el madrid se enfrenta al al ain a las 17.30

Gareth Bale o el caos: el goleador del Real Madrid es también su mayor enigma

Gareth Bale es tan capaz de pasarse meses en el dique seco como de marcar goles de bandera en los partidos más importantes. En la final del Mundial de Clubes tiene máxima responsabilidad

Foto: Bale y Solari se saludan tras el 'hat trick' del galés en semifinales. (Reuters)
Bale y Solari se saludan tras el 'hat trick' del galés en semifinales. (Reuters)

Es imagen típica de película, el protagonista cruza un folio con una línea longitudinal. A un lado, los motivos por los que es conveniente seguir adelante; al otro, todos aquellos puntos por los que la razón pide salir corriendo. El papel de Florentino para Gareth Bale está atiborrado de frases, palabras escritas en diferentes tintas con términos que a veces tienen sentido y otras muchas no. En la misma página, una catarata de argumentos y contraargumentos que daría para semanas de debate.

Bale es quebradizo, Bale es indolente. Bale es rápido como un rayo y tiene un disparo poderoso. Bale no se adapta ni parece que le importe demasiado. Bale marca goles espectaculares, con frecuencia en los días más calientes. Bale no tiene fundamentos tácticos, pero en carrera es un purasangre. Bale costó un dineral, y se puede vender por otro. Bale ha sido parte importante de un Madrid exitoso. ¿Tan importante como debió ser? igual no. ¿Relevante? Sin duda.

Cuando la balanza está equilibrada solo cuestiones subjetivas son capaces de hacerla tirar de un lado al otro. En ese cajón de sastre se pueden volcar todas las expectativas, los comentarios, los gustos personales, las afinidades por un equipo u otro... Bale es un lienzo en blanco cargado de pasado, pero en el que el observador puede descargar sus propios instintos hasta llegar a una valoración.

Entre las cuestiones obvias, las más claras, está que Gareth Bale es una pieza importante en este Real Madrid. Con la conformación de la plantilla actual, el galés es uno de los pocos que puede aportar la más esencial de las cuestiones del fútbol: el gol. Todas las demás artes de este deporte se articulan alrededor de eso. Los defensas para evitarlos, los mediocampistas para conformar un juego que termine en ocasiones, los porteros para detenerlos... todos, por más horas de teorización del fútbol que se pongan por el camino, tienen al final el objetivo básico, que es ganar, y que acorde a la reglamentación actual se consigue marcando más goles que los que logre el rival.

Bale como única solución

Se vuelve en este punto al sorprendentemente frío verano blanco. Se marchó Cristiano Ronaldo, con las dosis de drama que el luso impone siempre en sus movimientos, y desde el club de la Castellana dio la sensación de que ni mandaron un par de whatsapps para reconfigurar el ataque. En tiempos de contención económica, Florentino prefirió mandar el mensaje de que con lo que había estaba bien que buscar en el mercado más allá de Mariano, un hombre de la casa que en el mejor de los casos podía pasar como complemento, nunca como solución total.

Así que Bale, con ya cinco años de servicio en el Real Madrid, se convirtió de repente en el goleador del equipo. A nadie se le ocurriría ponerle esa vitola al delantero, Benzema. Es cierto que, observado en espacios cortos, puede ser. Hay partidos en los que se sale, encuentra las galopadas y marca buenos goles. Suele terminar las temporadas con estadísticas buenas, notables incluso. Sus ratos de brillo los descompensa con meses de infortunio, esas lesiones encadenadas que son un lastre para él y para el equipo. No se puede confiar en Bale desde el momento en el que no se puede confiar en la mera presencia de Bale.

Ahora bien, en pequeñas dosis, si la cámara abandona la vista general y se fija en el detalle de un solo momento, Bale puede ser excepcional. A unos niveles que pocos más pueden serlo. Es el que superó a Bartra como un obús para marcar gol al Barcelona y llevarse así una Copa del Rey. Una carrera que le sacó del campo incluso en la que mezcló inmensa fe y potencia máxima. Es también quien en la última final de Champions se clavó en la frontal del área y despegó para hacer una chilena tremenda, en el único gol blanco en el que Karius solo pudo aplaudir. En Lisboa, el gol fue el de Ramos, sí; pero al reanudarse el partido, cuando todo seguía empatado, él dio el cabezazo en el segundo palo que dejó claro que esa noche la celebración era blanca.

Lo que se juega en Emiratos

Lo que ocurra en Abu Dabi nunca llegará a la luminosidad de las ocasiones previamente referenciadas. En el fútbol el contexto es clave. Marcar una chilena increíble en medio del desierto en diciembre, cuanto hasta el mayor ultra está pensando en polvorones y renos, o lo que quiera que piense cada uno en la Navidad, no es lo mismo que hacerlo en un estadio europeo con el palco lleno de autoridades en la final de la Champions. Así que los goles que marque contra el Al Ain, un equipo al que se va descubriendo poco a poco en este mundialito, no llegarán nunca al fuste de otros pretéritos en su carrera.

En todo caso, Bale necesita esos goles, como el Real Madrid también necesita este título. Tiene algo de trampa este torneo, es impepinable el fracaso si se pierde y solo medianamente satisfactorio si se gana. Bien, porque es una victoria y un título oficial, pero nunca del rango de los más deseados. Algunos, los de fuera, cargarán un poco más y dirán que su valor es cercano a cero. Mienten, de nuevo es cosa del contexto, que lleva al observador a minusvalorar lo que no es propio. No vale una guerra, pero sí tiene su peso.

Las cargas que tiene Gareth Bale se incrementan todavía más cuando se sabe que Marco Asensio estará un mes de baja. No es que el mallorquín esté teniendo un año para cubrir las carencias de los demás, más bien al contrario, pero su ausencia reduce todavía más la nómina de jugadores capaces de, en un momento dado, marcar un gol importante. Es un exceso decir Bale o el caos, pero vistas las semifinales, y recordando sus mejores momentos, cabe pensar que contra el Al Ain él es el primer responsable del gol. La clave de todo esto.

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