solo le queda la espina de la champions

El giro que dio Simeone para que un partido especial se convirtiese en uno competitivo

El derbi nunca dejó de tener gracia, pero tuvo que llegar Simeone para que el Atlético lo compitiese. Solari, amigo del Cholo, debuta como técnico en un partido que conoció en los dos lados

Foto: Simeoen, en un partido reciente. (Reuters)
Simeoen, en un partido reciente. (Reuters)

"Pues no pasa nada, es un partido más". Si escucha usted esta frase estos días en Madrid, las opciones son escasas. Puede ser una madre o un padre consolando a un hijo sin saber del todo de qué va la vaina. También un aficionado, muy probablemente madridista, tratando de hacer rabiar a un rival del otro lado de la calle. En el último y menos probable caso, usted está en la rueda de prensa de un entrenador, contando que todos los partidos son iguales, que tres puntos son tres puntos aquí y en Lima y que si hay algo más detrás de todo esto él no se ha dado cuenta.

Mentira, claro. Y más todavía ahora, pero no importa, porque los entrenadores no tienen ningún compromiso con la verdad. Deben intentar ser verosímiles, eso sí, porque cuando se exceden queda un poco ridículo. "Me pone ganar todos los partidos que se me ponen por delante, siempre", decía Simeone en su rueda de prensa. Y sí, claro, sí, siempre quiere ganar cada partido y demás, pero homologar este con los demás, como si perteneciesen a la misma categoría, no funciona. El Cholo, que es un genio de todo lo que va asociado al fútbol, desde el calor de la grada al olor de la hierba, y además es argentino, sabe tan bien como el resto que este encuentro, para el Atlético, tiene muy poco de "uno más".

También lo sabe Solari, aunque en su caso aún puede decir que se le ha emparedado el derbi entre clásicos y eso, de algún modo, desdibuja la historia. Cuando todos los días son de fiesta, la fiesta se convierte en rutina. El entrenador del Real Madrid también debe tener claro lo que supone esto, aunque solo sea porque su vida blanca tiene un pasado del Atlético de Madrid, el club que le trajo a Europa y del que salió camino del eterno rival cuando descendió. Porque eso ocurrió. El Atlético, no hace tantos años, tuvo una temporada tan tan mala que terminó en segunda, un purgatorio de dos temporadas en la categoría de plata del que él se salvó al ser reclamado por el Madrid.

Solari aterrizó en España en un momento en el que el derbi era importante, pero no igualado. En realidad, él sí que ganó al Madrid en aquel año del descenso, pero justamente esa victoria luego se convirtió en un hito, porque año tras año el rival más fuerte era el Madrid. Eran tiempos de escarnio, de pancartas faltonas que pedían rivales dignos para derbis locales. La tensión ambiental y el cachondeo, dos muestras obvias de un partido grande, seguían ahí, pero la diferencia futbolística era bastante grande. Enorme incluso.

Se recuerdan de aquellos tiempos, como grandes momentos épicos, cosas como un golazo de falta de Albertini que solo sirvió para empatar. Eran días en los que el empate era una victoria, una manera de quitar dos puntos al Madrid y sacar pecho. Entonces, después de esa travesía, llegó Simeone. Más importante todavía, llegó Simeone y el equipo se puso a la altura futbolística de su rival.

Plantillas equivalentes

Hasta el punto de consguir que la pregunta mágica "¿quién manda en la capital?" pueda llegar a tener sentido. Un partido que se repite una y otra vez y que tiene ya una estadística suficiente para entenderlo como algo nivelado. En el tiempo de Simeone en el Atlético hay nueve victorias del Atlético, diez del Madrid y nueve empates más. O, lo que es lo mismo, algo muy parecido a un equilibrio casi pleno. Son 34 goles a favor de los rojiblancos por 43 del Madrid, una pequeña prueba de que para ganar Simeone no necesita ser muy contundente.

La estadística es, en todo caso, poco más que una perspectiva. Los derbis, por naturaleza, tienen mucho más que números, algunos son rosas y otros solo espinas, y otorgarle a todos el mismo peso específico es engañarse. Este es el momento de la historia en el que el derbi ha encontrado las cotas más altas. Hay dos finales de la Champions que así lo atestiguan, y es Madrid la única ciudad que puede sacar pecho y decir que sus dos equipos se enfrentaron en un partido así. En ambos casos Simeone perdió la partida entre llantos, porque no solo fueron dos derrotas, es que lo fueron rasgando el alma de los colchonero, con un gol 'in extremis' de Sergio Ramos –uno de los goles más célebres de la historia reciente– y una tanda de penaltis en Milán.

Pero antes de tomar una conclusión acelerada, que podría ser que al Cholo le tiembla la mano cuando la noche es de campanillas, hay que valorar otros partidos en los que la pajita más corta la sacó el Madrid. La final de Copa de 2013, por ejemplo, un partido extraño que terminó venciendo el Atlético. Ahí cortó una hemorragia de muchos años perdiendo. Y también el signo de la quiniela, que dejó de estar claro. Los tres primeros enfrentamientos de Simeone contra el Madrid habían terminado en victoria blanca. Pero desde ahí hasta ahora, cambio importante, el Atlético ganó esa Copa del Rey, la Supercopa de España y, esta misma temporada, la de Europa.

Es verdad que el Madrid siempre se impuso en Champions, lo cual no deja de ser una representación del resto del fútbol. El Atlético de estos años es más regular, más capaz en los días de diario, mientras que los de Concha Espina son prácticamente infalibles en Champions. Ha cambiado la película, hoy el jugador que más cobra juega en el Atlético y el entrenador con más galones es Simeone. El salto presupuestario, que existe, no tiene una traslación tan clara en las plantillas, que llevan tiempo igualadas y compitiendo por objetivos similares.

Simeone y Solari se conocen, incluso se podría decir que son amigos. El Cholo le entrenó en su última fase como jugador, ambos compartieron en Madrid cenas semanales de exilio voluntario en las que se daba rienda suelta al recuerdo de la patria dejada atrás. Es el primer derbi para Solari y el 28º para el Cholo. Y no, no es un partido más.

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