las causas de una ruptura

La frustración de Bale en el Real Madrid o cómo estalla por ser suplente

No soporta estar en el banquillo y le parece una deshonra que Vinicius y Lucas Vázquez le hayan quitado el puesto de titular. Bale da motivos al club para ponerle en venta

Foto: Gareth Bale en el banquillo con gesto serio junto a Mariano y Keylor Navas. (Efe)
Gareth Bale en el banquillo con gesto serio junto a Mariano y Keylor Navas. (Efe)

Gareth Bale no quiere seguir en el Real Madrid con el rol de suplente porque considera que tiene status de estrella y no ha dado motivos para que Solari le relegue al banquillo. El galés está en buena forma física, se cuida, es respetuoso con el entrenador, los compañeros y ha llegado sano a la fase decisiva de la temporada. En el día a día se presenta en los entrenamientos con una buena cara, una sonrisa y cuando le toca jugar hace goles. No entiende ni comparte por qué ha perdido su sitio en el once. Pero se ha rebelado de la peor manera para soltar todo el enfado y la frustración con un gesto de desprecio a un compañero. No quiso que Lucas Vázquez –uno de los jugadores que le han quitado el puesto de titular– le abrazara tras el gol de penalti contra el Levante. Un problema serio que provoca una ruptura entre el galés y el vestuario.

Las causas de la frustración de Bale por su situación son únicamente deportivas y después del feo gesto con un compañero en el Ciutat de Levante pueden provocar que al final de esta temporada –esta vez sí– tenga que abandonar el Real Madrid. No lo hizo el pasado verano porque antes salieron Zidane –el entrenador que tampoco le quiso en el once para los partidos importantes– y después Cristiano Ronaldo. Bale se quedó como la estrella de un equipo que no fichó ningún crack para sustituir la marcha del portugués a la Juventus.

Gareth Bale se lesionó el 3 de enero en el partido aplazado que jugó el Real Madrid en el estadio de La Cerámica contra el Villarreal. Una nueva recaída en el sóleo. Se perdió seis partidos. El tiempo que aprovecharon Lucas Vázquez y Vinicius para darle una energía y frescura diferente a un Real Madrid que empezó a ganar partidos e ilusionar. La pareja Vinicius-Lucas Vázquez interpretó y se comprometió con lo que exigía Solari. La actitud del brasileño y el español contrastaban con la del galés. Un jugador con más gol, pero menos solidario en el trabajo colectivo. Lucas Vázquez y Vinicius aseguraron trabajo defensivo, presión intensa, agresividad y profundidad. Consiguieron mezclar bien con Benzema y el equipo entró en una buena racha de victorias.

Bale hace un corte de mangas en el Wanda Metropolitano. (Efe)
Bale hace un corte de mangas en el Wanda Metropolitano. (Efe)

Dos palos: Barça y Atleti

Bale tardó un mes –3 de febrero– en volver al once. Fue contra el Alavés y se las prometía muy felices porque antes –27 de enero– salió en la segunda parte contra el Espanyol –por Vinicius– y marcó un gol cuando sólo llevaba dos minutos en el campo. Su mosqueo empieza a convertirse en un enfado volcánico cuando es suplente en el Camp Nou, en la ida de las semifinales de la Copa del Rey contra el Barcelona, y en el derbi contra el Atleti en el Wanda Metropolitano. En éste último partido estalla y celebra un gol con un corte de mangas del que se sospecha que no sólo tiene de destinatario a la grada. Es una protesta para que se den por aludidos más personas por haber sido suplente.

La cosa empeora en el siguiente partido. Contra el Ajax de Ámsterdam en la ida de los octavos de la Champions es titular y se coge un monumental cabreo cuando Solari decide que es el primer cambio. Le quita –en el minuto 60– para sacar a Lucas Vázquez y la reacción del equipo fue notablemente mejor. Ganó un partido después de sufrir en una malísima primera parte. Encontró el equilibrio con el cambio del español por el galés. Bale abandonó Holanda mosqueado. Un mal gesto como el que protagonizó en el Wanda Metropolitano. No sólo por el corte de mangas sino porque fue el único que no se quedó a celebrar la victoria en el césped con los aficionados madridistas que estaban en las gradas del estadio rojiblanco.

La gota que colmó el vaso de la indignación y frustración que lleva por dentro el galés fue el partido contra el Girona en el Bernabéu. Otra vez suplente. No le gustó nada que Solari sacara de primer cambio a Vinicius –entró por Lucas Vázquez– y él saliera después. Su actitud en los minutos que jugó fue errática. No aportó nada como revulsivo.

Contra el Levante –el partido en el que escenificó su rebeldía por el feo a Lucas Vázquez– estuvo remolón y pasota cuando le mandaron calentar a la banda y se metió por su cuenta en el banquillo para hacerse el despistado. Se negó a hacer los ejercicios de calentamienrto. No hizo caso al preparador físico Antonio Pintus. Un acto de desobediencia grave. Solari sacó antes a Fede Valverde y el galés se enfurruñó. Un cúmulo de causas que ponen de manifiesto una situación insostenible con un jugador que peca de egoísta. A lo que hay que añadir el feo capítulo de irse del estadio Santiago Bernabéu antes de acabar el partido contra la Real Sociedad. Un encuentro que su equipo perdió y él estaba lesionado.

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