el real madrid pasa a la final del mundial de clubes

El atracón de Bale en el Real Madrid-Kashima: ¿por qué no juega así siempre?

Bale hizo tres goles al Kashima Antlers que clasifican al Real Madrid para la final del Mundial de Clubes. Apareció la pegada del galés que tanto necesita para aspirar a los títulos

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El Real Madrid tiene, de vez en cuando, un futbolista que decide ser la estrella del equipo. Con Bale, cuando está entonado y no le duele ni un pelo de una ceja, se puede contar para partidos decisivos. El del Kashima (1-3) lo era porque, aunque el rival japonés tiene un nivel muy inferior a los blancos, en juego estaba el pase a la final del Mundial de Clubes. La presión por no cometer un error que pudiera llevar al fracaso atenazó a los de Solari hasta que Bale tiró de zancada y pegada. Emergió el mejor Bale. Con todo su desparpajo y liderazgo. Hizo lo que se le pide al que se quedó como máximo responsable de llenar el inmenso hueco que ha dejado Cristiano Ronaldo. Intimidar y marcar goles. A los japoneses les hizo tres y el Madrid tiene billete para jugar el sábado la final contra el Al-Ain.

La mordiente de Bale tiene que ser uno de los patrimonios que debe recuperar el Real Madrid si quiere aspirar a ganar títulos esta temporada. No se trata de que aparezca y desaparezca en un equipo que no tiene un goleador definido. Unas veces sorprende Benzema, haciendo un doblete, como contra el Viktoria Plzen y Celta —esto fue el 7 y 11 de noviembre—, y pasadas muchas fechas se enchufa el galés. Para ser un equipo fiable hay que ser sólido atrás y hacer destrozos arriba. Con regularidad. Sin intermitencias. Bale y Benzema las tienen y es en lo que se les exige dar un paso adelante.

El galés apareció —para gozo de Solari, que celebró los goles eufórico— contra el combativo Kashima Antlers en un día de espesura de sus compañeros. Los japoneses entraron al partido con más ritmo, velocidad y personalidad. Sin respeto al campeón de Europa. Con la valentía de plantarse ante Courtois y provocar que el portero belga volviera a ser el salvador en un mano a mano. Estaba el Madrid inseguro y bajo de confianza. No había fluidez en la creación de juego, que corresponde a Modric y Kroos, y Marcos Llorente achicaba agua en los desajustes por los dos costados y el centro de la defensa. De lo horroroso no se contagió Bale. Tuvo uno de esos días en los que hizo exhibición de su poderío físico. Con esa potente zancada, hizo surcos por el carril izquierdo —la posición ideal— para hacer el primer gol tras un buen pase de Marcelo, un segundo aprovechando un regalo de la defensa y un tercero en el que soltó un zambombazo.

El juego no mejora

El Real Madrid cumplió el expediente. No fue sencillo, pese al marcador. A los japoneses les dio tiempo de hacer un gol. Le falta al equipo de Solari ganar y convencer. Conviene que mejore y perfeccione el estilo para que sea más atractivo y solvente, porque durante largas fases de los partidos carece de agresividad y sufre con demasiada facilidad. Los japoneses lo tutearon. Como lo han hecho anteriormente el Huesca, CSKA de Moscú y el Rayo Vallecano. El objetivo de estar en la final del Mundial de Clubes se ha cumplido, y era lo más importante para intentar cerrar el año con un nuevo título.

En el Madrid pueden ser optimistas, a corto plazo, si gana el cuarto Mundial de Clubes. Pueden ser pesimistas si en lugar del Kashima hubiera estado enfrente el Ajax de Ámsterdam —rival en los octavos de la Champions—, por ser un equipo que sobre el papel es inferior a los blancos pero que tiene argumentos futbolísticos más interesantes que este Real Madrid. Pero hasta que llegue la cita queda tiempo. Será a mediados de febrero. De momento, el Madrid sobrevive gracias a Courtois y cuando aparece el mejor Bale crece la sensación de alcanzar el éxito. Debería hacerlo todos los días y no a cuentagotas.

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