El City gana 2-1 al Liverpool

Pep Guardiola escoge el victimismo y se ayuda de la suerte para dar vida a la Premier

En la rueda de prensa previa presentó al City como una víctima del sistema, pero en el terreno de juego se vio que tiene calidad para reducir a cualquier rival y también algo de suerte

Foto: Guardiola se encara con el árbitro en el partido. (Reuters)
Guardiola se encara con el árbitro en el partido. (Reuters)

Pep Guardiola ha parado la sangría que vivía su equipo en las últimas semanas. El City acertó el día en el que más necesitaba acertar, cuando jugaba contra el Liverpool, un equipo al que una victoria hubiese puesto con diez puntos de ventaja y una posición envidiable para llevarse la Premier. Ahora son solo cuatro y la perspectiva es más abierta. Pudieron dar un estacazo al campeonato, pero se fueron del Etihad derrotados, no por falta de oportunidades sino porque en ocasiones no sirve con agitar la batidora para que el resultado sea el correcto.

Era un partido tenso, y si no se lo creen miren la rueda de prensa de Guardiola en el día previo al partido. "No dan un duro por nosotros", decía el catalán en un acto de cinismo bastante evidente. Es una frase que no debería decir nunca un campeón de Premier que el año pasado batió récords. Desde luego no Guardiola, que es claramente un ganador y que vio desde el principio del año como eran favoritos en las apuestas.

Pero, por encima de todo, y echando mano de la literalidad, no debería decirlo el que gestiona una cantidad desorbitada de duros. Porque si nadie da un duro por ellos ¿qué hace el fondo soberano de Abu Dabi poniendo cada temporada cientos de millones en fichajes y salarios? ¿Cómo se explica que la UEFA mirase para otro lado cuando su club tenía que ser sancionado por saltarse las normas financieras? ¿O que su director contable mandase emails para explicar las sucesivas trampas que se hacen para que el club no de positivo en el evidente dopaje económico que tienen?

Se explica desde la falsedad, no solo no es cierto que nadie de un duro por ellos sino que están en una posición de ventaja con el resto de clubes del mundo, una que además traspasa las normas de la legalidad según se ha podido saber por diversas filtraciones. No importa, claro, porque la realidad no deja de ser plastilina para muchos entrenadores, que moldean y cincelan a su libre entender, que a veces se hacen las víctimas sin quitarse siquiera el traje de verdugo. Guardiola es un privilegiado, ha tenido una carrera buenísima, es un innovador en el banquillo y tiene a su disposición una plantilla ridículamente talentosa. Es capaz de gastarse millones cada años en fichajes de laterales y terminar poniendo a Laporte como carrilero izquierdo. Claro que el francés tampoco fue precisamente barato.

Ese dinero, ese duro que nadie parece dar, sirve para tener a Leroy Sane, un superclase, capaz de tirar por la banda y resolver las jugadas como el segundo gol cityzen, con la frialdad de un espía de la KGB. O más todavía, al Kun Agüero, que ha marcado gol al Liverpool en todas y cada una de las ocasiones que el equipo 'red' visitó al Etihad y el estaba presente, siete en total. En el primer gol, sensacional, recibió, se revolvió a toda velocidad e inventó un zurdazo tremendo que pasó junto al brazo derecho de Alisson. Porque es muy bueno, la mayor parte de los delanteros del mundo se hubiesen tropezado.

La pizca de suerte

Tener mucho dinero es tener muy buenos jugadores, y con esa posición de partida la vida es bastante más sencilla. Luego está la suerte, que no se compra pero a veces aparece, y en este caso estuvo claramente del lado del equipo mancuniano. Para muestra, un botón.

Porque, efectivamente, ese balón no rebasó del todo la línea de gol, la Premier tiene la tecnología suficiente para saber eso. No hay ningún reproche en esa línea, pero la fortuna es evidente. Un mínimo aire, que el toque previo fuese ligerísimamente más potente... pues eso, cualquier cosa. Es más, si se ve la jugada se entiende que la suerte fue todavía mayor, pues fue una concatenación de acciones e imprecisiones, con palo previo incluido, que bien podrían haber sido gol para los visitantes. No llegó y solo unos minutos después Agüero dio la enésima muestra de que es un jugadorazo.

La Premier, una competición sensacional, es divertida cada semana. Esta vez también ha tenido algo de suerte, pues poner diez puntos entre el líder y el segundo no era plato de buen gusto para el espectáculo. El Liverpool, por si alguien lo duda, también es un equipazo, aunque no está de más poner en perspectiva lo que está haciendo Klopp. Cuando llegó dijo que quería ganar títulos, pero se suponía que hablaba de las copas, algo más probable para un equipo que presupuestariamente está por debajo de los gigantes de Mánchester. No es que no tenga dinero, el año pasado pusieron casi 90 millones por Van Dijk, pero también se enfrenta a salidas indeseadas, como pudo ser la de Coutinho. Un equipo competitivo, pero por debajo de aquellos que tienen el grifo siempre abierto.

El caso es que, con eso, Klopp ha hecho un equipazo. Con estrellas mundiales como Salah, obviamente, pero también con jugadores que en el Manchester City se quedarían en la grada, como puede ser Wijnaldum, una de las piezas claves para el alemán. También con aciertos importantes en los jóvenes, como con los laterales Andy Robertson (9 millones) o Alexander-Arnold (canterano), infinitamente más baratos que el chorro de dinero que se ha gastado el City en los últimos años en esas mismas posiciones.

El City ganó y ahora Guardiola puede rebajar de nuevo su retórica y volver a parecer el señor tranquilo y ultracontrolador que le sale con naturalidad. No es, que nadie se engañe, que pierda los nervios de vez en cuando, es más bien que a veces siente que tiene que ejercer de histrión para cumplir con propiedad su función. La sala de prensa como trinchera, un lugar en el que colocar mensajes aunque algunos de ellos se peguen de bruces con la más simple de las lógicas.

Cuatro puntos por debajo del Liverpool -aunque con una bola de partido salvada-, Pep tiene ahora un doble reto el primero tratar de recortar el déficit contra un equipo que es muy brillante, el de Klopp, que tiene fortalezas enormes y disimula muy bien sus carencias. Por otro, la Champions, lo de siempre, a ver si es capaz de ganar una sin Messi. Calidad tiene para la empresa, el City es un equipo colosal, con estrellas en todas las líneas. Cualquiera que haga un análisis en frío por ese equipo, dará un duro por él.

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