LAS ANGUSTIAS DEL PRESIDENTE

La trinchera de Florentino Pérez en la semana fantasma del Real Madrid

Acertar en los fichajes y generar confianza entre los socios y aficionados son los deberes de un Florentino Pérez dolido por ver cómo se ha vaciado el Bernabéu y no hay nada en juego

Foto: Florentino Pérez durante la presentación de Zinedine Zidane. (Efe)
Florentino Pérez durante la presentación de Zinedine Zidane. (Efe)

En una de estas semanas fantasmas que le toca vivir al Real Madrid, los días se hacen largos y pesados en las oficinas del club con las gestiones y las pachangas en los entrenamientos. El foco está en los fichajes. Nada por lo que pelear, pese a que Sergio Ramos reúna a sus compañeros en una cena en la noche del miércoles para hacer grupo y pedir acabar la temporada por encima del Atlético de Madrid. El segundo puesto en la Liga como único consuelo para darle, por lo menos, algo de paz al presidente. Florentino Pérez está en la trinchera preparado para la guerra de los fichajes. Será larga y costosa hasta que vaya presentando esas caras nuevas que puedan ilusionar a una afición que no llena el Bernabéu. Sin duda, una pesadilla para un presidente acostumbrado a pensar a lo grande y al éxito. El estadio se ha vaciado. La ilusión está por los suelos. Es tiempo para meter las excavadoras y acometer la demolición.

Acertar en los fichajes y generar confianza entre los socios y aficionados son los deberes de Florentino Pérez. En este periodo que se inicia de reconstrucción del proyecto deportivo se le va a hacer más fatigoso dar las bajas que las altas. Derribar que construir. Tener que buscar un comprador para Bale, algún club que ‘pique’ y pague los 130 millones de euros con los que el Madrid daría palmas con las orejas por la venta del galés. El rompecabezas está en cómo trazar estrategias y contratos con diferentes cláusulas que faciliten la salida de los señalados por Zidane. Vender y no perder dinero en jugadores que están devaluados pone a prueba la táctica e inteligencia empresarial de Florentino.

La deriva ha llevado al Real Madrid a jugar un partido en lunes. Es el día del destierro o el ostracismo en el que ha caído el proyecto. En Leganés será difícil distinguir que queda de los restos de un naufragio en un encuentro de Liga metido en el inicio de la Semana Santa. La falta de interés, la desgana o la apatía es otra de las consecuencias de una mala temporada. El partido es otra pachanga con puntos. Hasta Zinedine Zidane ve un equipo asustado y reconoce la dificultad de ir cumpliendo con los trámites de aquí al final de la temporada. “Jugar para nada es complicado” es la frase del entrenador del Real Madrid, que decidió subirse a un barco fantasma y que le toca reflotar desde la trinchera de Florentino Pérez.

Zidane en el partido contra el Eibar en el Bernabéu. (Efe)
Zidane en el partido contra el Eibar en el Bernabéu. (Efe)

La limpieza en el vestuario

En la semana fantasma, el presidente salió de la monotonía de su trinchera en un acto escondido en la sala de trofeos del Bernabéu. La Asociación de ex jugadores le entregó la insignia de oro y brillantes. A Florentino Pérez se le hace más llevadera la crisis cuando tiene a su lado a los veteranos y a algunas de las viejas glorias. El cariño se lo dieron Paco Gento, presidente de honor del club y de la Asociación, con la compañía de Amancio, Pirri, San José, Miguel Ángel, Martín Vázquez y Amavisca. Un parón, una satisfacción y una alegría dentro de una rutina tediosa de atinar con los fichajes que verdaderamente le ilusionan. Eden Hazard es uno. El resto no los ve para volverse loco. Pero hay que hacer caso a Zidane, que para eso adelantó su regreso.

En el vestuario de los jugadores esperan las decisiones de Florentino Pérez y Zinedine Zidane con la resignación que algo gordo va a suceder y habrá una revolución pese a que Zidane lo reduzca en unos cambios y no le guste la palabra 'limpia'. El "volveremos", "aquí ganamos y perdemos todos" y pedir "respeto" que ha soltado Casemiro en un acto publicitario no es más que la constatación del fin de ciclo. Los nervios de una plantilla que no tiene claro cuántos seguirán juntos la próxima temporada y que se mentaliza para la llamada presidencial y la carta de despido.

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