado por volver a desperdiciar la oportunidad de jugar una final de la Champions. Muy tocado... como Messi.

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