de él no se podía esperar otra cosa

Lo lógico es que Ernesto Valverde no sepa aún si seguirá en el Barcelona

"No sé qué haré la próxima temporada. En esto del fútbol, quién lo sabe", dijo Valverde en una entrevista a Barça TV. Palabras que no sorprenden a quien conoce al técnico azulgrana

Foto: Ernesto Valverde conoce el Barcelona y no asegura su continuidad la próxima temporada. (Foto: FC Barcelona)
Ernesto Valverde conoce el Barcelona y no asegura su continuidad la próxima temporada. (Foto: FC Barcelona)

Hay un calificativo que se repite siempre cuando se habla de Ernesto Valverde. Lo utilizan los que le tratan cada día y los que le conocen poco, pero analizan sus decisiones diarias. Los que son del Barcelona y los que no. Los que le conocieron ya como entrenador en el Athletic, el Espanyol y el Valencia en la Liga y los que le recuerdan como jugador: es un tipo sensato. Por ello, sus declaraciones a Barça TV afirmando que no sabía lo que iba a ser de él la temporada que viene no deberían haber extrañado a nadie. Es pura sensatez, pero han comenzado ya los debates sobre las dudas del técnico para continuar en la entidad azulgrana. Como si no fuera lo más lógico.

Valverde no se mueve por el qué dirán y nunca ha sido populista. Lo fácil, y más teniendo en cuenta que estaba hablando para los medios del club, habría sido decir que está encantado de la vida y que el próximo año espera cumplir un contrato que tiene firmado salvo que una de las dos partes diga lo contrario. No aseguró tampoco lo contrario, que sea desdichado ni que tenga ya la decisión tomada de marcharse, sino que haciendo gala de la prudencia que tanto le alaban argumentó.

"No sé qué haré la próxima temporada. En esto del fútbol, quién lo sabe", dijo. "Todos sabemos cómo son las cosas. No pienso nunca en largo o larguísimo plazo. Para nosotros, dos meses son larguísimo plazo. Si ganas un partido, todo el mundo está contento; si lo pierdes, todos te están mirando. Yo lo que quiero es que todos estén satisfechos con el trabajo. Pero no nos vamos a engañar. Si no ganas la Liga, todo el mundo mira al entrenador porque está marcado así. Intento cumplir los objetivos y, claro, como nos queda tanto, pues vamos a verlo".

Messi marcó a principio de temporada el objetivo del curso: la Champions. (Reuters)
Messi marcó a principio de temporada el objetivo del curso: la Champions. (Reuters)

La obsesión de la Champions

El Barça ha ganado una de las últimas siete Champions, y encima ha sido testigo de cómo el máximo rival conseguía tres consecutivas. El máximo trofeo continental se ha convertido en una obsesión, un objetivo prioritario. El propio Messi lo dejó claro en su discurso en verano en el Gamper en el que admitió delante de su afición que les debían una y se refirió a la Champions como "esa Copa tan linda y deseada". La cuestión es que ganarla tiene tanto que ver con el fútbol como con la suerte en momentos decisivos, y no hay una fórmula mágica que te asegure que la fortuna estará de tu parte.

En su primera temporada como entrenador azulgrana, Valverde logró el doblete, pero cayó de manera estrepitosa ante la Roma en cuartos. Fue tal el descalabro que el mismo día que se disputaba la final de la Copa del Rey desayunó leyendo un artículo en ‘Mundo Deportivo’ en el que se ponía en entredicho su futuro. Él supo que la información provenía del mismísimo presidente en una charla que había mantenido con algunos periodistas y, después del lógico cabreo, entendió que en el Barça el asunto funcionaba así. El todo o la nada. El rey o un mendigo. Así que ahora, recién comenzado el mes de enero, se cura en salud y no da por segura su continuidad porque es muy consciente de que cualquier tropiezo le hará volver a estar en la picota. Ya no es que él quiera o no seguir, sino que el club podría hacer valer la cláusula de rescisión de contrato que ya está estipulada y darle puerta.

Un banquillo que quema

Guardiola estuvo cuatro temporadas y en la última las pasó canutas. Luis Enrique tres y en la última también dio muestras de agotamiento. Y ahora es Valverde quien, después de temporada y media, admite que no sabe si seguirá. El desgaste físico y emocional de estar en el banquillo del Barça, o de cualquier grande, es evidente. La presión es diaria y las expectativas máximas.

Que se sepa, Valverde no tiene problemas con ninguno de los pesos pesados de la plantilla. Al contrario, mantiene una relación correcta basada en el respeto mutuo y no ha tenido ningún problema que no haya resuelto con paciencia y mano izquierda. El más público y publicitado ha sido con Dembélé, cuyos continuos retrasos dieron que pensar que era un caso perdido. El técnico llegó a dejarle fuera de la convocatoria en el partido ante el Betis, pero no alargó el castigo, volvió a alinearle y el francés dio su mejor versión en los últimos encuentros del año. Primero en la Liga, primero de grupo en la Champions y en octavos de la Copa del Rey, no hay ningún nubarrón a la vista, pero acabamos de estrenar enero y nada está visto para sentencia.

Lo raro, lo que no tendría ningún sentido siendo Valverde un tipo sensato como es, habría sido que asegurara ya, ahora, su continuidad en el Barça. Porque además sabe que tampoco depende únicamente de él. Es trabajo del club el tener un plan b ya en marcha; el del técnico está en preparar el próximo partido ante el Getafe. Y lo demás, un debate estéril.

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